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“Si no eres muy cuidadoso, KTM te pasa factura”: así hablan tras probar una 790 Duke

KTM 790
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La fiabilidad de la KTM 790 Duke vuelve una y otra vez a la conversación entre motoristas, y no siempre con matices. En uno de sus últimos vídeos, un usuario decide abordar el tema de forma directa mientras recorre un puerto de montaña camino de Huertezuelas, enlazando curvas y reflexiones al mismo tiempo. El planteamiento es claro desde el inicio: no pretende vender certezas absolutas, sino contar su experiencia real de uso tras convivir con la moto.

El mensaje principal es honesto y sin rodeos. El propietario reconoce que KTM arrastra fama de marca delicada, y que esa reputación no surge de la nada. En su opinión, la 790 Duke no es una moto para usuarios descuidados: exige mantenimiento riguroso, respetar los tiempos de calentamiento en frío y huir de abusos constantes como acelerones en vacío, cortes de encendido o uso extremo sin miramientos. Para él, KTM no perdona las manos poco finas, y quien no esté dispuesto a cuidar la mecánica debería mirar en otra dirección.

Dicho esto, su balance personal es positivo. En su caso concreto, no ha sufrido pérdidas de aceite, no ha detectado fallos en juntas ni problemas mecánicos graves. El único incidente reseñable ha sido una pequeña fuga en un manguito del refrigerante, algo que ya le ocurrió anteriormente con otra moto japonesa. Un ajuste mínimo en la abrazadera fue suficiente para solucionarlo, sin mayores consecuencias. Más allá de eso, su unidad ha funcionado con normalidad.

También menciona la única campaña de revisión que ha tenido su moto hasta la fecha: el reemplazo preventivo de un tornillo del chasis durante la primera revisión. Una operación sencilla, rápida y sin impacto en el uso diario. Para él, este tipo de actuaciones entran dentro de lo razonable y no empañan la experiencia general.

A partir de ahí, el discurso se vuelve más emocional. Define la KTM 790 Duke como un “cúmulo de satisfacciones”: una moto ligera, muy viva, con un equipo de frenos sobresaliente para su peso, una electrónica eficaz y un comportamiento que invita a disfrutar de cada curva una vez el motor está rodado. En carreteras reviradas, asegura que transmite sensaciones difíciles de igualar en su segmento.

Eso sí, insiste en no generalizar. Que su unidad haya salido bien no garantiza que todas lo hagan. No promete fiabilidad absoluta ni vende la moto como infalible. Su conclusión implícita es clara: la KTM 790 Duke puede ser una gran moto si se entiende lo que es y cómo hay que tratarla. La decisión final, como siempre, queda en manos del comprador y de su forma de entender el motociclismo.