SUPERCROSS

Eli Tomac, 17 años haciendo historia

Eli Tomac

Hay cosas que uno no puede negar. Y yo, además, no quiero hacerlo: soy un auténtico enamorado del motocross. Fue el primer deporte de motor que hice en mi vida. Antes de aprender a verlo desde fuera, aprendí a vivirlo desde dentro. He corrido carreras, me he llenado de barro, me he caído, me he levantado y he vuelto a salir. He pasado nervios, he disfrutado y, sobre todo, he sido feliz encima de una moto.

Porque el motocross no es solamente diversión. Para mí ha sido mucho más que eso. Ha sido uno de los deportes con los que más he disfrutado en mi vida. Por eso sigo las carreras con una pasión que no ha cambiado con los años. No me salto una. Las veo, las analizo, las vivo. Y cuando puedo, voy a verlas en directo. Porque todavía hoy, cuando veo a un piloto entrar pasado en una curva, buscar una rodera, saltar una meseta o apoyar la rueda contra el peralte como si estuviera pegado a él, mi cabeza hace algo extraño: vuelve atrás.

Vuelve a cuando yo estaba encima de una moto. Y entonces entiendo muchas cosas que quizá desde fuera no se ven. Entiendo lo que siente un piloto cuando la moto se mueve debajo de él. Entiendo ese instante en el que sabes que has entrado demasiado rápido pero ya no puedes levantarla. Entiendo una caída. Entiendo levantarse. Y entiendo, sobre todo, esa sensación inexplicable de volver a dar gas después de haberte llevado un buen golpe.

Porque eso es el motocross. Y eso es lo que hace que quienes hemos corrido una carrera entendamos a estos tipos de una manera diferente.

Ahora que sabemos que el número 3 ha decidido poner punto final a su carrera profesional después de la temporada 2026, cuesta no sentir cierta tristeza. Eli Tomac lleva 17 temporadas compitiendo al máximo nivel y ha construido una de las carreras más impresionantes que ha visto el motocross y el Supercross estadounidense. Su despedida llegará después de los tres últimos rounds de los playoffs de SMX, con la gran final prevista para el 26 de septiembre en Ridgedale, Missouri.

Y cuando digo impresionante no estoy hablando solamente de títulos. Estoy hablando de presencia. De esos pilotos que, cuando aparecen en la parrilla, hacen que uno deje de hablar. De esos que cuando empiezan a remontar te hacen levantarte de la silla. De esos que te hacen pensar: cuidado, que este tío acaba de despertar.

Tomac ha ganado dos campeonatos AMA Supercross 450SX, en 2020 y 2022, y cuatro títulos AMA Pro Motocross 450MX, en 2017, 2018, 2019 y 2022. A ellos hay que añadir sus títulos de 250SX West de 2012 y 250MX de 2013. También fue campeón del mundo de Supercross en la categoría SX1 en 2024 y lideró a Estados Unidos hasta la victoria en el Motocross de las Naciones de 2022.

Pero los números, por impresionantes que sean, solamente cuentan una parte de la historia. Porque hay pilotos que ganan carreras. Y hay pilotos que dejan recuerdos. Tomac pertenece a los segundos.

Si existe un escenario que pueda resumir la carrera de Eli Tomac, probablemente sea Daytona. Allí no solamente ganó. Allí construyó una leyenda. Tomac posee el récord absoluto de victorias en el Daytona Supercross: ocho. La primera llegó en 2016 y después fueron llegando una tras otra hasta alcanzar las ocho en 2026.

Ocho veces. Daytona es uno de esos circuitos que no perdona. La arena, los saltos, las frenadas, las roderas, la velocidad y ese ambiente especial convierten cada carrera en algo diferente. Y Tomac allí parecía tener una relación especial con la pista.

En 2022 se convirtió en el piloto con más victorias en la historia del Daytona Supercross, superando las seis que tenía Ricky Carmichael. Y cuatro años después, en 2026, volvió a hacerlo. Con una carrera ya escrita en letras enormes. Como si necesitara recordarnos una última vez quién era el dueño de Daytona.

Pero si tuviera que elegir una sola palabra para definir a Tomac, probablemente no sería campeón. Sería piloto. Porque los títulos cuentan una parte de la historia, pero no cuentan lo que ocurre cuando un hombre se pone el casco.

No cuentan las horas de entrenamiento. No cuentan las caídas. No cuentan las lesiones. No cuentan los días malos. No cuentan las veces que un piloto llega a casa preguntándose qué ha hecho mal. Ni cuentan las veces que al día siguiente vuelve a ponerse las botas.

Eso es motocross. Y eso es lo que hace que quienes hemos corrido una carrera entendamos a estos tipos de una manera diferente. Cuando vemos a Tomac entrar en una curva completamente inclinado, no vemos solamente una maniobra espectacular. Vemos todo lo que hay detrás. Vemos años. Vemos sacrificio. Vemos talento. Vemos trabajo. Y vemos esa capacidad que tienen los grandes pilotos para hacer que lo imposible parezca sencillo.

Hay algo que me gusta especialmente de esta historia. Que todavía no ha terminado. Tomac no se baja hoy de la moto. Todavía nos quedan tres carreras para disfrutar de él en los playoffs de SMX. Tres oportunidades. Tres fines de semana para mirar la parrilla y buscar ese número 3. Para esperar que salga bien. Para verle pelear. Para disfrutarlo.

Para hacer algo que hemos hecho durante tantos años: sentarnos delante de una carrera y esperar que Eli Tomac vuelva a hacer una de esas cosas que solamente hacen los elegidos. Porque además, este 2026 no está siendo un año de despedida tranquila. Tomac ha ganado cuatro carreras principales de 450SX esta temporada con Red Bull KTM Factory Racing.

Es decir, se va porque ha decidido que ha llegado el momento. No porque el motocross le haya echado. Y esa diferencia es enorme.

Los que llevamos muchos años siguiendo este deporte empezamos a conocer una sensación que no nos gusta demasiado. Nuestros pilotos se van. Pilotos que hemos visto crecer. Pilotos que nos hicieron madrugar. Pilotos que nos hicieron gritar delante de un televisor. Pilotos que nos hicieron levantarnos de la silla. Pilotos que nos hicieron sentir que nosotros también estábamos allí.

Y ahora le toca a Eli. Hace unos días leía algo que me pareció precioso. Un chico contaba que empezó a seguir el motocross cuando tenía ocho años. Ahora tiene quince y decía que su piloto favorito era Eli Tomac. Siete años. Toda una vida para un niño.

Y ahí está precisamente la grandeza de este deporte. Nosotros tuvimos nuestros pilotos. Él tiene los suyos. Y mañana serán otros niños los que crecerán viendo a los que ahora llegan.

Eso es lo maravilloso del motocross. Los pilotos cambian. Las motos cambian. Los circuitos cambian. Las generaciones cambian. Pero la pasión permanece.

Siempre habrá una parrilla. Siempre habrá una salida. Siempre habrá una primera curva en la que veinte pilotos llegarán juntos y alguno pensará que quizá está un poco loco por hacer aquello. Y siempre habrá alguien sentado delante de una pantalla, con el corazón acelerado, pensando: vamos, vamos, vamos…

Querido Eli: no quiero decirte adiós todavía. Todavía nos quedan tres carreras. Así que prefiero decirte gracias.

Gracias por todas las carreras. Gracias por los saltos. Gracias por las remontadas. Gracias por las victorias. Gracias por Daytona. Gracias por esos momentos en los que conseguiste que miles de personas se levantaran de sus asientos.

Gracias por haber formado parte de la historia de un deporte que para muchos de nosotros no es solamente un deporte. Es una forma de entender la vida.

Yo no puedo mirar una carrera de motocross sin recordar lo que sentía cuando estaba encima de una moto. El barro. El ruido. La adrenalina. La velocidad. La caída. El volver a levantarse. Y esa felicidad que solamente entiende quien alguna vez ha dado gas con una moto de motocross y ha sentido que, durante unos segundos, el mundo entero desaparecía.

Por eso, cuando te vea en estas últimas carreras, no estaré pensando solamente en tus títulos. Estaré pensando en el piloto. En el hombre que se puso un casco durante 17 temporadas y decidió enfrentarse una y otra vez al mismo desafío: ser más rápido que los demás.

Y cuando llegue ese último salto, esa última bandera a cuadros y ese último día en el que el número 3 deje de aparecer en una parrilla profesional, seguramente habrá un momento de silencio. Porque se habrá terminado una época.

Pero no se habrá terminado el motocross.

Tenemos pilotos para seguir disfrutando. Tenemos carreras. Tenemos circuitos. Tenemos barro. Tenemos saltos. Tenemos roderas. Tenemos esa primera curva que todavía consigue ponernos los pelos de punta.

Y tenemos algo todavía más importante: tenemos una nueva generación que ya está mirando a los que vienen detrás.

Así funciona nuestro deporte. Así continúa. Así debe continuar.

Y a ti, querido Eli Tomac, solamente puedo desearte una cosa: que sigas siendo feliz. Que sigas disfrutando de las motos, aunque sea de otra manera. Que sigas disfrutando de tu familia, de la vida y de todo aquello que durante tantos años te has ganado a base de gas, esfuerzo, sacrificio y pasión.

Porque has ganado carreras, campeonatos y, sobre todo, algo que no aparece en ninguna estadística: el cariño y la admiración de quienes amamos este deporte.

Ahora toca despertar para vivir.

Pero antes… déjanos disfrutar un poquito más de ti.

Nos vemos en la pista, Mister Tomac.

Y gracias.

Gracias por hacernos felices.

LUIKE/El MOTERO
Toñejo Rodriguez