La DGT ya tiene su nuevo radar para coserte a multas (y este trae una novedad para multarte "mejor")
Durante años, muchos conductores han jugado a lo mismo: correr, ver el radar a tiempo, clavar el freno y pasar el punto de control como si nada hubiera ocurrido. Era una escena demasiado conocida en carretera. Pero ese margen cada vez es más estrecho. En los últimos días se ha popularizado la expresión “radares antifrenazo”, una etiqueta que resume una idea muy concreta: la DGT y la Guardia Civil ya no miran solo la velocidad en un punto exacto, sino también el comportamiento del conductor antes de llegar a ese control. Y eso cambia bastante las reglas del juego. La DGT sigue ampliando su red de vigilancia con nuevos radares fijos y de tramo, aunque en su comunicación oficial no utiliza esa denominación de “antifrenazo”.
No es un radar nuevo, es una forma distinta de vigilar
Lo primero que conviene aclarar es esto: la DGT sí está reforzando los controles de velocidad, pero no ha presentado oficialmente una nueva familia tecnológica bautizada como “radar antifrenazo”. Ese nombre se ha extendido sobre todo en publicaciones virales y medios generalistas para describir una práctica de control más sofisticada: combinar distintos puntos de medición o analizar una conducta global, en lugar de fijarse solo en la velocidad exacta al pasar por una cabina. Las últimas notas oficiales de Tráfico hablan de nuevos radares fijos y de tramo, no de una categoría específica llamada así.
Y ahí está la verdadera novedad de fondo. El mensaje al conductor es claro: ya no basta con ir demasiado rápido y salvar el expediente con un frenazo de última hora. Lo que se está vigilando con más atención es el conjunto de la maniobra y el riesgo que genera.
Qué detectan realmente estos controles
La lógica es sencilla. Si un vehículo circula a una velocidad alta en un primer punto de observación y poco después aparece ajustado al límite justo al llegar al radar fijo, esa reducción tan brusca puede levantar sospechas. No se trata solo de “pillar” a quien iba rápido, sino de identificar una forma de conducir que puede resultar peligrosa, especialmente en autopistas y autovías, donde un frenazo inesperado multiplica el riesgo de alcance. El Reglamento General de Circulación exige conducir con diligencia y precaución para no poner en peligro a otros usuarios, y la propia DGT recuerda de forma reiterada que la velocidad aumenta tanto el riesgo de siniestro como la gravedad de sus consecuencias.
Por eso el debate no va solo de radares. Va de una conducción basada en picos de velocidad y frenadas violentas que, aunque durante años se haya visto como una pillería habitual, encaja cada vez peor con el enfoque sancionador y preventivo de Tráfico.
La gran confusión: 600 euros y 6 puntos no siempre salen del mismo sitio
Aquí está el matiz importante que muchos titulares están simplificando. Decir que estos controles suponen automáticamente 600 euros y 6 puntos no es del todo exacto. Esa cifra máxima puede darse, sí, pero depende de qué infracción concreta termine apreciándose. La pérdida de 6 puntos y la multa de 500 euros encajan con la conducción temeraria, que la DGT describe como una infracción muy grave. Por otro lado, una sanción por exceso de velocidad puede llegar a 600 euros y también conllevar pérdida de puntos según la tabla aplicable al exceso cometido.
Eso significa que no existe una sanción autónoma llamada “multa por radar antifrenazo” con una cuantía fija y cerrada. Lo que hay es la posibilidad de que una maniobra de este tipo termine derivando en una o varias infracciones: velocidad, conducción negligente o, en los casos más graves, conducción temeraria. Y ahí sí, la factura puede ser muy seria.
Por qué a Tráfico le preocupa tanto esta maniobra
La explicación es bastante menos misteriosa de lo que parece. El conductor que frena en seco antes de un radar no solo intenta evitar una multa: también altera de golpe el ritmo de la circulación y puede sorprender a quien viene detrás. La normativa española ya obliga a guardar una distancia suficiente para poder detenerse en caso de frenado brusco del vehículo precedente, precisamente porque esa situación es peligrosa por definición.
A eso se suma una idea que la DGT viene repitiendo desde hace años: el problema de la velocidad no es solo la cifra, sino todo lo que arrastra detrás. Tráfico recuerda que, a mayor velocidad, más difícil es reaccionar a tiempo y más graves son las lesiones en caso de siniestro. Por eso los radares no se presentan como una herramienta recaudatoria, sino como una pieza de control dentro de la estrategia de reducción de víctimas.
La DGT sigue ampliando su red de control de velocidad
El contexto en el que aparece esta conversación también importa. La DGT puso en marcha 33 nuevos radares en febrero de 2026 y ya había activado otros 17 en marzo de 2025 dentro del plan de instalación de 122 nuevos puntos de control de velocidad. En ambos casos, Tráfico detalló que se trataba de radares fijos y de tramo, distribuidos en varias comunidades autónomas y señalizados en carretera y en su web oficial.
Eso refuerza una idea evidente: el control de velocidad en España no va hacia menos vigilancia, sino hacia una vigilancia más extensa y más inteligente. En ese escenario, el viejo reflejo de frenar solo al ver la cabina empieza a parecer cada vez más una estrategia del pasado.
El error que siguen cometiendo muchos conductores
El fallo más común sigue siendo pensar que la velocidad solo importa en el punto exacto donde está el radar. Esa mentalidad funcionaba mejor cuando el conductor veía el control como una foto aislada. Ahora, con más radares de tramo, más cinemómetros desplegados y más atención sobre la conducta completa, la película cambia.
Y cambia también la lectura jurídica. Porque si la frenada se interpreta como una maniobra que genera peligro, el problema deja de ser solo cuánto corrías y pasa a ser cómo estabas conduciendo. Ahí es donde el intento de “salvarse” en el último segundo puede salir peor que haber mantenido una marcha razonable desde mucho antes.
Lo que de verdad está haciendo la DGT
Más que inventar un radar mágico, la DGT está enviando un mensaje muy claro: el control ya no se limita a castigar una cifra puntual, sino a vigilar una forma de conducir. Esa es la clave real de todo este asunto. El nombre “antifrenazo” puede sonar llamativo, pero lo importante no es la etiqueta. Lo importante es que la combinación de radares, la extensión de los controles y la posibilidad de sancionar la maniobra peligrosa están estrechando el margen de quien sigue creyendo que un frenazo a tiempo lo arregla todo.
Y en carretera, cada vez está más claro que ese truco ya no impresiona a nadie. Mucho menos a Tráfico.