Compra una Rieju Aventura 500 Legend y en solo tres meses se harta de averías (y acaba en accidente)
Comprar una moto nueva suele ser uno de los momentos más esperados para cualquier aficionado. Sin embargo, la experiencia del creador de contenido Motero Aventurero demuestra que la ilusión puede convertirse en frustración cuando los problemas mecánicos aparecen demasiado pronto.
El motorista ha relatado en un vídeo todo lo que vivió tras adquirir una Rieju Aventura 500 Legend, una trail que compró en junio de 2025 después de meses esperando su lanzamiento. En apenas tres meses, asegura haber sufrido varios fallos mecánicos, una fuga de frenos y un accidente, lo que finalmente le llevó a vender la moto.
La ilusión de una trail pensada para viajar
El 27 de junio de 2025 fue el día en el que recogió la moto en el concesionario. Desde que el modelo salió al mercado había seguido su evolución con interés y llevaba tiempo ahorrando para dar el salto desde una 125 cc a una moto de mayor cilindrada.
Uno de los aspectos que más le atraían de esta trail era su enorme autonomía. La moto cuenta con un sistema de doble depósito que suma hasta 40 litros de combustible, lo que permite recorrer largas distancias sin preocuparse por repostar.
Según explica, el planteamiento del modelo le parecía muy atractivo: una moto sencilla, con poca electrónica y pensada para viajar.
Pero los problemas aparecieron prácticamente desde el primer día.
Los primeros fallos tras recoger la moto
Nada más salir del concesionario, detectó que el indicador del depósito delantero de combustible parpadeaba, incluso con el depósito lleno. Inicialmente pensó que podía deberse a que el depósito trasero no estaba lleno, por lo que no le dio demasiada importancia.
La sorpresa llegó dos días después, cuando la moto no arrancaba. Tras llenar el segundo depósito, el sistema cambió de tanque y la moto volvió a funcionar.
Durante la primera revisión, con apenas 511 kilómetros, el taller detectó el origen del problema: un conector del depósito estaba suelto, probablemente desde fábrica o durante el transporte.
El problema se solucionó rápidamente, pero no sería el último.
Una fuga de gasolina y otras averías
A finales de julio, con casi 3.000 kilómetros, apareció un nuevo fallo. La moto comenzó a perder gasolina por el grifo que gestiona el cambio entre depósitos.
El taller gestionó la reparación en garantía y sustituyó la pieza. Según le explicaron, no era el primer caso que veían con ese problema en este modelo.
Tras la reparación, el motorista siguió utilizando la moto con normalidad e incluso realizó viajes largos como la Transpirenaica, una ruta muy popular entre los aficionados al trail.
Sin embargo, los problemas volvieron a aparecer meses después.
El caballete roto y fallos en el indicador de marchas
En octubre, con algo más de 8.500 kilómetros, detectó que el caballete central se había partido por la mitad, algo que le sorprendió porque asegura no haberlo forzado.
A ese fallo se sumó otro problema: el indicador de marcha comenzó a mostrar información incorrecta, marcando punto muerto o marchas distintas a las que realmente estaba engranando.
Todos estos fallos comenzaron a generar dudas sobre la fiabilidad de la moto.
Pero el incidente más grave estaba todavía por llegar.
Una fuga de frenos en plena ruta
El 11 de octubre, durante una ruta con amigos en un puerto del norte de Navarra, el motorista detectó algo muy preocupante: el freno delantero había dejado de funcionar.
Un compañero que circulaba detrás observó que salía líquido de frenos de la moto. Al revisar el sistema comprobaron que el latiguillo del freno delantero estaba perdiendo líquido, dejando prácticamente vacío el depósito.
A pesar del problema, pudo regresar a casa utilizando únicamente el freno trasero.
En el taller detectaron el origen del fallo: al comprimirse la suspensión delantera, el latiguillo se doblaba junto a la horquilla, lo que con el tiempo terminó provocando una rotura.
El concesionario realizó una modificación para evitar que el tubo volviera a doblarse.
Pérdida de confianza y accidente
Tras el fallo en los frenos, el propietario decidió ponerse en contacto con Rieju para reclamar una solución más contundente, como el cambio de la unidad o la devolución del vehículo.
Desde la marca le recordaron que la moto estaba cubierta por garantía, por lo que las reparaciones debían gestionarse por esa vía.
Sin embargo, el motorista asegura que, tras tantos fallos acumulados —y especialmente el relacionado con los frenos— había perdido la confianza en la moto.
Días después, durante otra ruta, sufrió una caída en una curva a unos 50 km/h tras notar que la rueda trasera se bloqueaba. Posteriormente comprobó que el freno trasero tampoco funcionaba correctamente.
El accidente no fue grave, pero terminó por convencerle de que debía desprenderse de la moto.
Una solución entre el taller y el cliente
Finalmente, el concesionario gestionó la tasación de la moto, mientras que la marca ofreció una sobretasación de 500 euros. Con esa ayuda y la propuesta del propio taller, el motorista pudo cambiar su moto por otro modelo aportando la diferencia económica.
A pesar del conflicto con la marca, el creador quiso destacar el trato recibido por parte del concesionario, al que agradeció la atención y el apoyo durante todo el proceso.
La experiencia, explica, le ha dejado una reflexión clara: más allá de las prestaciones o el diseño, la confianza y la seguridad son fundamentales cuando se trata de una motocicleta.