GUARDIA CIVIL

La DGT "vende" a sus guardia civiles de tráfico en moto por la obligación que entra el 1 de octubre

Un presunto guardia civil de tráfico camuflado

El objetivo de una moto camuflada de la Guardia Civil es bastante sencillo: que cuando la veas por el retrovisor no sepas que encima va un agente.

Sin colores oficiales.

Sin grandes distintivos.

Sin una motocicleta que pueda identificarse inmediatamente como perteneciente a la Agrupación de Tráfico de la Guardia Civil.

Precisamente esa discreción permite detectar determinadas infracciones que probablemente algunos conductores no cometerían si supieran que están circulando delante de un agente.

Pero el nuevo Reglamento General de Circulación, que entra en vigor el próximo 1 de octubre, puede generar una situación bastante peculiar.

Porque establece que quienes trabajen profesionalmente sobre determinadas motos deberán circular con un chaleco reflectante puesto.

Y el BOE no incluye, al menos expresamente, una excepción específica para agentes que estén realizando servicios de vigilancia camuflada.

Esto es exactamente lo que dice la nueva norma

El Real Decreto 518/2026, de 24 de junio, modifica el artículo 118 del Reglamento General de Circulación.

La nueva redacción establece que los conductores que desarrollen su actividad profesional circulando en motocicletas, ciclomotores, bicicletas y determinados vehículos de movilidad deberán utilizar un chaleco reflectante de alta visibilidad cuando circulen en todo tipo de vías.

La medida entra en vigor el 1 de octubre de 2026.

Interior explicó públicamente la reforma pensando fundamentalmente en los denominados riders, es decir, trabajadores de reparto y otros profesionales que pasan buena parte de su jornada circulando sobre dos ruedas.

De hecho, la comunicación oficial del Gobierno habla expresamente de los riders que desarrollen su actividad profesional en motocicleta, indicando además que incumplir esta obligación constituye una infracción grave sancionada con 200 euros.

Pero la redacción del BOE es más amplia.

No habla exclusivamente de repartidores.

Habla de conductores que desarrollan su actividad profesional circulando en esos vehículos.

Y ahí aparece la pregunta incómoda.

¿Un guardia civil que trabaja patrullando en moto desarrolla una actividad profesional?

Desde una interpretación puramente literal, resulta difícil negar que un agente que pasa su jornada laboral patrullando sobre una motocicleta está utilizando ese vehículo para desarrollar su profesión.

Y ahí nace la paradoja.

La Guardia Civil utiliza desde hace años motocicletas camufladas para controlar determinadas conductas de los motoristas.

La propia DGT explicó oficialmente en 2024 que la Agrupación de Tráfico disponía entonces de 33 motocicletas camufladas, con colores comerciales y diferentes marcas y modelos, distribuidas entre varias unidades.

La razón de utilizarlas es precisamente observar de manera discreta infracciones graves difíciles de detectar con una patrulla perfectamente identificable.

Si al motorista que conduce esa moto se le obliga ahora a ponerse un chaleco de alta visibilidad, parte de esa ventaja desaparece.

Porque una persona vestida de paisano sobre una motocicleta aparentemente particular puede pasar desapercibida.

Una persona vestida de paisano con un chaleco reflectante durante toda la ruta llama bastante más la atención.

La propia DGT explica que las motos camufladas buscan observar sin ser detectadas

No se trata de una interpretación sobre para qué sirven.

La propia revista oficial de la DGT explicó que estas motocicletas carecen de distintivos visibles y se utilizan para observar discretamente comportamientos peligrosos.

El sistema se apoyaba además en unidades uniformadas, encargadas de notificar determinadas infracciones detectadas por los agentes camuflados.

Es precisamente el mismo concepto que utilizan los coches camuflados:

el conductor no modifica su comportamiento porque no sabe que está siendo observado por un agente.

Por eso la obligatoriedad de utilizar una prenda específicamente diseñada para hacer visible al motorista genera una contradicción bastante evidente con ese tipo de servicio.

Pero ojo: todavía no puede afirmarse que la Guardia Civil vaya a tener que hacerlo

Aquí hay una precisión fundamental.

El BOE establece la obligación general, pero no hemos localizado hasta ahora una instrucción oficial de la DGT o de la Guardia Civil que confirme expresamente que los agentes camuflados deberán patrullar con ese chaleco puesto.

Tampoco aparece en la norma una excepción específica que diga que las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad quedan exentas cuando realizan labores encubiertas o de vigilancia discreta.

Por tanto, a día de hoy tenemos una redacción legal que, interpretada literalmente, parece alcanzar también a esos agentes, pero falta saber cómo la Administración resolverá este supuesto concreto en la práctica.

Podría existir una interpretación interna, una instrucción operativa o una futura aclaración que evite que una medida de seguridad termine haciendo inútil una herramienta de vigilancia.

Hasta que exista esa aclaración, sería excesivo afirmar que la DGT ha ordenado oficialmente a los agentes camuflados ponerse un chaleco que los delate.

Lo que sí puede afirmarse es que la norma publicada no contiene una excepción expresa para ellos.

Además, todas las motos tendrán que llevar un chaleco

Hay otra novedad que afecta a muchos más motoristas y que puede confundirse con la anterior.

A partir del 1 de octubre, las motocicletas deberán llevar entre su dotación obligatoria un chaleco reflectante de alta visibilidad.

Eso no significa que todos los motoristas particulares tengan que circular permanentemente con el chaleco puesto.

Un motorista particular tendrá que llevarlo en la motocicleta y utilizarlo cuando, en una vía interurbana, abandone el vehículo y ocupe la calzada o el arcén, por ejemplo después de una avería.

La obligación de llevarlo puesto mientras se circula en todo tipo de vías afecta específicamente a quienes desarrollan su actividad profesional utilizando esos vehículos.

Esa diferencia es importante:

Motorista particular: tiene que llevar el chaleco en la moto.

Profesional que trabaja sobre la moto: además tiene que circular con él puesto.

Y es precisamente en esta segunda categoría donde surge el interrogante de los guardias civiles motoristas.

La intención de la norma es aumentar la visibilidad

La lógica de la medida desde el punto de vista de la seguridad vial es sencilla.

Un trabajador de reparto puede pasar muchas horas diarias encima de una motocicleta, aumentando considerablemente su exposición al tráfico respecto a un usuario ocasional.

Interior considera por ello necesario aumentar su visibilidad mediante ropa reflectante. La reforma forma parte de un paquete más amplio destinado a proteger a los usuarios vulnerables, en el que también aparecen nuevas exigencias para motoristas, ciclistas y usuarios de VMP.

Para un repartidor tiene sentido que los demás conductores puedan verlo cuanto antes.

Para un agente camuflado ocurre exactamente lo contrario desde el punto de vista operativo:

parte de su trabajo consiste en no llamar la atención.

El 1 de octubre puede obligar a la DGT a aclararlo

La cuestión tiene, por tanto, una solución aparentemente sencilla.

La Administración deberá aclarar si considera que esta obligación alcanza a los agentes que realizan vigilancia encubierta o si existe alguna cobertura jurídica u operativa para exceptuarlos durante esos servicios.

Porque mantener simultáneamente las dos ideas resulta complicado:

por un lado, utilizar motos de colores comerciales y agentes de paisano para que nadie pueda identificarlos;

y por otro, obligarlos a circular con una enorme prenda de alta visibilidad.

Desde el próximo 1 de octubre la nueva regulación estará plenamente vigente.

Y hasta que la DGT aclare específicamente cómo afecta a sus propias patrullas camufladas, queda una situación bastante curiosa:

una norma creada para que los motoristas profesionales sean más visibles podría terminar haciendo visibles precisamente a unos motoristas cuya eficacia depende de que nadie sepa quiénes son.