“La moto que compré ya no existe”: la queja que persigue a BMW con la R 1250 GS
La BMW R 1250 GS es, para muchos motoristas, una referencia absoluta en el segmento trail. Potencia, tecnología y fiabilidad han sido siempre los pilares de un modelo que ha marcado época. Sin embargo, en los últimos años ha empezado a surgir un debate incómodo entre algunos propietarios: las actualizaciones de software aplicadas por BMW habrían reducido de forma perceptible las prestaciones del motor, especialmente en las unidades fabricadas antes de la normativa Euro 5.
Esta es la experiencia que relata el canal de YouTube BMW R 1250 GS – Mi experiencia con BMW, donde su autor expone con detalle cómo una campaña oficial de la marca terminó cambiando el carácter de su moto.
Una campaña de seguridad que lo cambió todo
Todo comienza a principios de 2023, cuando BMW comunica la existencia de un posible problema de seguridad relacionado con el cardán en las R 1250 GS, sobre todo en uso off-road. El escenario descrito por la marca es muy concreto: si la rueda trasera queda en el aire y el piloto acelera con fuerza, al volver a tocar el suelo puede producirse una frenada brusca del cardán, con riesgo de daños mecánicos graves e incluso accidente.
La solución planteada por BMW fue una actualización de software que limita electrónicamente la aceleración cuando el sistema detecta que la rueda trasera no está en contacto con el suelo. En palabras del creador del vídeo, la idea era sencilla: “si la moto detecta que la rueda está en el aire, no te permite acelerar a tope”.
La campaña se presenta como obligatoria, y además va acompañada de una revisión completa del cardán, con sustitución gratuita si se detecta cualquier anomalía. Un punto clave, porque ese componente supera los 900 euros.
La actualización es obligatoria… incluso si no la quieres
Aquí surge el primer conflicto. Según explica el propietario, si el cliente no autoriza la actualización, la moto no puede entrar al taller para ninguna otra operación, ni siquiera mantenimiento básico. De hecho, aunque el cliente deje constancia por escrito de que no desea la actualización, esta se realiza igualmente.
Tras recoger la moto, el cambio se nota de inmediato. “Primer semáforo: ralentí más bajo de lo normal”, explica. Y a partir de ahí, sensaciones extrañas que se repiten durante varios días de uso urbano.
Menos retención, menos par y peor respuesta
Cuando llega el momento de probar la moto en carretera, las dudas se confirman. El usuario describe una pérdida clara de retención, menos empuje a bajo régimen y una respuesta mucho más pobre al abrir gas de forma suave.
“Donde antes con un 20 o 25 % de gas la moto iba sobrada, ahora no reaccionaba”, explica. En curvas lentas, donde solía entrar con una marcha larga confiando en el par motor del bóxer, ahora se ve obligado a frenar más y reducir, porque la moto ya no retiene como antes.
Incluso en situaciones muy concretas, como pequeños cambios de rasante donde antes la rueda delantera se aligeraba con un simple golpe de gas, ahora eso solo ocurre subiendo mucho más de vueltas. Para él, la conclusión es clara: “la moto ha perdido par sí o sí”.
BMW no reconoce ningún problema
Tras acudir al concesionario, la respuesta es siempre la misma: la moto funciona correctamente y lo hace conforme a los parámetros actuales. En ningún momento se reconoce una pérdida de prestaciones, ni se ofrece la posibilidad de volver a una versión anterior del software, algo que BMW considera imposible.
En foros especializados, la experiencia se repite. Algunos usuarios no notan cambios, otros hablan de suspensión distinta, y un grupo reducido —pero persistente— describe exactamente el mismo problema: una R 1250 GS que ya no empuja como antes.
El papel clave del software y las versiones “capadas”
El creador del vídeo entra en un terreno más técnico al explicar las versiones de software. Según relata, las primeras versiones —identificadas por terminaciones como 680 o 041— ofrecían el mejor rendimiento. Con el tiempo, y especialmente con la llegada de versiones posteriores como la 060, muchos propietarios comenzaron a hablar directamente de “la gran capada”.
El problema, según esta teoría, afecta sobre todo a las Euro 4, que partían de un carácter más lleno y contundente. Al aplicarles un software adaptado a exigencias medioambientales más estrictas, la diferencia se vuelve muy evidente para quienes conducen habitualmente entre 2.000 y 4.000 rpm.
Una mejora posterior… que no devuelve lo perdido
BMW lanzó más adelante una nueva actualización que, según muchos usuarios, mejora el comportamiento general. La moto responde mejor, la electrónica está más afinada y la sensación es más agradable. Sin embargo, para quienes vivieron la GS 1250 en sus primeras versiones, el veredicto sigue siendo el mismo: “mejora respecto a la peor versión, pero no vuelve a ser lo que era”.
Un problema incómodo para una marca premium
El resumen del propio protagonista es contundente. BMW, una marca premium, habría provocado un problema que no reconoce oficialmente, dejando a algunos clientes con una moto que ya no responde como cuando la compraron. Las opciones son claras: adaptarse, venderla o recurrir a soluciones externas de reprogramación, con el coste y los riesgos que ello implica.
Para muchos propietarios no pasa nada. Pero para quienes eligieron la R 1250 GS precisamente por su par, su retención y su carácter a bajo régimen, el cambio ha sido suficiente como para afirmar algo tan duro como esto: “la moto que compré ya no existe”.