Un taller oficial de Ducati le cobra 26 euros por poner un tornillo: "Qué genialidad"
La experiencia en un taller oficial suele ser determinante para fidelizar a un cliente, especialmente cuando se trata de una primera visita. Sin embargo, no siempre esa primera impresión juega a favor de la marca. Es lo que denuncia un motorista tras acudir por primera vez a un taller oficial de Ducati en Málaga, donde una intervención aparentemente sencilla acabó convirtiéndose en motivo de queja.
Según relata el afectado, el motivo de su visita fue mínimo: la colocación de un tornillo. La sorpresa llegó al recibir la factura. El desglose incluía 5 euros por el tornillo y 21 euros por la mano de obra, lo que elevó el total a 26 euros por una operación realizada “a ojo”, sin el uso de llave dinamométrica, algo que el cliente considera poco acorde al estándar técnico que se espera de un servicio oficial.
Dudas técnicas que aumentan el malestar
Más allá del importe, lo que terminó de generar incomodidad fue una observación del personal del taller sobre el nivel de aceite de la motocicleta. Según el cliente, le indicaron que faltaba aceite basándose en el indicador… con la moto apoyada sobre la patilla lateral.
Para cualquier usuario con un mínimo de experiencia, esta comprobación no resulta fiable, ya que el nivel debe revisarse con la moto completamente vertical y en condiciones concretas, algo que el cliente percibió como una apreciación poco rigurosa.
“Fue todo un poco vergonzoso”, resume el afectado, que interpreta el comentario como un intento de generar una intervención adicional innecesaria o, como mínimo, una falta de precisión técnica impropia de un concesionario oficial.
Piezas no devueltas y una confianza dañada
La situación se complicó aún más cuando el cliente tuvo que reclamar expresamente la devolución de los protectores de puños originales, que habían sido sustituidos durante la intervención y que, según explica, el taller no devolvió de forma automática.
Aunque finalmente los recuperó, este detalle reforzó su sensación de descuido y falta de transparencia en una visita que, en teoría, debía servir para ganarse su confianza como futuro cliente.
Un matiz positivo: el trato fuera del taller
No todo fue negativo en la experiencia. El propio cliente reconoce que el trato del personal de exposición y del equipo general fue correcto y amable, diferenciando claramente la atención comercial del servicio recibido en el área de taller.
Este contraste pone de relieve una realidad habitual en muchos concesionarios oficiales: una buena atención de cara al público no siempre va acompañada de una experiencia técnica satisfactoria en el servicio postventa.
Cuando un pequeño detalle tiene un gran impacto
Casos como este reflejan cómo una intervención mínima, tanto por coste como por complejidad, puede acabar teniendo un impacto negativo desproporcionado en la percepción del cliente. En un sector tan competitivo como el de las motocicletas premium, donde marcas como Ducati cuidan especialmente su imagen, la confianza en el taller oficial es clave.
Cobros que el usuario percibe como desmedidos, explicaciones técnicas discutibles o pequeños descuidos administrativos pueden ser suficientes para que un cliente decida no volver, incluso aunque la marca y el producto sigan siendo de su agrado.
Una experiencia que, según el afectado, no invita precisamente a convertir una primera visita en una relación a largo plazo.