Ya puedes comprar la primera moto con batería sólida, pero vale una pasta: "600 km de autonomía cargados en 10 minutos"
El sector de la moto eléctrica acaba de cruzar una frontera que hasta ahora parecía reservada a los laboratorios y a los prototipos. Verge Motorcycles ha puesto a la venta la primera motocicleta de producción del mundo con batería de estado sólido, una tecnología largamente prometida que, por primera vez, llega al mercado real con cifras de hasta 600 kilómetros de autonomía y recargas ultrarrápidas en apenas 10 minutos. Eso sí, el avance no es precisamente barato.
Un salto tecnológico que no viene de un gigante industrial
La novedad no solo está en la tecnología, sino en quién la ha desarrollado. Lejos de grandes conglomerados automovilísticos, la batería ha sido creada por Donut Lab, empresa hermana de Verge con centros de trabajo en Europa, incluido Reino Unido. El resultado es una moto eléctrica que abandona definitivamente las baterías de iones de litio convencionales para apostar por electrolito sólido, un cambio que afecta a autonomía, seguridad y durabilidad.
Dos baterías de estado sólido y tres versiones disponibles
La gama se articula en torno a los modelos Verge TS Pro y Verge TS Ultra, además de una California Edition. Todos pueden montar, según versión, uno de los dos paquetes de baterías de estado sólido disponibles.
La opción de acceso ofrece 20,2 kWh de capacidad, admite cargas de hasta 100 kW en corriente continua y, según la marca, permite recuperar hasta 200 km de autonomía en solo 10 minutos. La autonomía total declarada alcanza 350 kilómetros por carga.
Por encima se sitúa la batería de 33,3 kWh, capaz de aceptar potencias de carga de hasta 200 kW. En este caso, Verge asegura que se pueden añadir unos 300 kilómetros en 10 minutos y alcanzar hasta 600 kilómetros de autonomía máxima, siempre en condiciones de uso urbano estimado. Este paquete es obligatorio en la Verge TS Ultra y opcional en la TS Pro y la California Edition.
Más seguridad y mejor gestión térmica
El uso de un electrolito sólido elimina los líquidos inflamables presentes en las baterías tradicionales, reduciendo de forma significativa el riesgo de incendio y mejorando la estabilidad térmica, uno de los grandes retos de la electrificación.
Además, Verge abandona las celdas cilíndricas habituales y adopta placas planas rectangulares, lo que permite una mayor densidad energética, mejor aprovechamiento del espacio y un sistema de refrigeración más eficiente, con placas intercaladas y aletas externas.
Una moto diferente también en su arquitectura
Las Verge TS Pro y TS Ultra mantienen uno de los rasgos más llamativos del mercado: la rueda trasera sin buje, que integra directamente el motor eléctrico Donut Motor 2.0 en el aro.
Este sistema totalmente electromagnético elimina transmisión convencional, radios y elementos intermedios, reduciendo complejidad mecánica y peso. El conjunto ronda los 21 kilos y se fija directamente al basculante, una solución única en el sector de las motocicletas de producción.
En cuanto a prestaciones, la TS Pro desarrolla 136 CV, mientras que la TS Ultra alcanza los 200 CV, cifras que la sitúan claramente en el terreno de las naked eléctricas de altas prestaciones.
Precios elevados y entregas en 2026
La tecnología tiene un precio. La Verge TS Pro parte de 37.179 euros con la batería de 350 km, y sube a 39.179 euros con el paquete de 600 km. La California Edition añade un sobrecoste de 1.200 euros.
Por su parte, la Verge TS Ultra, más potente y asociada en todo caso a la batería grande, asciende a 55.329 euros. Según la marca, las primeras entregas están previstas para el primer trimestre de 2026.
Un antes y un después para la moto eléctrica
Verge reconoce que el aprovechamiento real de esta tecnología dependerá de la disponibilidad de cargadores capaces de ofrecer potencias tan elevadas, algo que aún no está plenamente extendido. Aun así, el anuncio marca un punto de inflexión.
La llegada de las baterías de estado sólido a una moto de producción abre la puerta a una nueva generación de vehículos eléctricos más seguros, mucho más rápidos de recargar y con autonomías comparables —o incluso superiores— a las de combustión. Un paso histórico… reservado, por ahora, a bolsillos muy acomodados.