¿Sirven realmente las protecciones de moto? Un motero deja clara una verdad incómoda
En uno de sus vídeos más provocadores, el canal FortNine ha puesto sobre la mesa una idea que choca frontalmente con todo lo que la mayoría de motoristas da por hecho desde hace décadas: las protecciones rígidas que llevamos en chaquetas y pantalones pueden no estar protegiéndonos tanto como creemos.
No es un alegato irresponsable ni una invitación a rodar sin equipación. Es una reflexión incómoda, basada en normativa, estudios médicos y en cómo funciona realmente la industria del equipamiento para moto en Europa.
El origen del mito: “llevar protecciones es seguro”
Durante años, la lógica ha sido simple: casco duro, chaqueta con protecciones, pantalones con protecciones. Igual que un casco protege la cabeza, los pads deberían proteger hombros, codos, caderas y rodillas. Es una intuición casi automática.
Pero FortNine plantea una pregunta clave:
¿qué nivel de impacto están realmente diseñadas para absorber esas protecciones?
La respuesta está en la norma europea EN1621, que regula los protectores de impacto para motoristas.
Lo que dice la normativa… y lo que no
Según la EN1621:
-
Un protector CE nivel 1 debe transmitir menos de 18 kN tras un impacto de 50 julios.
-
Un protector CE nivel 2, menos de 9 kN.
Hasta aquí todo parece razonable. El problema surge cuando se compara con el cuerpo humano.
El hueso humano más resistente se fractura alrededor de los 4 kN.
Es decir: incluso un protector CE2 permite pasar más del doble de la fuerza necesaria para romper un hueso.
Y aquí llega la paradoja que destaca FortNine: las armaduras corporales usadas en disciplinas ecuestres o deportivas se certifican para proteger justo por debajo de ese umbral, mientras que el equipamiento de moto acepta valores muy superiores.
Estudios reales, resultados incómodos
El vídeo repasa varios estudios publicados entre 2011 y 2019 que analizan miles de accidentes reales:
-
Reducción clara de abrasiones y contusiones.
-
Ninguna reducción estadísticamente significativa en fracturas, luxaciones o esguinces.
-
No se encuentra relación directa entre la dureza del protector y la reducción de lesiones óseas.
-
La correlación entre el rendimiento del protector en laboratorio y la protección real en carretera es, literalmente, “poco clara”.
En resumen: las protecciones funcionan muy bien para la piel, pero muy mal para los huesos.
El problema del tamaño (y del coste)
Otro punto crítico es el tamaño de los protectores.
La norma fija un mínimo (Tipo B), pero no obliga a hacerlos más grandes.
Resultado:
-
Chaquetas XXS y XXL llevan exactamente el mismo pad.
-
Protectores pequeños, finos y con poca superficie de reparto de energía.
-
Fabricar pads más grandes y específicos cuesta más dinero y complica la logística.
En un mercado donde el precio manda, nadie compite por hacerlo mejor de lo exigido.
¿Por qué entonces son obligatorios?
Aquí FortNine lanza la acusación más dura: proteccionismo industrial.
En Europa, una prenda AA o AAA no puede venderse sin protecciones.
Eso impide que marcas de ropa técnica generalista (outdoor, denim reforzado, cuero premium) compitan directamente en tiendas de moto.
Según el canal, esto es un caso clásico de “captura regulatoria”:
una norma creada para la seguridad pública que acaba beneficiando a la industria que la impulsó, levantando barreras de entrada a la competencia.
¿Entonces hay que quitar las protecciones?
FortNine es claro: no recomienda ir sin protección por sistema.
Las protecciones:
-
Sí reducen abrasiones.
-
Sí pueden evitar contusiones.
-
En casos puntuales, podrían ayudar más.
Pero también afirma algo contundente: él mismo retira los pads de sus chaquetas y apuesta por soluciones que sí superan claramente los límites CE:
-
Espalderas independientes de alto nivel.
-
Chalecos airbag, que absorben energía de forma muy superior.
Una reflexión que incomoda
El mensaje final no es “rodar sin protección”, sino repensar qué protección es realmente eficaz.
Durante años, muchos motoristas han asumido que cumplir la etiqueta CE era sinónimo de seguridad real. FortNine demuestra que, al menos en el caso de los huesos, no es tan simple.
La industria, la normativa y la costumbre han construido una sensación de seguridad que quizá no se corresponde con la realidad biomecánica del cuerpo humano.
Y eso, para cualquiera que se suba a una moto, merece al menos una pausa para pensar.