PEUGEOT

Una Peugeot Metropolis nueva se paraba en cada semáforo y el taller no encontraba la avería

Peugeot Metropolis

Comprar una moto nueva debería permitir al propietario disfrutarla desde el primer momento con la tranquilidad de disponer de un vehículo sin desgaste y cubierto por la garantía del fabricante.

Sin embargo, la experiencia de un usuario con una Peugeot Metropolis comenzó exactamente al contrario.

En una publicación, un propietario identificado en el foro como “salvadoret” relató que su vehículo comenzó a apagarse durante la propia entrega y volvió a dejarlo tirado apenas unas calles después de abandonar el concesionario.

La avería aparecía principalmente cuando se detenía en un semáforo o detrás de otro coche. El motor se apagaba, el sistema eléctrico continuaba funcionando y el arranque giraba, pero el propulsor no volvía a ponerse en marcha.

En un momento determinado, al parar en un semáforo o detrás de un coche se para”, explicaba el afectado.

El problema resultaba especialmente difícil de localizar porque, después de permanecer inmovilizada durante unos minutos, la Peugeot podía arrancar nuevamente como si nada hubiera sucedido.

El primer fallo apareció antes de abandonar el concesionario

La primera señal apareció cuando el propietario todavía estaba recibiendo las explicaciones del vendedor.

Mientras el comercial mostraba las funciones del vehículo, el motor se caló y no consiguió arrancar de nuevo. El vendedor intentó localizar al técnico especializado en el modelo, pero unos cinco minutos después la moto volvió a ponerse en marcha aparentemente con normalidad.

Aunque aquella situación ya parecía extraña, el cliente decidió llevársela.

La tranquilidad duró únicamente cuatro calles.

Al llegar a un semáforo, la Metropolis volvió a apagarse y quedó completamente inmovilizada. Como el concesionario se encontraba cerca, el propietario tuvo que empujar el vehículo hasta las instalaciones.

A cuatro calles en un semáforo se caló y ya no arrancaba”, recordaba.

El incidente se produjo un viernes a última hora, por lo que la moto permaneció en el establecimiento durante el fin de semana a la espera de que el taller pudiera revisarla.

Primer diagnóstico: un cable del inyector suelto

El lunes siguiente, el concesionario comunicó al propietario que la avería estaba solucionada.

Según la explicación recibida, el origen se encontraba en un cable del inyector que estaba suelto. Una conexión deficiente podría justificar que el motor dejase de recibir combustible o que la centralita detectase una señal incorrecta.

El cliente aceptó el diagnóstico, recogió nuevamente la moto y comenzó a circular.

Quince minutos después, el problema reapareció.

La Peugeot se apagó en un semáforo situado en la Gran Vía de Barcelona y volvió a negarse a arrancar. El conductor llamó al concesionario, pero, debido a la hora, le recomendaron solicitar una grúa y trasladar el vehículo al taller al día siguiente.

Mientras esperaba la asistencia, el motor volvió a arrancar.

El propietario canceló la grúa y continuó su camino, pensando que quizá podría llegar a casa o que la incidencia había desaparecido.

Solo recorrió otros 300 metros.

En el siguiente semáforo, la moto volvió a detenerse. Esta vez decidió esperar a la grúa, aunque cuando llegó el operario la Metropolis arrancó nuevamente sin dificultad.

Una avería intermitente especialmente difícil de diagnosticar

La naturaleza intermitente del problema complicaba enormemente su localización.

Cuando el propietario circulaba, la moto fallaba. Cuando llegaba la asistencia o el personal del taller intentaba ponerla en marcha, volvía a funcionar.

Este tipo de averías puede resultar especialmente frustrante porque no siempre deja un error permanente almacenado en la centralita. Una conexión eléctrica, un sensor, una masa defectuosa o un elemento que falla al alcanzar cierta temperatura puede recuperar su funcionamiento después de enfriarse.

Sin una reproducción clara del problema, el taller puede tener dificultades para saber qué componente está provocándolo.

Sin embargo, el hecho de que el vehículo fuese nuevo, fallase durante la entrega y dejase tirado repetidamente al cliente exigía una investigación más profunda que una simple comprobación superficial.

Segundo diagnóstico: la batería y el software

Después de una nueva revisión, el taller comunicó que había encontrado otra posible explicación.

Esta vez, el problema no estaría en el inyector, sino en la batería.

Según trasladaron al propietario, la batería había sido acondicionada incorrectamente y proporcionaba un amperaje anómalo. El establecimiento decidió sustituirla y actualizar también el software del vehículo.

Es un tema de batería, que la que tenía se acondicionó mal y daba un amperaje raro, la hemos cambiado y actualizado el software”, le explicaron.

El propietario aceptó nuevamente la reparación y regresó al concesionario para recoger la Peugeot.

Pero la supuesta solución duró incluso menos que la anterior.

Después de conducir durante aproximadamente diez minutos, la Metropolis volvió a apagarse. Por casualidad, el afectado se encontraba cerca del establecimiento y pudo dejarla directamente en sus instalaciones.

El comercial intentó arrancarla junto a él, pero esta vez el vehículo no respondió.

Cuando llegó el taller, volvió a funcionar

La sorpresa llegó al día siguiente.

Cuando los mecánicos acudieron a recoger la moto, la Peugeot arrancó a la primera. El taller trató de reproducir la incidencia, pero no lo consiguió.

Las pruebas de diagnosis y los controles efectuados aparentemente no mostraban ninguna anomalía. Desde la perspectiva del establecimiento, el vehículo funcionaba correctamente porque superaba los test y no volvía a detenerse durante sus comprobaciones.

No han conseguido reproducir el error, ergo para ellos no hay error y la máquina funciona cuando le pasan todos los tests”, lamentaba el propietario.

Sin embargo, para el cliente la avería era completamente real. La moto ya se había detenido en varias ocasiones, había necesitado una grúa y había fallado incluso delante del personal del concesionario.

La ausencia del problema durante una prueba concreta no eliminaba todo lo sucedido anteriormente.

La solución propuesta: circular acompañado de un mecánico

Ante la imposibilidad de localizar la causa, el taller propuso que el propietario saliera a circular acompañado por un mecánico que viajaría detrás en otra moto.

El objetivo era conseguir que la Metropolis se apagara en presencia del técnico, permitiéndole observar las condiciones exactas del fallo y realizar comprobaciones inmediatamente.

El planteamiento tenía lógica desde el punto de vista del diagnóstico, pero generaba un nuevo inconveniente: la prueba debía realizarse dentro del horario del taller.

El propietario trabajaba precisamente durante esas horas y no podía coordinarse con los mecánicos.

La consecuencia fue que la Peugeot permaneció en el establecimiento durante semanas sin una reparación definitiva.

Tras tres semanas, sin moto y sin solución”, resumía el usuario, que también explicó que el concesionario estaba estudiando la posibilidad de proporcionarle un vehículo de sustitución.

Un fallo que podía generar una situación peligrosa

Que el motor se detenga al ralentí puede parecer una avería menor si ocurre con el vehículo ya parado. Pero el riesgo aumenta cuando sucede en mitad del tráfico, durante una retención o en una intersección.

El conductor puede quedarse sin capacidad para iniciar la marcha cuando cambia el semáforo, convertirse en un obstáculo para los vehículos que circulan detrás o tener que empujar una máquina pesada hasta una zona segura.

Además, la incertidumbre sobre cuándo volverá a arrancar impide utilizarla con normalidad.

No se trataba únicamente de una incomodidad. El propietario no podía confiar en que la Metropolis completara un desplazamiento sin dejarlo inmovilizado en mitad de una avenida.

El testimonio no permite determinar cuál fue finalmente la causa mecánica ni si el problema terminó siendo solucionado. Tampoco demuestra que todas las unidades de la Peugeot Metropolis sufriesen la misma avería.

Se trata de un caso individual publicado en 2013, no de una campaña oficial ni de una prueba de que existiera un defecto generalizado del modelo.

La recomendación de otros usuarios: exigir una unidad nueva

La reacción de otros participantes del foro fue bastante clara.

Uno de ellos consideraba que el concesionario debía quedarse con el vehículo problemático y entregar al comprador otra unidad completamente nueva.

Que se queden con la moto y que te den otra nuevecita y sin problemas”, respondió el usuario identificado como “bautis”.

También recomendó ponerse en contacto directamente con Peugeot España, explicar la situación y dejar constancia de que el taller no conseguía solucionar una avería presente desde el primer día.

Desde el punto de vista del cliente, la petición resultaba comprensible. La moto había fallado antes incluso de abandonar el establecimiento y las dos reparaciones propuestas no habían servido.

Una moto nueva no debería convertirse en una prueba permanente

El caso expone uno de los mayores problemas de las averías intermitentes: el propietario sabe que el fallo existe, pero el taller no siempre puede observarlo.

Eso no significa que el cliente deba aceptar indefinidamente una sucesión de diagnósticos fallidos o utilizar el vehículo esperando que vuelva a apagarse.

En una situación similar resulta importante documentar cada incidente, conservar las órdenes de reparación, comunicar las averías por escrito y anotar las fechas, el kilometraje y las circunstancias en las que se produce el fallo.

También puede resultar útil grabar el cuadro de instrumentos cuando la moto no arranca y pedir que el taller deje reflejado en cada orden de trabajo el síntoma denunciado, aunque no consiga reproducirlo.

La Peugeot Metropolis de este propietario comenzó fallando en el concesionario, se apagó a cuatro calles, volvió a detenerse después de reparar el inyector y repitió la avería tras cambiar la batería y actualizar el software.

El taller veía una moto que arrancaba correctamente cuando intentaba comprobarla.

El propietario, en cambio, veía un vehículo nuevo incapaz de garantizarle que llegaría al siguiente semáforo.