La otra cara de la libertad: las motos, el casco y una realidad que preocupa en Estados Unidos
Estados Unidos es, para muchos apasionados de la motocicleta, el país de las interminables carreteras que atraviesan las Rocky Mountains, de los grandes espacios abiertos y de motocicletas legendarias como la imponente Honda Valkyrie, con su espectacular motor bóxer de seis cilindros. Es la imagen de la libertad en estado puro, la de recorrer cientos de kilómetros con el horizonte como único destino y el rugido del motor como banda sonora.
Pero detrás de esa imagen tan atractiva existe una realidad que merece ser conocida.
Cada año, miles de motoristas pierden la vida en las carreteras estadounidenses. Según los últimos datos de la National Highway Traffic Safety Administration (NHTSA), en 2024 fallecieron 6.228 motociclistas, una de las cifras más altas registradas en las últimas décadas. Aunque las motocicletas representan una pequeña parte del parque de vehículos, los motoristas suponen aproximadamente el 16 % de todas las víctimas mortales por accidente de tráfico en Estados Unidos.
Las causas son diversas y, en la mayoría de los casos, se combinan entre sí. El incremento del número de motocicletas en circulación, el aumento del tráfico, las distracciones al volante, los excesos de velocidad, el consumo de alcohol y, en algunos casos, la falta de experiencia de determinados conductores forman parte de un problema que preocupa cada vez más a las autoridades.
Sin embargo, existe una diferencia muy importante entre Estados Unidos y Europa que llama especialmente la atención.
Mientras que en España y en prácticamente todos los países de la Unión Europea el uso del casco homologado es obligatorio para cualquier motorista, en Estados Unidos cada estado establece sus propias normas.
Actualmente solo diecisiete estados y el Distrito de Columbia exigen el uso del casco a todos los conductores y pasajeros de motocicleta. En otros estados únicamente es obligatorio para los menores de determinada edad, mientras que algunos permiten circular sin casco a cualquier adulto que cumpla determinados requisitos.
Florida es uno de los ejemplos más conocidos. Un motorista mayor de 21 años puede circular legalmente sin casco siempre que disponga de la cobertura mínima de seguro médico exigida por la legislación estatal. Eso sí, si decide no utilizar casco deberá llevar protección ocular, normalmente mediante unas gafas homologadas, salvo que la motocicleta disponga de un parabrisas que cumpla con la normativa. Además, la motocicleta debe estar correctamente matriculada y asegurada.
Para un europeo resulta difícil entender esta diferencia. En nuestro continente, ponerse el casco es algo tan natural como abrocharse el cinturón de seguridad al subir a un automóvil. Nadie se plantea discutir su utilidad.
En Estados Unidos, sin embargo, existe una tradición muy arraigada de defensa de la libertad individual. Muchos ciudadanos consideran que debe ser cada persona quien decida el nivel de riesgo que desea asumir cuando conduce una motocicleta.
Es un debate respetable. La libertad forma parte de la esencia de este país y merece el máximo respeto. Pero también lo son los datos.
La propia NHTSA lleva años demostrando que el casco reduce de forma muy importante el riesgo de sufrir lesiones cerebrales graves y disminuye considerablemente la probabilidad de fallecer en un accidente. Basta observar las estadísticas para comprobar que los estados donde el casco es obligatorio para todos los motoristas presentan, por lo general, un mayor porcentaje de utilización y mejores resultados en materia de seguridad.
Ninguna norma puede evitar todos los accidentes. Siempre existirán los errores humanos, los despistes o la mala fortuna. Pero sí podemos reducir las consecuencias cuando el accidente ya es inevitable.
Quien ha recorrido alguna vez las carreteras americanas sobre una motocicleta sabe que la sensación es difícil de describir. El aire, el sonido del motor, el paisaje y la inmensidad del horizonte crean una conexión muy especial entre el piloto y su motocicleta. Es una pasión que solo entiende quien la ha vivido.
Precisamente por eso merece la pena protegerla.
La seguridad nunca debería interpretarse como un enemigo de la libertad. Al contrario. Es la mejor garantía para seguir disfrutando de esa libertad durante muchos años.
Porque las motocicletas nos regalan emociones que pocos vehículos son capaces de transmitir. Nos hacen sentir vivos, nos acercan al paisaje y convierten cada kilómetro en una experiencia inolvidable.
Y quizá por eso, porque amamos profundamente este mundo, el casco nunca debería verse como una obligación. Debería entenderse como el mejor compañero de viaje. El que, en el momento más difícil, puede marcar la diferencia entre que una ruta inolvidable termine simplemente en una anécdota… o no tenga la oportunidad de continuar.
LUIKE/EL MOTERO
Toñejo Rodriguez