TONI BOU

Toni Bou: cuarenta veces campeón del mundo… y todavía no nos hemos dado cuenta

Toni Bou

Hay días en los que el deporte nos regala una noticia.

Y hay días en los que el deporte nos obliga a detenernos, mirar el número y preguntarnos: ¿Pero somos realmente conscientes de lo que acaba de hacer este hombre?

Hoy es uno de esos días.

Toni Bou acaba de conquistar su 40º Campeonato del Mundo.

Cuarenta.

No cuatro.

No diez.

No veinte.

Cuarenta Mundiales.

Veinte de TrialGP, al aire libre, y veinte de X-Trial, bajo techo.

Veinte temporadas.

Cuarenta títulos.

Y una cosa que todavía hace más grande esta historia: desde que ganó sus dos primeros Mundiales en 2007, nunca ha dejado de ser campeón del mundo.

Permitidme que lo escriba de otra manera.

Desde 2007, todos los años, cuando llegaba el momento de repartir la corona mundial, había un nombre por encima de todos los demás.

Toni Bou.

Han cambiado los rivales.

Han cambiado las motos.

Han cambiado los reglamentos.

Han cambiado los formatos.

Han aparecido generaciones nuevas de pilotos.

Han pasado casi veinte años.

Y él sigue ahí.

Arriba.

En lo más alto.

Una barbaridad.

Pero hay algo que me preocupa.

Tengo la sensación de que en España no estamos entendiendo la dimensión de lo que tenemos delante. ¡Despertar!

Porque mañana volverán a hablar de fútbol durante horas. Volverán a discutir penaltis, fichajes, entrenadores y polémicas.

Y quizá Toni Bou aparezca durante un minuto en algún informativo.

¿Un minuto?

¿De verdad?

Estamos hablando de un español que acaba de convertirse en 40 veces campeón del mundo y que es el piloto más laureado de la historia del motociclismo.

Yo creo que esto merece que nos paremos.

Merece un homenaje.

Merece una película hecha por Spielberg.

Merece que un niño vea la televisión y se pregunte quién es ese tipo que hace cosas imposibles encima de una moto.

Porque quizá ahí esté el verdadero problema.

Nos hemos acostumbrado a Toni Bou.

Y eso es peligrosísimo cuando hablamos de un genio.

Nos hemos acostumbrado a verlo subir al podio.

Nos hemos acostumbrado a verlo ganar.

Nos hemos acostumbrado a que lo imposible parezca sencillo.

Y cuando algo extraordinario se repite durante veinte años, corremos el riesgo de dejar de comprender que estamos viendo algo que probablemente no volveremos a ver.

Yo he tenido la suerte de vivir el motociclismo durante muchos años.

He visto pilotos extraordinarios.

He visto campeones que parecían invencibles.

He visto a Ángel Nieto convertir una moto pequeña en una máquina de hacer historia.

He visto generaciones enteras de pilotos españoles conquistar el mundo.

Pero lo de Toni Bou es otra cosa.

Porque Ángel Nieto tuvo sus 12+1 Mundiales.

Toni Bou acaba de llegar a 40.

Y no lo digo para comparar quién fue más grande.

Eso sería injusto.

Nieto pertenece a una época y Bou a otra.

Lo que sí podemos comparar es la dimensión de la palabra campeón.

Y cuando hablamos de Toni Bou, esa palabra se queda pequeña.

Porque ser campeón una vez es extraordinario.

Volver a serlo es demostrar que no fue casualidad.

Serlo cinco veces es marcar una época.

Diez veces es entrar en la historia.

Veinte veces es algo que parece imposible.

Pero cuarenta veces…

Eso ya pertenece a otro territorio.

Eso es una vida entera dedicada a ganar.

Y aquí está lo que más me gusta de Toni.

Que detrás de esos cuarenta títulos no veo solamente talento.

Veo trabajo.

Veo sacrificio.

Veo horas de entrenamiento.

Veo lesiones.

Veo golpes.

Veo madrugones.

Veo viajes.

Veo días buenos y días malos.

Veo a un deportista que, después de haberlo ganado absolutamente todo, sigue buscando qué puede mejorar.

Y eso es lo que diferencia a un campeón de un fenómeno.

Porque ganar cuando eres joven y tienes hambre es difícil.

Pero seguir teniendo hambre cuando llevas veinte años ganándolo todo…

Eso es otra historia.

Este año, además, el propio Bou ha tenido que competir dolorido. En X-Trial conquistó su vigésimo título pese a una lesión en los tendones del hombro derecho.

Y aun así, ahí estaba.

Otra vez.

Ganando.

Otra vez.

Y ahora llega el número que parece inventado.

  1.  

Pero yo quiero hablar también de algo que no aparece en una estadística.

Quiero hablar del orgullo.

Porque Toni Bou es español.

Y cada vez que un español sale ahí fuera y consigue algo que parece imposible, yo siento orgullo.

Mucho.

Somos un país pequeño.

Pequeño en tamaño comparado con muchas de las grandes potencias del mundo.

Pero cuando hablamos de talento deportivo…

¡Qué país tenemos!

Qué pilotos.

Qué ciclistas.

Qué tenistas.

Qué atletas.

Qué ingenieros.

Qué mecánicos.

Qué técnicos.

Qué deportistas.

Y qué capacidad tenemos para fabricar personas capaces de hacer historia.

Ángel Nieto.

Fernando Alonso.

Marc Márquez.

Jorge Lorenzo.

Carlos Sainz.

Rafa Nadal.

Miguel Induráin.

Y tantos otros.

Y ahora, sentado encima de una Montesa, haciendo que una moto parezca tener alas…

Toni Bou.

Un hombre que ha llevado el trial a un lugar al que quizá nadie pensaba que podía llegar.

Porque Toni no solamente ha ganado campeonatos.

Ha cambiado la forma de entender el trial.

Ha hecho que una moto de trial parezca capaz de subir por una pared.

Ha convertido el equilibrio en una ciencia.

La técnica en un arte.

Y la dificultad en algo que, cuando él lo hace, parece fácil.

Ese es el problema de los grandes.

Que hacen parecer normal lo extraordinario.

Y Toni Bou lleva veinte años haciendo exactamente eso.

Hoy, después de conseguir su 40º Mundial en Zelhem, en Holanda, sus números son sencillamente descomunales.

Pero sabéis qué.

A mí me importa menos el número de victorias.

Me importa más el hombre.

El hombre que se sube a la moto.

El hombre que entrena.

El hombre que se cae.

El hombre que vuelve a levantarse.

El hombre que mira una zona imposible y piensa:

“Vamos a intentarlo.”

Ese es Toni Bou.

Y por eso hoy quiero decirte algo, Toni.

No solamente como profesional.

No solamente como alguien que lleva muchos años viviendo y contando el mundo del motor.

Te lo quiero decir como alguien que siente este deporte.

Gracias.

Gracias por tantos años.

Gracias por tantas tardes.

Gracias por tantas imágenes que se nos han quedado en la retina.

Gracias por enseñarnos que los límites muchas veces están mucho más lejos de lo que creemos.

Gracias por llevar el nombre de España por todo el mundo.

Y gracias por demostrarnos que detrás de un campeón hay algo todavía más importante:

una persona.

Una persona que ha sabido trabajar, sacrificarse, mantenerse humilde y seguir teniendo hambre después de conseguir prácticamente todo lo que un piloto puede conseguir.

Por eso hoy no quiero que Toni Bou sea solamente una noticia deportiva.

Quiero que sea una noticia de España.

Quiero que mañana, cuando alguien diga:

“¿Qué pasó ayer?”

La respuesta sea:

“Un piloto español ganó su 40º Campeonato del Mundo.”

Y que lo digamos con orgullo.

Porque esto no sucede todos los días.

Probablemente no suceda nunca más.

Y algún día, cuando hayan pasado los años, cuando alguien mire hacia atrás y vea los libros de historia del motociclismo, aparecerá un nombre que parecerá una errata.

Toni Bou 40 veces campeón del mundo.

Y alguien preguntará:

“¿Cuarenta?”

Sí.

Cuarenta.

Y entonces podremos decir:

“Yo lo vi.”

Yo vi correr a Toni Bou.

Yo vi cómo hacía posible lo imposible.

Yo vi cómo ganaba.

Y vi cómo, año tras año, mientras todos esperábamos a que alguien pudiera derrotarlo, él encontraba una manera de volver a ser campeón.

Qué locura.

Qué bestia.

Qué animal.

Qué fortaleza.

Qué talento.

Qué disciplina.

Qué manera de entender el deporte.

Y qué manera de engrandecer a un país.

Muchas felicidades, Toni Bou.

Muchas felicidades de parte de todos los que sentimos el deporte y el motor en nuestras venas.

Disfruta este momento.

Mira hacia atrás.

Mira todo lo que has conseguido.

Y sonríe.

Porque hay muy poca gente en el mundo que pueda decir lo que tú puedes decir hoy:

“Soy 40 veces campeón del mundo.”

Toni, eres un tipo extraordinario.

Y nosotros tenemos la suerte de poder decir algo todavía más grande:

Eres uno de los nuestros.

Eres español.

Y hoy, sinceramente, solo puedo decir una cosa:

Qué orgullo.

Qué privilegio.

Qué barbaridad.

Y qué suerte hemos tenido de vivir en la época de Toni Bou.

¡VIVA TONI BOU!