Fuentes internas de la DGT dicen que Pere Navarro está "frustrado" por esto
El intento de endurecer los límites de alcohol al volante en España ha sufrido un frenazo inesperado, dejando en una posición complicada a Pere Navarro y a la Dirección General de Tráfico. La propuesta, que llevaba meses sobre la mesa, no ha conseguido el respaldo necesario en el Congreso y ha quedado paralizada, al menos por ahora.
Un golpe político… pero no el final de la estrategia.
Una reforma que no salió adelante
La iniciativa buscaba reducir de forma significativa los límites de alcoholemia permitidos en España. En la práctica, suponía pasar de los actuales:
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0,5 g/l en sangre a 0,2 g/l
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0,25 mg/l en aire a 0,1 mg/l
El objetivo era acercarse a un modelo más restrictivo, en línea con otros países europeos. Sin embargo, la propuesta no logró reunir apoyos suficientes en el Parlamento, donde varios partidos votaron en contra.
El resultado:
una de las medidas más ambiciosas en seguridad vial de los últimos años queda en pausa.
Un rechazo con múltiples razones
El bloqueo no responde a un único motivo. En el debate han pesado varios factores:
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Dudas técnicas sobre la eficacia real de la medida
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Impacto en sectores como la hostelería y el vino
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Percepción de que afectaría a conductores que consumen cantidades mínimas
Este último punto ha sido especialmente relevante. Con un límite tan bajo, acciones habituales como una copa de vino podrían dar positivo, algo que ha generado rechazo incluso entre quienes apoyan endurecer las normas.
¿Realmente habría cambiado el problema?
Uno de los argumentos más repetidos es que la medida podría no atacar el núcleo del problema.
Los conductores que circulan con tasas muy elevadas —los más peligrosos— no suelen verse condicionados por pequeños cambios en el límite legal. Por eso, algunos sectores consideran que la reducción habría afectado más a los consumidores ocasionales que a los reincidentes.
La respuesta de la DGT: más controles en carretera
Lejos de dar un paso atrás, la estrategia parece cambiar de enfoque. Desde la Dirección General de Tráfico se apuesta ahora por reforzar la vigilancia en carretera.
Esto se traduce en:
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Más controles de alcoholemia
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Mayor presencia de radares
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Incremento de vigilancia aérea con helicópteros
Especialmente de cara a los meses de primavera y verano, cuando el tráfico aumenta y también lo hacen los desplazamientos de ocio.
Un endurecimiento por otras vías
Además, el debate sobre la seguridad vial sigue abierto en otros frentes. Sobre la mesa está la posibilidad de reducir los márgenes a partir de los cuales un exceso de velocidad se considera delito.
Esto implicaría sanciones penales más duras para quienes superen ampliamente los límites, reforzando el mensaje de tolerancia cero en carretera.
Una batalla que no ha terminado
Aunque la propuesta haya sido rechazada, no significa que haya desaparecido. La intención es clara:
volver a plantearla en el futuro con más apoyos o ajustes.
Porque el objetivo de fondo sigue intacto:
reducir los accidentes relacionados con el alcohol.
Entre la prevención y la polémica
El caso refleja una realidad compleja. Por un lado, existe consenso en la necesidad de mejorar la seguridad vial. Por otro, no todas las medidas generan el mismo nivel de aceptación social.
Mientras tanto, la DGT adapta su estrategia: menos cambios normativos por ahora…
y más presión en carretera.