Lleva su BMW K 1600 B a un taller oficial de Alcalá y le clavan un dineral: "Por ese precio, reviso un Porsche 911"

Para muchos, tener una BMW K 1600 B no es solo una elección, sino una declaración de principios: potencia, elegancia, tecnología y confort para recorrer el mundo sin límites. Sin embargo, para un propietario que acudió recientemente al concesionario oficial AutoPremier de Alcalá de Henares, esa experiencia premium se ha visto empañada por lo que describe como una factura desorbitada e injustificable por una simple revisión.
Lo que debía ser una revisión anual de los 30.000 km —algo rutinario, sin averías ni piezas de desgaste sustituidas— acabó con una sorpresa poco agradable: una factura superior a los 1.300 euros. La cifra, según relata el afectado, estuvo a punto de alcanzar los 1.600 euros, aunque el asesor comercial aplicó un descuento tras ver su reacción de sorpresa e indignación.

“Así se expulsa a los clientes de una marca”
En una reclamación formal enviada a BMW Ibérica y al propio concesionario, el cliente no solo critica el importe, sino el concepto mismo de cobrar tanto por un servicio sin intervenciones mecánicas complejas. “Entendemos que es un precio fuera de lugar para una revisión de una moto con tan pocos kilómetros”, escribe.
Pero lo más llamativo no es solo el coste, sino el tono de la queja, que refleja una profunda decepción con la marca:
“No es una cuestión económica, es una cuestión de respeto por el cliente”, argumenta el propietario, asegurando que algunos materiales cobrados alcanzan hasta diez veces su valor real. A su juicio, esto no tiene nada que ver con prestigio, sino con abuso. “Por ese precio, reviso un Porsche 911 en un servicio oficial. ¿Cómo se justifica entonces en una moto?”
¿Falta de transparencia o política deliberada?
Uno de los puntos clave que plantea el afectado es la incertidumbre sobre quién fija los precios, si el concesionario o la propia BMW. Una duda que traslada directamente en su reclamación:
“No sé si los precios los impone la marca o el concesionario, pero desde luego es la última vez que llevamos un vehículo allí”.
Y aunque reconoce que el trato recibido por parte del personal fue correcto e incluso empático, deja claro que la experiencia general ha sido tan negativa que ha llegado a plantearse vender la moto.
“Tiene dos lecturas: o piensan que sus clientes somos tontos, o bien su intención es que dejemos de acudir a sus servicios oficiales”, denuncia con dureza.
Un cliente que conoce el sector… y no se traga cualquier factura
La persona detrás de esta queja no es un usuario sin conocimientos técnicos. Se dedica profesionalmente al sector del motor, y por eso afirma tener claros los márgenes de coste reales. Para él, lo que ha vivido no es un precio premium, sino una estafa encubierta en una factura legal.
Este matiz no es menor: cuando un cliente especializado denuncia este tipo de prácticas, el daño a la imagen de marca va más allá de una mala experiencia aislada. La sospecha de que algo no está funcionando bien en la red oficial empieza a extenderse.
¿Un síntoma de un problema mayor?
El caso se suma a una creciente lista de quejas en redes sociales y foros de usuarios BMW que alertan sobre los elevados costes de mantenimiento en los concesionarios oficiales, muchas veces sin una explicación técnica que lo justifique. En un contexto donde la fidelización del cliente es clave, este tipo de episodios ponen en jaque la confianza que tantos años ha costado construir.
Mientras tanto, el afectado sigue esperando una respuesta formal por parte de BMW Ibérica, que hasta el momento no se ha pronunciado. Y lo hace con una sensación amarga: la de haber invertido en una moto de lujo… para acabar pagando como si hubiera comprado un coche de alta gama, sin recibir el trato que se espera de una marca con semejante reputación.