Le persigue la Policía durante cuatro condados… ¡y él mismo se entrega en redes!
Estamos acostumbrados a ver en Estados Unidos persecuciones que parecen sacadas de una película. Coches de Policía con las luces y las sirenas, helicópteros siguiendo desde el cielo a un sospechoso que intenta escapar, agentes hablando por radio, patrullas intentando cerrar las salidas y una cámara aérea siguiendo cada movimiento desde arriba. Y muchas veces, después de varios kilómetros, el coche acaba contra una valla, el sospechoso sale corriendo y los agentes terminan echándole el guante. Pero esta historia es diferente. Porque el motorista consiguió escapar. Sí. Se escapó. La Policía no consiguió detenerlo aquel día. Pero el problema para él fue que, después de conseguir escapar, tuvo una idea todavía peor que la de salir huyendo: contarlo en las redes sociales.
El protagonista de esta historia es Stevens Marin Pantojas, de 42 años, un motorista de Florida que el pasado mes de junio consiguió poner tierra de por medio cuando los agentes intentaron detenerlo durante una operación de tráfico. Pantojas iba en moto y, cuando los agentes le dieron el alto, decidió hacer lo que probablemente era la peor decisión posible: abrir gas y marcharse. La persecución se prolongó durante cuatro condados. Cuatro. No estamos hablando de una vuelta a la manzana. Estamos hablando de una huida que atravesó una parte importante del territorio, mientras los agentes intentaban seguir sus movimientos.
Y entonces apareció el helicóptero. En Estados Unidos estamos acostumbrados a verlos. Desde el aire, los helicópteros policiales son una herramienta impresionante. Mientras las patrullas terrestres tienen que seguir la carretera, el helicóptero puede mantenerse arriba, observar desde una posición privilegiada y seguir los movimientos del sospechoso sin necesidad de entrar en una persecución a toda velocidad. Para el motorista, eso significa que aunque consiga perder a un coche patrulla de vista, hay alguien arriba que sigue sabiendo dónde está.
Pero aquel día Pantojas consiguió escapar. Los agentes no consiguieron detenerlo. Y seguramente ahí pensó que había ganado. Que había sido más rápido. Que había sido más listo. Que había conseguido dejar atrás a la Policía. Y posiblemente también pensó que la historia había terminado.
Pero no. Porque la historia acababa de empezar.
Y entonces nuestro protagonista hizo algo que todavía cuesta entender. Empezó a publicar en redes sociales imágenes relacionadas con aquella persecución. Sí. El mismo hombre que acababa de escapar de la Policía decidió enseñar al mundo lo que había hecho.
Y ahí es donde la película empieza a ponerse realmente divertida. Porque una cosa es que la Policía no sepa quién eres. Y otra muy diferente es que tú mismo empieces a subir vídeos en los que prácticamente estás diciendo: «Hola, soy yo. Este es el que estabais buscando».
Los investigadores comenzaron a revisar las publicaciones y encontraron imágenes que podían relacionar al motorista con aquella persecución. Pero todavía había más. Durante la huida, Pantojas había parado a repostar. Y esa parada dejó otra huella: una transacción en una gasolinera, un recibo, una hora, un lugar. Una pieza más del puzle.
Y poco a poco, lo que parecía una persecución que había terminado con un motorista escapando se convirtió en una investigación para averiguar quién era aquel hombre. La Policía ya no tenía que perseguirlo por la carretera. Ahora tenía que buscarlo.
Y aquí hay una cosa que tiene este país: muchísimo dinero y muchísimos medios para buscarte. Helicópteros, patrullas, cámaras, unidades especializadas, tecnología, investigadores… Puedes conseguir escapar de una persecución, pero eso no significa que hayas desaparecido. En Estados Unidos, cuando la Policía decide encontrarte, tiene recursos para seguir tirando del hilo hasta saber quién eres y dónde estás. Y nuestro amigo, además, les estaba dejando el hilo prácticamente enrollado y preparado.
Porque mientras tanto, el propio motorista iba dejando información en Internet.
Es difícil imaginar una manera más absurda de complicarse la vida. Te escapas. Te vas a casa. Guardas silencio. Y quizá, con mucha suerte, nadie consigue averiguar quién eres.
Pero no.
Decides sacar el teléfono. Publicar las imágenes. Enseñar la persecución. Presumir de haber escapado. Y dejar que miles de personas vean exactamente lo que has hecho.
Es como atracar un banco y después subir una foto con el dinero y la ubicación. No parece una estrategia especialmente brillante.
Y lo más sorprendente es que estamos hablando de un hombre de 42 años. No de un chaval de 18 años que acaba de descubrir que una moto acelera y piensa que es invencible. A los 42 años uno debería saber que las decisiones tienen consecuencias. Y sobre todo debería saber que una cosa es escaparte de una patrulla y otra muy distinta es intentar borrar después las huellas.
Porque las huellas estaban por todas partes. Las redes sociales. Las imágenes. La gasolinera. La transacción. Y la propia investigación policial.
Finalmente, los investigadores consiguieron identificar a Pantojas y se emitió una orden de arresto. El hombre que había conseguido escapar durante aquella persecución de cuatro condados terminó siendo localizado posteriormente.
Y ahora se enfrenta a un cargo de reckless fleeing (huida temeraria de la Policía). En Florida, cuando la huida se realiza a alta velocidad o mostrando un desprecio deliberado por la seguridad de otras personas o propiedades, puede convertirse en un delito grave de segundo grado.
La pena prevista para ese delito puede llegar a 15 años de prisión y 10.000 dólares de multa. Eso, evidentemente, es el máximo legal. No significa que Pantojas vaya a recibir 15 años. Será el proceso judicial el que determine qué pena corresponde en función de las circunstancias concretas, las pruebas y sus antecedentes, si los hubiera.
Pero la posibilidad está ahí.
Y todo por una decisión que comenzó con algo tan sencillo como no querer parar. Y después, por otra decisión todavía más difícil de entender: querer presumir de ello.
Porque esa es la parte de la historia que más me llama la atención.
Vivimos en una época en la que parece que necesitamos grabarlo todo. Hacemos un caballito y lo grabamos. Hacemos una aceleración y la grabamos. Nos vamos de ruta y la grabamos. Hacemos una barbaridad y la grabamos. Y si conseguimos escapar de la Policía… también lo grabamos.
Parece que si no lo enseñamos en Internet, no ha ocurrido. Y necesitamos que alguien nos diga que somos unos fenómenos. Que somos unos cracks. Que qué rápido. Que qué huevos.
Hasta que llega la realidad.
Y la realidad es que un helicóptero puede seguirte. Una cámara puede grabarte. Una gasolinera puede registrar tu paso. Una tarjeta puede registrar una compra. Y una red social puede guardar durante años aquello que tú creías que era una simple fanfarronada.
Pantojas consiguió escapar aquel día. Pero no consiguió escapar de su propia huella digital.
Y esa es la parte que me parece más increíble.
La Policía no lo cogió aquel día. Fue él mismo quien, con sus publicaciones, les dio las herramientas para empezar a buscarlo.
La persecución terminó en la carretera. Pero para él, la persecución continuó mucho después. Y probablemente duró bastante más de lo que imaginaba.
Porque cuando crees que has ganado porque has dejado atrás a los coches patrulla, quizá deberías mirar un poco más arriba. Y también un poco más abajo.
Arriba está el helicóptero.Abajo está el asfalto.
Y en tu bolsillo…
está el teléfono que puede acabar contando toda la historia.
Así que la próxima vez que alguien me diga que una moto rápida sirve para escapar de la Policía, yo le diré que quizá pueda servir para ganar unos kilómetros. Pero no sirve para escapar de una investigación. Y mucho menos si eres tú mismo quien va dejando las pistas.
Porque al final Stevens Marin Pantojas no necesitó que la Policía le siguiera durante cuatro condados para encontrarlo.
Después de escaparse, fue él mismo quien les enseñó el camino.
Todo un Lumbreras, empezando por escaparse y después por contarlo.
LUIKE/ EL MOTERO
Toñejo Rodriguez