El buggy más premium se llama Meyers Manx y es un trotacaminos
En los años 60, Bruce F. Meyers cambió para siempre el concepto de diversión sobre arena al crear el primer buggy sobre base Volkswagen. Aquella idea sencilla, ligera y casi artesanal dio origen a Meyers Manx, una marca que convirtió las dunas de California en su patio de recreo y que, décadas después, sigue viva.
Ahora, esa herencia se cruza con uno de los nombres más respetados del universo Porsche: Tuthill Porsche. El resultado no es un buggy más. Es el Meyers Manx LFG, siglas de Load Fast Gone, un artefacto que mezcla nostalgia, carbono y tecnología de rally.
De icono playero a prodigio en fibra de carbono
El LFG no es un buggy reinterpretado; es un buggy reinventado. Está construido en fibra de carbono, lo que reduce peso y eleva rigidez a niveles impensables en los Manx originales.

Aunque en las imágenes aparece con habitáculo cerrado, el techo puede desmontarse en segundos para recuperar la esencia abierta que todos asociamos a los buggy clásicos.
Y hay un detalle que marca un antes y un después: por primera vez un Meyers Manx incorpora climatización. El espíritu aventurero sigue intacto, pero el confort ya no es opcional. El interior ofrece las comodidades propias de un coche moderno, alejándose del minimalismo espartano de los años 60.
Motor trasero y hasta 350 CV: ADN Porsche sin complejos
Fiel a la tradición, el motor va en posición trasera. Los clientes podrán elegir entre distintas mecánicas disponibles en Tuthill, pero el corazón más representativo es el mítico “K” del preparador británico.
Hablamos de un 3.1 litros, cuatro válvulas por cilindro, capaz de girar hasta 11.000 rpm y entregar 350 CV. Para un vehículo ultraligero con carrocería de carbono, la cifra no es simplemente alta: es descomunal.
La transmisión es secuencial de seis velocidades y la tracción es a las cuatro ruedas, apoyada por tres diferenciales de deslizamiento limitado. La suspensión es independiente en ambos ejes y equipa amortiguadores regulables en cinco posiciones con topes hidráulicos. Los neumáticos, firmados por BF Goodrich, están pensados tanto para dunas desérticas como para terreno rocoso.
No es un juguete para pasear por la playa. Es un arma de alto rendimiento con ADN de competición.
Una compra que incluye seis años de aventuras
El Meyers Manx LFG no se venderá como un coche convencional. Solo se fabricarán 100 unidades, y cada propietario no solo adquiere el vehículo, sino un programa exclusivo de experiencias durante seis años.

La primera cita ya tiene fecha: 2027, con el LFG Baja Tour, que celebrará el 50º aniversario de la victoria de Meyers Manx en la primera Mexican 1000, hoy conocida como la Baja 1000.
Es decir, el LFG no se concibe como pieza de colección estática, sino como pasaporte a expediciones cuidadosamente diseñadas por todo el mundo.
El buggy que estaba escrito en el destino
Desde Tuthill hablan de una colaboración que “parecía estar en el destino”. Y tiene sentido. Por un lado, una marca que inventó el buggy moderno. Por otro, uno de los mejores especialistas del mundo en extraer rendimiento, restaurar y reinterpretar modelos Porsche.
El resultado es un vehículo que respeta la silueta icónica del Manx original, pero que lo traslada a un plano tecnológico completamente nuevo: carbono, 350 CV, tracción total y enfoque global de aventura.
El precio no se ha comunicado, pero no será un detalle menor. Aun así, para los cien afortunados que consigan una unidad, el verdadero valor no estará solo en la exclusividad, sino en las emociones prometidas durante al menos seis años.
El espíritu libre de los 60 ha evolucionado. Ahora acelera hasta 11.000 rpm.