YAMAHA

Autonomía justa y consumo alto para una moto de largo recorrido: así es la Yamaha Niken

Yamaha Niken
Yamaha Niken

Pocas motos han generado tanta confusión existencial como la Yamaha Niken. Y pocas reviews han sabido explicarla con tanta ironía y profundidad como la del canal FortNine, que resumió el dilema en una pregunta tan simple como incómoda: “¿Qué soy?”. Porque ese ha sido siempre el gran problema de la Niken.

Desde el primer vistazo, su doble rueda delantera rompe cualquier expectativa. Parece agresiva, extraña, casi como si “tuviera un arma en la boca”, bromea FortNine. Yamaha la llamó Niken, que significa “dos espadas” en japonés, y la presentó como un ejercicio tecnológico bajo el concepto LMW (Leaning Multi Wheel). No es una moto convencional, pero Yamaha se negó a cruzar la línea de llamarla triciclo.


Una moto que se conduce como… una moto lenta

En marcha, la Niken contravira como una motocicleta, pero no oculta su mayor lastre: el peso y la inercia del doble tren delantero. FortNine lo resume con crudeza: arrastrar dos ruedas es arrastrar dos giroscopios. Para mitigar ese efecto, Yamaha recurrió a neumáticos de 15 pulgadas, más propios de un scooter, y a discos de freno limitados a 300 mm.

El resultado es una sensación clara: estabilidad extrema, pero también dirección filtrada, casi anestesiada. “Mis manos no sienten nada”, afirma el probador. La Niken transmite seguridad, pero sacrifica comunicación.


El motor: competente, pero domesticado

El tricilíndrico CP3 procede de modelos como la MT-09 o la XSR, pero aquí Yamaha lo modificó profundamente: cigüeñal más pesado, transmisión reforzada y un carácter menos explosivo para mover los más de 100 kg extra del conjunto frontal.

Con 113 CV, el rendimiento es suficiente y agradable, incluso ligero en sensaciones, pero ya no es el motor “caliente” y juguetón que enamoró en otros modelos. Funciona, cumple… pero no emociona igual.


El límite físico: 45 grados y no uno más

Aquí llega uno de los puntos más criticados por FortNine. La Yamaha Niken no permite más de 45 grados de inclinación. A partir de ahí, las estriberas rozan y el sistema bloquea cualquier intento de ir más allá.

En una moto convencional, ese sería el momento de confiar en los neumáticos… o de caerse. En la Niken, simplemente no existe esa opción. Si llegas pasado, abres trayectoria. Y eso desmonta el argumento de Yamaha de que se trata de una moto “más deportiva” gracias a su mayor agarre frontal.


Donde la Niken sí tiene sentido: condiciones marginales

Es aquí donde FortNine cambia el tono. En asfalto mojado, hojas, grava, juntas de dilatación o superficies irregulares, la Niken marca la diferencia. Donde una rueda delantera tradicional patina y te manda al suelo, la segunda rueda salva la situación.

En estas condiciones, la moto permite jugar con pequeños deslizamientos, frenar con más confianza y empujar el tren delantero sin pánico. No es una moto que se sienta viva, pero funciona mejor de lo que parece cuando el entorno se complica.


El dilema del público objetivo

Y aquí vuelve la gran pregunta: ¿para quién es la Niken?

No es ideal para touring: 18 litros dan solo unos 220 km, el frontal es enorme y la protección no se traduce en mayor autonomía.
No es deportiva: no gira, no frena ni acelera como una sport-touring tradicional.
Tampoco es fácil para usuarios inseguros: asiento alto, ancho y un peso similar al de una Hayabusa cuando cae al suelo.

FortNine apunta a un perfil muy concreto: motoristas veteranos, amantes de la tecnología, que siguen queriendo inclinar una moto, pero con más margen de seguridad. Y ahí la Niken empieza a cobrar sentido.


Un experimento necesario, aunque incomprendido

FortNine no cree que Yamaha esperara grandes ventas. Con un precio cercano a los 20.000 euros, la Niken parecía más un laboratorio rodante que un producto de volumen. Y sin embargo, el concepto de tres ruedas inclinables sí ha demostrado ser rentable en otras marcas: Harley, Can-Am o Piaggio han hecho negocio.

La diferencia es que Yamaha quiso mantenerla como motocicleta ante todo, sin permitir carné de coche ni bloqueo vertical real. Se quedó justo en la frontera, y quizás por eso nunca encontró su sitio.


La Yamaha Niken como legado

Puede que la Yamaha Niken no triunfara comercialmente, pero dejó algo importante: demostró que otra forma de entender la estabilidad es posible sin renunciar a inclinar. Fue una moto adelantada, cara, compleja y difícil de explicar… pero también valiente.

Como concluye FortNine, quizá dentro de unos años no se la recuerde como un fracaso, sino como el primer paso de algo que aún no ha llegado. Porque a veces, para saber qué eres, primero tienes que aceptar no encajar en ninguna etiqueta.