Se compra una Yamaha Tracer y le viene una avería de casi 500 euros: "Las japonesas también se rompen"

Yamaha Tracer 900
Yamaha Tracer 900

Durante años, el mantra ha sido el mismo: “las japonesas no se rompen”, “las japonesas nunca dan avería”, “las japonesas nunca pisan un taller si no es para hacer el mantenimiento”. Una frase repetida hasta la saciedad en foros, grupos y comentarios que ha construido una reputación casi intocable alrededor de las marcas niponas.

Pero la realidad, a veces, desmonta mitos.

Eso es precisamente lo que ha contado el canal de YouTube Kira Moto tras sufrir una avería inesperada con su Yamaha Tracer. Una moto japonesa, teóricamente sinónimo de fiabilidad absoluta, que estuvo a punto de terminar en grúa por un problema serio de temperatura.

El susto: olor raro y luz roja encendida

Todo comenzó durante una grabación. El piloto empezó a notar algo extraño: olor raro, calor excesivo en el lado derecho y, de repente, el temido testigo rojo en el cuadro.

La temperatura subía sin control. 115, 116 grados… y el riesgo de una avería mayor cada vez más cerca. La moto tenía aceite, tenía refrigerante, aparentemente todo estaba correcto. Pero algo fallaba.

Finalmente logró llegar al taller oficial sin necesidad de asistencia en carretera. El diagnóstico fue claro: el electroventilador no funcionaba.

El culpable: el electroventilador bloqueado

En el concesionario detectaron que el ventilador del radiador estaba atascado y excesivamente sucio. Lo limpiaron y lo engrasaron, pero el problema persistía: se quedaba bloqueado y no giraba correctamente.

La solución fue sustituir la pieza. Precio aproximado de la reparación: más de 450 euros, sin contar mano de obra.

Una avería que, sin ser catastrófica, sí puede considerarse costosa. Y que rompe con esa idea de que determinadas motos son prácticamente indestructibles.

La clave no es que se rompa… sino cómo responde la marca

Aquí es donde Kira Moto pone el foco. Porque el debate no debería girar tanto en torno a si una moto se avería o no —todas pueden hacerlo—, sino en cómo responde la marca cuando ocurre.

En este caso, Yamaha se hizo cargo íntegramente de la reparación dentro de la garantía. Sin discusiones, sin excusas y sin costes para el propietario.

Y ese, según el creador, es el verdadero punto diferencial.

Hoy en día, tanto marcas japonesas como europeas —BMW Motorrad, KTM, Ducati, Aprilia, e incluso Honda— han registrado incidencias puntuales en distintos modelos. La electrónica, cada vez más presente, multiplica los posibles puntos de fallo.

La diferencia real está en la gestión postventa.

El mito de la fiabilidad absoluta

El mensaje que deja el vídeo es claro: ninguna moto es perfecta. Las motos actuales incorporan más electrónica, más sensores y más sistemas avanzados que nunca. Y eso, inevitablemente, aumenta la probabilidad de que algo falle.

La idea de que “las japonesas no se rompen” pertenece más al terreno del mito que al de la realidad actual. Lo que sí parece mantenerse es la importancia de contar con un concesionario serio y una marca que respalde al cliente cuando surgen problemas.

Porque, como señala el creador, pasar tres semanas sin moto no es agradable. Pero salir del taller sin pagar la reparación cambia completamente la experiencia.

Comprar con la cabeza… y con el corazón

La conclusión es directa: en lugar de obsesionarse con listas interminables de posibles averías en foros, quizá tenga más sentido informarse sobre cómo responde la marca en garantía y qué reputación tiene el concesionario.

Todas pueden fallar. Lo importante es que te lo solucionen.

Mientras tanto, la Tracer vuelve a estar en marcha, con electroventilador nuevo y lista para seguir sumando kilómetros. Y con una lección clara: la fiabilidad no es cuestión de nacionalidad, sino de cómo se afrontan los problemas cuando aparecen.