Cortas el cuadro y pones dos imanes: la suspensión magnética en bicis pone los dientes largos a los moteros
El proceso es tan radical como sencillo. Furze corta el cuadro de la bicicleta y coloca imanes de alta potencia en los extremos de cada sección. Frente a cada imán instala otro con el mismo polo, calculando la distancia exacta para que la repulsión permita un movimiento controlado.
Cuando la rueda se encuentra con un bache, el chasis flexa de forma progresiva, absorbiendo la irregularidad del terreno. Los imanes nunca llegan a tocarse: es precisamente esa repulsión constante la que hace el trabajo de suspensión. El resultado es sorprendente a la vista… y funcional en la práctica.
Ahora bien, como el propio Furze deja entrever, no todo son ventajas. Al seccionar el cuadro se pierde rigidez estructural, algo asumible en una bici experimental, pero crítico si pensamos en aplicaciones más exigentes.
¿Tiene sentido una suspensión magnética en el mundo de la moto?
Aquí es donde el invento se vuelve realmente interesante. Tal y como está planteado, este sistema sería difícilmente viable en una motocicleta, sobre todo si hablamos de cortar el chasis principal. En una moto, la rigidez es clave para la estabilidad, la precisión y la seguridad.
Sin embargo, la idea no es descartable si se replantea el enfoque. En lugar de modificar el chasis, la suspensión magnética podría aplicarse en el eje trasero, sustituyendo o complementando a los amortiguadores tradicionales. Un sistema de imanes podría asumir parte del trabajo de absorción, reduciendo componentes mecánicos y desgaste.
El eje delantero lo tendría más complicado, aunque no sería imposible. Ya hemos visto a lo largo de la historia soluciones alternativas a la horquilla telescópica convencional, y con la ayuda de la electrónica moderna, el control activo y los sensores, el margen de desarrollo es enorme.
Ventajas que hacen soñar a los ingenieros
Más allá del espectáculo, la suspensión magnética tiene argumentos muy serios:
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Mantenimiento prácticamente nulo: no hay aceite, retenes ni muelles.
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Respuesta inmediata y progresiva, sin fatiga mecánica.
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Durabilidad teórica altísima, al no existir contacto físico entre piezas clave.
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Posible integración con sistemas electrónicos de control en el futuro.
No es casualidad que en automoción ya se lleven años explorando soluciones basadas en campos magnéticos y control activo. Furze, como tantas otras veces, no inventa algo completamente nuevo, pero sí lo pone sobre la mesa de forma clara, visual y comprensible.
Una idea loca… que no lo es tanto
La suspensión magnética de Colin Furze no va a llegar mañana a las bicis de serie ni a las motos de producción, pero cumple una función fundamental: abrir la mente. Demuestra que todavía hay margen para repensar conceptos que dábamos por cerrados desde hace décadas.
Y si algo nos ha enseñado la historia del motor es que muchas de las ideas que hoy nos parecen imposibles empiezan exactamente así: con un tipo en su taller, una radial en la mano… y unos cuantos imanes enfrentados.