Le han hecho una foto a las furgonetas camufladas de la DGT: Ford Transit, Renault Master y cero rótulos
Hay herramientas de vigilancia de la DGT que todo conductor identifica a la primera. Un radar fijo, un coche patrulla serigrafiado o un helicóptero Pegasus ya forman parte del paisaje mental de cualquiera que conduzca con frecuencia. Pero las furgonetas camufladas juegan en otra liga. Su fuerza no está solo en sancionar, sino en pasar completamente desapercibidas hasta que ya es demasiado tarde.
Llevan años en circulación, pero siguen funcionando precisamente porque muchos conductores no terminan de reconocerlas. La propia DGT confirmó oficialmente su uso en 2020, dentro de la campaña especial de verano, al anunciar que contaba con 15 furgonetas camufladas para vigilar el comportamiento de los conductores en carretera.
No nacieron para la velocidad, sino para cazar distracciones
Ese es un punto importante que a veces se olvida. Aunque en algunos medios se ha hablado de radares montados en este tipo de vehículos, su función principal no nació ligada al exceso de velocidad, sino a algo mucho más difícil de detectar desde un radar tradicional: el uso del teléfono móvil al volante y la falta de cinturón de seguridad.
La DGT las definió en 2021 como una “herramienta imprescindible” para sancionar estas conductas, precisamente porque su mayor altura permite ver mejor el interior del coche desde una posición elevada. Pere Navarro explicó entonces que estas furgonetas servían para controlar si el conductor llevaba el móvil en la mano o si no utilizaba el cinturón.
Y ahí está la verdadera clave del invento. No son temidas porque corran mucho o porque lleven luces ocultas. Son temidas porque ven más que un turismo normal y porque, al no parecer vehículos policiales, sorprenden con mucha facilidad.
Cuántas hay realmente sigue sin estar del todo claro
Aquí empieza el terreno resbaladizo. Lo único que la DGT confirmó oficialmente en su momento fue la existencia de 15 unidades. Eso aparece recogido en informaciones de 2020 y 2021, cuando el despliegue se hizo público.
Sin embargo, desde entonces diferentes medios especializados han ido detectando más vehículos y ampliando el inventario. Motorpasión habló en 2020 de una posible subida a 18 unidades, mientras que otros listados posteriores han elevado la cifra incluso por encima de las 19 o 20, incluyendo diferentes modelos y colores.
La conclusión razonable hoy es esta: el número exacto en servicio no está oficialmente actualizado, pero todo apunta a que el parque ha crecido o, como mínimo, se ha diversificado respecto a las 15 iniciales. Esa falta de cifra cerrada forma parte también del aura de estas furgonetas: se saben reales, se saben activas, pero nunca se tiene del todo claro cuántas hay ni dónde pueden aparecer.
Cómo son y por qué cuesta tanto reconocerlas
La parte más interesante de estas furgonetas es que no se parecen a un vehículo de vigilancia. O, mejor dicho, no se parecen a lo que la mayoría espera de uno. No van rotuladas, no llevan los colores habituales de la Guardia Civil y suelen moverse con aspecto de vehículo civil completamente normal.
En los primeros despliegues se habló mucho de Ford Transit Custom y Renault Master, y con el tiempo también han aparecido referencias a modelos como Fiat Scudo o incluso Mercedes Sprinter, siempre con un patrón común: colores discretos, sin publicidad de concesionario, sin distintivos evidentes y con una cabina desde la que dos agentes uniformados pueden observar con mucha ventaja lo que ocurre dentro del resto de coches.
En muchos casos se habla de tonos blancos, grises, azules oscuros o negros. Justamente por eso resultan tan complicadas de detectar: no llaman la atención y se confunden con cualquier furgón comercial o de reparto.
La mejor pista no está fuera, está dentro
Si hay una clave que se repite en prácticamente todas las guías sobre cómo identificarlas, es esta: mirar la cabina. Motor1 ya explicaba que la pista definitiva no es tanto el color o el modelo, sino ver que en el interior van dos agentes uniformados de la Agrupación de Tráfico, normalmente con chaleco reflectante.
Ese detalle puede parecer obvio, pero es el más fiable. Porque las luces ocultas suelen ir apagadas y la carrocería no delata nada. La verdadera señal aparece cuando uno circula a su altura y distingue que la pareja que va delante no es un repartidor ni un comercial, sino dos guardias civiles observando con toda la calma del mundo lo que haces con las manos, el móvil o el cinturón.
No necesitan radar para ser muy eficaces
Otro punto que conviene dejar claro es que estas furgonetas camufladas no necesitan llevar un gran despliegue técnico para resultar muy rentables en términos sancionadores. Su fuerza está en la observación directa. Desde esa posición elevada, los agentes pueden ver con mucha más facilidad si el conductor va usando el móvil, si no lleva el cinturón o si comete maniobras indebidas, como circular por el arcén o manipular objetos mientras conduce.
Por eso su presencia inquieta tanto. No dependen de un flash, de una antena ni de un radar visible. Dependen de algo mucho más simple: que te están mirando sin que tú te hayas dado cuenta.
En algunas informaciones se ha especulado con que podrían montar dispositivos tipo Velolaser, algo técnicamente posible, pero su uso más conocido y confirmado sigue siendo el control visual de infracciones relacionadas con la distracción y la seguridad pasiva. (motorpasion.com)
Por qué la DGT apostó por ellas
La lógica de Tráfico es bastante clara. Durante años, buena parte de las campañas se centraron en la velocidad. Pero la DGT lleva tiempo insistiendo en que el móvil al volante se ha convertido en uno de los grandes problemas de seguridad vial. Y ahí un radar convencional sirve de muy poco.
Las furgonetas entran justo en ese hueco. Son una herramienta pensada para cazar al conductor que cree que, al ir en una autopista recta o en tráfico fluido, puede responder un mensaje, mirar una app o circular sin cinturón sin que nadie lo vea.
Y esa percepción de impunidad cambia por completo cuando sabes que una Transit blanca sin rótulos puede ir a tu lado.
El factor psicológico también cuenta
Parte de la eficacia de estas furgonetas no está solo en las multas que ponen, sino en el efecto que generan. Son vehículos difíciles de identificar, no siguen el patrón clásico del coche policial y obligan al conductor a asumir que la vigilancia puede estar en casi cualquier formato.
Eso tiene un impacto directo en la conducción. Ya no basta con levantar el pie donde crees que hay radar o con mirar si el coche de al lado lleva serigrafía oficial. Con las furgonetas camufladas, la vigilancia se vuelve mucho más incierta. Y esa incertidumbre es precisamente lo que las hace tan útiles para la DGT.
Las más difíciles de ver… y por eso de las más temidas
Al final, el gran valor de estas furgonetas está en su discreción. No son espectaculares, no buscan imponerse visualmente y no necesitan hacerlo. Se mueven como un vehículo más, se confunden con facilidad y aprovechan justo ese anonimato para detectar conductas que de otro modo pasarían mucho más desapercibidas.
Por eso siguen siendo una de las armas más temidas de la DGT. No porque sean más rápidas, ni porque lleven la tecnología más llamativa, sino porque representan algo mucho más incómodo para el conductor confiado: la posibilidad de estar siendo vigilado por un vehículo que parecía completamente normal.