Cómo conocí a Ángel Nieto
Desde que era pequeño, el nombre de Ángel Nieto siempre estuvo revoloteando a mi alrededor. Yo venía del campo, hacía motocross, estaba más ligado a la tierra… pero Ángel formaba parte de casi todas las familias en España. Crecimos con él. Gracias a él, el motociclismo es hoy lo que es en nuestro país. Cuando pocos pilotos lograban destacar, Ángel estaba siempre en el podio. Y eso levantó a todo un país.
Tuve la suerte de conocerlo allá por los años 80, en Ibiza. Creo que en aquella época Ángel era, sin duda, la persona más famosa de la isla. Un día, Curro Ruiz del Portal, amigo suyo, me dijo que me lo iba a presentar. Estábamos en Formentera, yo navegando con mi Jet Ski, cuando de repente apareció él con su barco.
Se acercó, me saludó con esa cercanía tan suya y me preguntó qué era aquel “invento”. Y ahí fue donde empezó todo de verdad: yo le ofrecí mi Jet Ski para que lo probara, pero antes le expliqué cómo funcionaba aquel Jet Ski de brazo oscilante, cómo se manejaba y cómo responder al equilibrio. Se subió, lo entendió al momento, como buen piloto, y dio una vuelta.
Cuando volvió, se estaba riendo. Le había gustado mucho.
Me dijo que aquello era una maravilla, aunque él prefería las de ir sentado.
Y, como era él, no se quedó ahí. En ese mismo momento dijo que iba a llamar a su amigo Rabasa porque quería una. Llamó directamente a Kawasaki y en nada ya estaba navegando con su propia moto de agua.
Otro día quedamos para salir con las motos de agua y el barco, pero se levantó un temporal brutal y tuvimos que cancelar la excursión. Nos quedamos en la marina, se fue todo el mundo y nos quedamos sentados solos él y yo tomando algo. Y ahí, en ese momento tan sencillo, me contó su vida. Estuvimos un montón de horas que se pasaron volando y yo, todo oídos, pendiente de cada frase, cada palabra…
Me habló de sus comienzos, de cómo se iba a Barcelona en una moto de 50 cc por la carretera antigua, con papeles de periódico en el pecho para protegerse del frío. De las penurias, del sacrificio, de la pasión por competir. Escucharle me marcó. Aquel día nació algo más que admiración, nació una amistad inolvidable.
Por entonces, Hugo aún no había nacido, y Pablo y Gelete eran pequeños.
Desde aquel verano, nuestra relación no dejó de crecer. Yo seguía corriendo en motocross y en quads, soñando con el Dakar. Un día, sin que yo le dijera nada, me dijo que hiciera un dosier y que se lo llevara, que iba a intentar ayudarme. Así era él. Generoso, cercano, con un carisma único. A su lado, todo era más grande, más fácil y más bonito.
Compartimos muchas conversaciones. Yo le hablaba de mis carreras y él del Mundial, de los pilotos, de ese mundo que dominaba como nadie.
Cuando gané la Copa de España de quads y lo llamé emocionado para contárselo, se alegró como si fuera suyo y me dijo que teníamos que celebrarlo.
Le dije que me iba a correr un rally y que a la vuelta del mismo lo haríamos.
Pero el 26 de mayo de 1990 todo cambió. Tuve un accidente en aquel rally que me rompió la espalda y me dejó en una silla de ruedas.
Me trasladaron en helicóptero a Sevilla. Una semana después había carrera del Campeonato del Mundo de motociclismo, lo que ahora es MotoGP. Insistí hasta que me consiguieron una televisión en la habitación. Esto hace 35 años y no era tan fácil como ahora.
Y entonces ocurrió algo que nunca olvidaré.
Durante la retransmisión, en la categoría de 500 cm³, el periodista Valentín Requena me mandó un mensaje de ánimo. Habló de mí, de mi accidente, de que estaba ingresado en Sevilla. Y en ese momento Ángel intervino.
Dijo: “Yo también quiero mandarle un abrazo muy fuerte a Toñejo, como le llamamos sus amigos, porque yo sé que él volverá a competir en los circuitos. ¡Ánimo, Toñejo!”
Después se sumó Luis Miguel López.
Aquel día, el piloto y deportista más laureado e importante de España me dedicaba unas palabras. Y en ese instante dibujó una sonrisa en mi cara que aún hoy me acompaña. Porque entendí algo muy profundo: había dejado de caminar para empezar a volar.
Alguien de la talla de Ángel Nieto me hizo feliz en el momento más duro de mi vida.
Nuestra amistad continuó durante años, y hasta que Ángel se nos fue, mi contacto con él fue siempre muy estrecho, igual que nuestra amistad que también comparto con sus hijos y sobrino. Pero personas como él hay muy pocas. Sí, fue 12 + 1 veces campeón del mundo, pero mucho más importante, fue una persona única, extraordinaria, con un gen especial y un carisma irrepetible.
Yo tuve el privilegio de compartir mucha parte de mi vida con él.
Hoy, desde nuestro rincón dedicado a Ángel Nieto, me encantaría que vosotros también compartáis vuestras anécdotas, vuestros recuerdos y vuestras emociones.
Yo ya he hablado con Gelete, Pablo, Hugo, Fonsi, ellos también van a escribir aquí en el Rincón de Ángel Nieto, pero también quiero que lo hagáis vosotros.
Contadlo con el corazón.
Con pasión.
Con todo el cariño que Ángel nos enseñó a sentir.
Nadie se hace grande haciendo sentir pequeños a otros… Ángel, el más grande era el que se encargaba de engrandecer a las personas que tenía alrededor.
Ángel, siempre aquí, siempre a nuestro lado.
LUIKE/ELMOTERO
Toñejo Rodríguez