GUARDIA CIVIL

Decenas de motoristas de la Guardia Civil aparecen juntos en una gasolinera: no es un macrocontrol

Muchos guardias civiles de tráfico reunidos en una gasolinera.

Llegas a una estación de servicio y te encuentras varias decenas de motocicletas de la Guardia Civil estacionadas alrededor de los surtidores.

La primera reacción de más de un conductor probablemente sería revisar instintivamente si lleva todos los papeles en regla.

Pero una concentración de estas características no tiene por qué significar que se esté preparando un gran dispositivo de multas.

En este caso la explicación está en Mérida, donde se encuentra la Escuela de Tráfico de la Guardia Civil y donde los futuros motoristas del cuerpo reciben una preparación bastante más exigente que simplemente aprender a manejar una motocicleta grande.

El ejercicio reúne un total de 50 motos de la Agrupación de Tráfico para realizar aproximadamente 1.400 kilómetros en solamente tres días.

Son futuros motoristas de Tráfico

La actividad forma parte de la fase final del X Curso de la Especialidad de Tráfico, modalidad motorista.

Es decir, muchos de los agentes que aparecen sobre estas motos todavía están completando la formación que necesitan para ejercer posteriormente como motoristas de la Agrupación de Tráfico.

Según la información difundida por la propia Guardia Civil, el objetivo es llevarlos fuera del entorno controlado de la escuela para enfrentarlos a carreteras reales, tráfico real y jornadas prolongadas sobre la motocicleta.

No basta con saber realizar maniobras lentas entre conos.

Un motorista de Tráfico puede pasar muchas horas seguidas sobre la moto, circular con lluvia, atravesar carreteras secundarias, intervenir en accidentes o tener que moverse rápidamente entre vehículos.

La prueba intenta reproducir una parte de esas situaciones antes de que los alumnos se incorporen definitivamente al servicio.

1.400 kilómetros atravesando cinco provincias

La ruta parte de la Escuela de Tráfico de Mérida, en Badajoz.

Desde allí, el convoy recorre carreteras de Badajoz, Cáceres, Ávila, Toledo y Madrid durante tres jornadas consecutivas.

Son aproximadamente 1.400 kilómetros.

Eso supone una media cercana a los 470 kilómetros diarios, aunque evidentemente la distancia no se reparte necesariamente de forma idéntica en cada etapa.

Y no hablamos de viajar tranquilamente en un grupo de amigos.

Los alumnos tienen que mantener formación, respetar protocolos, adaptarse a situaciones de circulación cambiantes y conservar la concentración durante buena parte del día.

Son 37 alumnos, pero salen 50 motocicletas

Hay un detalle que puede generar confusión al ver las imágenes.

Las informaciones locales hablan de 37 alumnos, pero la comitiva está formada por alrededor de 50 motocicletas. La diferencia se explica porque los aspirantes no viajan solos: están acompañados por profesores e instructores de la Escuela de Tráfico.

La imagen, por tanto, puede ser bastante espectacular.

Una fila de 50 motos oficiales circulando juntas o entrando prácticamente al mismo tiempo en una estación de servicio no es precisamente algo que un conductor vea todos los días.

Pero detrás hay un motivo formativo.

También viajan un taller y una ambulancia

El operativo tampoco está compuesto exclusivamente por motocicletas.

El convoy cuenta con diferentes vehículos de apoyo, entre ellos un furgón taller y una ambulancia de soporte vital básico.

Tiene lógica.

Un recorrido de 1.400 kilómetros con medio centenar de motocicletas implica neumáticos, posibles averías, incidencias mecánicas y, por supuesto, el riesgo inherente a cualquier ejercicio intensivo realizado en carretera.

El furgón permite solucionar determinados problemas sin detener toda la actividad, mientras que la ambulancia aporta cobertura sanitaria durante la ruta.

No están aprendiendo simplemente a “llevar una moto”

La propia Guardia Civil divide los objetivos del ejercicio en varios apartados.

Uno es el perfeccionamiento técnico de la conducción, enfrentando al alumno a diferentes carreteras y condiciones meteorológicas.

Otro es aprender los protocolos de circulación propios de la especialidad y el movimiento seguro de grupos numerosos de motocicletas.

También existe un componente que resulta menos visible desde fuera: mantener concentración, serenidad y capacidad de respuesta después de muchas horas conduciendo.

Eso es especialmente relevante para un trabajo en el que el agente puede comenzar una jornada patrullando con normalidad y terminar interviniendo minutos después en un accidente grave.

Las motos siguen siendo fundamentales para la Guardia Civil

Aunque los coches patrulla disponen actualmente de todo tipo de tecnología, la motocicleta continúa teniendo una ventaja difícil de sustituir.

Puede desplazarse con mucha más facilidad cuando existe congestión, alcanzar rápidamente un incidente, moverse entre vehículos y detenerse en lugares donde un turismo tiene muchas más dificultades.

La propia DGT describe a sus motoristas como uno de los medios más ágiles de la Agrupación de Tráfico para realizar labores de vigilancia, auxilio y regulación de la circulación.

Además, en los últimos años se han incorporado incluso motos camufladas, utilizadas para detectar infracciones que resultan más difíciles de observar desde vehículos perfectamente identificados.

El curso termina antes de que puedan incorporarse a las unidades

Completar estos 1.400 kilómetros no significa que el alumno termine el recorrido y automáticamente salga al día siguiente a multar conductores.

La marcha forma parte de los últimos ejercicios prácticos del curso.

La finalización oficial estaba programada para el 30 de abril de 2026 en Mérida, momento en el que los alumnos recibirían la titulación correspondiente.

Ese título les habilita posteriormente para solicitar un cambio de destino e incorporarse a unidades de la Agrupación de Tráfico de la Guardia Civil.

Es decir, muchos de los agentes que realizan actualmente este tipo de rutas serán quienes después veremos patrullando las carreteras españolas sobre sus motocicletas oficiales.

Antes de vigilar a otros motoristas tienen que demostrar que saben conducir

Existe además cierta lógica en exigir una formación especialmente exigente.

La Guardia Civil controla precisamente a un colectivo, el de los motoristas, en el que la técnica de conducción y la anticipación son especialmente importantes.

Un agente debe manejar motocicletas grandes y pesadas en todo tipo de circunstancias.

Tiene que poder detenerse y arrancar continuamente, circular despacio entre vehículos, realizar maniobras con equipamiento policial, soportar muchas horas de servicio y mantener suficiente margen para reaccionar ante situaciones imprevistas.

Por eso la formación no termina dentro de un circuito cerrado.

La fase final consiste precisamente en salir a la carretera y acumular kilómetros.

Y muchos.

Así que tranquilo si los encuentras en la gasolinera

Una concentración de decenas de motocicletas verde y blanco puede imponer bastante.

Especialmente si acabas de entrar en una estación de servicio y de repente descubres medio centenar de motoristas de Tráfico a tu alrededor.

Pero no necesariamente están allí esperando al siguiente conductor que cometa una infracción.

En ocasiones simplemente están haciendo exactamente lo mismo que cualquier grupo que lleva cientos de kilómetros encima:

parar, repostar y continuar la ruta.

Solo que para ellos esos 1.400 kilómetros forman parte del examen antes de convertirse definitivamente en motoristas de la Guardia Civil de Tráfico.