El jefe de helicópteros de la DGT dice los "tipos" de coches que más multan... y también cobran estas motos
Los helicópteros de la DGT han vuelto al cielo y con ellos ha regresado una vigilancia que incomoda a muchos conductores, pero que también está dejando una reflexión de fondo mucho más seria: hay vehículos modernos que corren tanto, aceleran tan fácil y aíslan tanto del exterior que hacen que la velocidad real quede completamente disfrazada.
Eso es, precisamente, lo que ha deslizado Alejandro Suárez, responsable de Medios Aéreos de la DGT, al explicar cómo trabajan desde el aire y qué tipo de conductas siguen detectando cada semana en carretera. El mensaje es claro: no solo preocupa el conductor que pisa a conciencia, también el que se descontrola dentro de un coche moderno y termina circulando a velocidades disparatadas casi sin percepción real de peligro.
Los helicópteros vuelven a cazar excesos de velocidad
Después de casi un año con problemas logísticos y falta de pilotos, una decena de helicópteros de la DGT ha vuelto a operar con normalidad de la mano de una nueva adjudicataria. Su función no es menor: detectar desde el aire conductas peligrosas, desde el uso del móvil o la falta de cinturón hasta los excesos de velocidad más graves.
Pero sancionar no es tan simple como ver un coche correr. Para que una multa por velocidad sea válida, el vehículo debe ser seguido durante unos 10 segundos con el sistema de medición. Solo así la prueba puede sostenerse ante un juez. Ahí entran en juego dos figuras clave: el piloto y el operador de cámara, que son quienes convierten una sospecha visual en una infracción demostrable.
El problema de los coches que corren “demasiado fácil”
La reflexión más llamativa de Suárez tiene que ver con las llamadas “grandes marcas” y con una realidad que cada vez se repite más en carretera: coches capaces de superar los 200 km/h en muy poco tiempo, con un nivel de aislamiento tan alto que dentro del habitáculo apenas hay ruido, vibraciones ni sensación de esfuerzo.
Y ahí aparece el verdadero riesgo. El conductor siente que va rápido, sí, pero no tanto como realmente va. La percepción se deforma. El coche filtra tanto el exterior que circular a 170, 180 o 190 km/h deja de parecer una barbaridad y pasa a sentirse como una velocidad “alta, pero asumible”. Esa es, seguramente, una de las trampas más peligrosas del automóvil moderno.
Porque el problema no siempre es la intención. A veces es la facilidad.
Desde el aire se ve enseguida quién va desmadrado
Según explica el responsable de Medios Aéreos, desde el helicóptero es relativamente sencillo detectar qué vehículos van “desmadrados”. Hay una forma de moverse, una lectura del tráfico, una diferencia de ritmo respecto al resto que se aprecia rápido desde arriba. Otra cosa es sancionarlo, porque para eso hace falta la medición formal.
Pero la idea de fondo ya está encima de la mesa: la carretera actual mezcla coches cada vez más refinados, más potentes y más rápidos con conductores que, en muchos casos, subestiman la velocidad real a la que circulan.
No solo pasa con los coches: también ocurre con las motos grandes de hoy
Y aquí aparece un punto que pocas veces se dice de forma tan clara: lo mismo que está ocurriendo con muchos coches de alta gama puede pasar perfectamente con las motos modernas de alta cilindrada.
Durante años, una moto rápida imponía respeto inmediato: vibraciones, ruido, protección aerodinámica limitada y una sensación física de velocidad mucho más directa. Pero las motos actuales han cambiado mucho. Hoy hay maxitrail, sport-turismo, naked premium y deportivas de más de 120, 150 o incluso 200 CV que aceleran de forma salvaje, pero con una finura mecánica y una estabilidad que pueden engañar.
En muchas de ellas, el motor empuja con una facilidad tremenda desde abajo, la electrónica suaviza reacciones, las suspensiones filtran muchísimo mejor y la protección aerodinámica hace que el piloto no perciba de inmediato la magnitud real de la velocidad. El resultado puede ser muy parecido al que describe la DGT en los coches: una máquina refinada que te deja ir muchísimo más rápido de lo que crees.
La falsa sensación de control es parte del peligro
Ese es, probablemente, el centro del problema. No es solo que haya vehículos muy rápidos. Es que son vehículos que disimulan muy bien lo rápido que van.
En un coche premium moderno, la insonorización y el confort hacen el resto. En una moto de alta cilindrada actual, el empuje lineal, las ayudas electrónicas, el control de tracción, las suspensiones semiactivas y la gran estabilidad convierten velocidades altísimas en algo aparentemente natural. Hasta que aparece una curva, un coche que cambia de carril o un imprevisto que recuerda que la física sigue siendo la misma.
La DGT insiste: las multas forman parte del sistema
Suárez no esconde que las multas son una herramienta necesaria. No como fin en sí mismo, sino como parte del sistema para corregir comportamientos. Desde el aire siguen viendo auténticas barbaridades: gente sin cinturón, niños mal colocados dentro del coche y conductores a velocidades absolutamente incompatibles con la seguridad vial.
Y ahí es donde los helicópteros vuelven a tener sentido. No solo cazan infracciones. También reintroducen una idea que muchos habían olvidado: por muy refinado, silencioso y cómodo que sea un vehículo, sigue siendo igual de peligroso cuando se circula muy por encima de lo razonable.
El lujo mecánico también puede ser una trampa
La gran conclusión es incómoda, pero bastante evidente. Cuanto mejores son los coches y las motos, más fácil resulta caer en una falsa confianza. Y cuanto más fácil es correr sin darte cuenta, más necesario se vuelve recordar que la carretera no perdona.
Los coches de alta gama pueden plantarse a 190 km/h con una naturalidad inquietante. Y muchas motos modernas de alta cilindrada también pueden hacerlo con una facilidad que hace apenas unos años parecía impensable. Por eso el problema ya no es solo la potencia. El problema es la combinación de potencia, refinamiento y pérdida de percepción.
Y ahí, ni el lujo ni la tecnología protegen de la realidad: cuando la velocidad se dispara, el riesgo también.