“No es competencia de Tráfico”: la respuesta de la Guardia Civil que desata la crítica
La seguridad vial no empieza cuando un conductor pisa el freno. Empieza mucho antes: en el estado del asfalto, en la señalización, en la visibilidad, en la conservación de los márgenes y en la capacidad de las administraciones para detectar un riesgo antes de que se convierta en accidente.
Por eso ha generado tanta indignación el vídeo de Desterrado Oficial, que ha criticado con dureza una respuesta atribuida a la Agrupación de Tráfico de la Guardia Civil tras un requerimiento realizado a través de la Secretaría de Operaciones. El fondo de la polémica es muy concreto: qué papel debe tener Tráfico cuando se detectan deficiencias peligrosas en una carretera.
El creador se muestra especialmente molesto con una frase de la respuesta: que la Guardia Civil, a través de la Agrupación de Tráfico, desarrolla funciones de vigilancia y auxilio en carretera, pero no ostenta la competencia sobre la conservación, el mantenimiento o la evaluación estructural del firme, responsabilidad que correspondería al organismo titular de la vía.
Jurídicamente, esa distinción existe. La Guardia Civil no es quien arregla el asfalto, no tapa socavones y no decide obras de conservación. Pero el debate que plantea Desterrado Oficial va más allá: si los agentes están en la carretera, si intervienen en siniestros y si elaboran informes, ¿pueden limitarse a decir que el firme no es competencia suya cuando hay un riesgo evidente?
No reparar no significa no advertir
La clave está en separar dos ideas. Una cosa es la competencia material para conservar una carretera. Otra distinta es la obligación operativa de advertir, comunicar o reflejar una incidencia que afecta a la seguridad vial.
La conservación de una vía corresponde al titular: Estado, comunidad autónoma, diputación, ayuntamiento o concesionaria, según el caso. Es esa administración la que debe mantener la carretera, reparar baches, corregir socavones, reponer señalización, mejorar drenajes o actuar sobre el firme.
Pero eso no significa que la Agrupación de Tráfico sea ajena al problema. Sus agentes patrullan, regulan, auxilian, denuncian infracciones y participan en la investigación de accidentes. Si detectan una deficiencia grave, lo lógico es que quede comunicada al órgano competente.
Ahí es donde Desterrado Oficial centra su crítica. No pide que un guardia civil coja una pala y repare la A-4. Lo que cuestiona es que se use la falta de competencia en conservación como si eso anulase cualquier responsabilidad de observación, comunicación o constancia.
El estado del firme aparece en accidentes
El creador introduce un argumento muy directo: cuando se produce un accidente de tráfico, los agentes pueden consignar en el atestado o informe el estado aparente del firme. Si hay lluvia, gravilla, socavones, baches, deformaciones, manchas, mala señalización o cualquier circunstancia relevante, esa información puede ser importante para entender el siniestro.
Otra cosa es medir técnicamente el coeficiente de rozamiento o realizar una evaluación estructural del pavimento. Para eso hacen falta medios técnicos, instrumental específico y personal especializado. Si no se dispone de esos recursos, lo correcto sería reflejarlo con claridad: no se conoce por falta de medios técnicos, no porque la carretera esté necesariamente bien.
Esa es una de las ideas más potentes del vídeo. Desterrado Oficial sostiene que, si no se puede medir, debe decirse. Y si solo se puede valorar visualmente, también debe aclararse. Lo que critica es la apariencia de una respuesta administrativa que, a su juicio, se escuda en las competencias para evitar entrar en el fondo.
La instrucción interna que muestra en el vídeo
Durante su intervención, el creador enseña un documento que identifica como una instrucción interna de atestados, fechada el 8 de junio de 2020, relativa a la elaboración de informes con incidencias viarias. Según muestra, el documento incluiría apartados como antecedentes, comunicación de incidencias, ficha de comunicación, informe de corrección de deficiencia vial e informe de propuesta de mejora.
Para Desterrado Oficial, ese documento desmontaría la respuesta recibida. Su razonamiento es sencillo: si existen procedimientos internos para comunicar deficiencias viarias o proponer mejoras, no tendría sentido responder como si el estado de la carretera quedara completamente fuera del ámbito de actuación de Tráfico.
La polémica, por tanto, no está en quién paga la obra. Está en quién ve el peligro, quién lo documenta, quién lo comunica y qué ocurre si nadie actúa.
El ejemplo de los socavones en la A-4
El vídeo menciona los socavones en la A-4 como ejemplo de una deficiencia que, según el creador, no exige grandes aparatos para ser detectada. Basta mirar la carretera. Si el deterioro es visible y puede comprometer la seguridad, la discusión sobre competencias no debería convertirse en una excusa para no dejar constancia.
Este punto conecta con una queja muy extendida entre conductores: la sensación de que, cuando una carretera está mal, las administraciones se reparten la responsabilidad hasta que el ciudadano no sabe a quién reclamar.
El titular de la vía puede decir que actúa según prioridades presupuestarias. Tráfico puede decir que no conserva la carretera. El usuario, mientras tanto, circula por un tramo con baches, grietas, blandones o señalización deficiente.
Y si ocurre un accidente, entonces el estado del firme vuelve a entrar en escena.
La responsabilidad del titular de la vía
Conviene insistir en el matiz legal. La Guardia Civil de Tráfico no es la administración encargada de reparar carreteras. La conservación corresponde al organismo titular. En la Red de Carreteras del Estado, esa responsabilidad recae en el Ministerio competente en carreteras. En otras vías, puede corresponder a comunidades autónomas, diputaciones, cabildos, consejos insulares, ayuntamientos o concesionarias.
Esa administración debe mantener la carretera en condiciones adecuadas de uso y seguridad. Si hay un defecto de conservación que provoca daños, el ciudadano puede llegar a reclamar responsabilidad patrimonial, siempre que pueda acreditar el daño, el nexo causal y la falta de actuación o conservación adecuada.
Pero que la conservación sea competencia del titular no borra el papel de los agentes que patrullan la vía. Si detectan una incidencia, su comunicación puede ser la primera alerta formal que active una reparación o una señalización provisional.
El enfado de fondo: seguridad vial o burocracia
La crítica de Desterrado Oficial funciona porque toca una fibra muy sensible: la diferencia entre seguridad vial real y seguridad vial administrativa.
La seguridad vial real es ver un socavón, entender que puede tirar a un motorista o provocar una maniobra brusca, y activar una comunicación para que alguien actúe. La seguridad vial administrativa es responder que esa competencia pertenece a otro organismo y cerrar el asunto.
El creador acusa a la Secretaría de Operaciones de mentir o, como mínimo, de ofrecer una respuesta evasiva. Es una acusación dura que debe entenderse como su valoración personal. Pero el debate que abre es legítimo: en carretera, la coordinación entre administraciones no puede fallar.
Cuando un peligro es evidente, el ciudadano no distingue entre titular de vía, DGT, Guardia Civil, conservación, explotación o mantenimiento. Solo ve una carretera peligrosa.
Los motoristas, los más expuestos al mal firme
Aunque el vídeo no se limita a las motos, el asunto tiene una dimensión especialmente importante para motoristas. Un socavón que para un coche puede ser un golpe seco en la suspensión, para una moto puede convertirse en una caída grave.
El mal estado del firme, las juntas abiertas, la gravilla, las manchas de gasoil, las tapas hundidas o los baches en curva son riesgos especialmente serios para vehículos de dos ruedas. Por eso la detección y comunicación de incidencias viarias no debería verse como una molestia burocrática, sino como una medida preventiva.
En seguridad vial, muchas veces la diferencia entre un susto y una tragedia está en que alguien haya avisado a tiempo.
Qué debería pasar cuando se detecta una deficiencia
Lo razonable sería que cualquier deficiencia visible con impacto en la seguridad tuviera un circuito claro: detección, comunicación al titular de la vía, señalización provisional si procede, seguimiento y constancia de corrección.
Si la Guardia Civil detecta un bache peligroso durante una patrulla o tras un accidente, no tiene que repararlo. Pero sí puede comunicarlo. Si un ciudadano lo denuncia, la administración debería derivarlo al titular competente, no perderlo en un laberinto de respuestas.
Y si no se dispone de medios para medir técnicamente el estado del firme, debe decirse con transparencia. No hace falta maquillar la realidad. Basta con escribir lo que se sabe, lo que se ve y lo que no se puede medir.
Una polémica que va más allá de una respuesta
La indignación de Desterrado Oficial no se entiende solo por una carta o una contestación administrativa. Se entiende por el cansancio acumulado ante carreteras con deficiencias, respuestas frías y una sensación de que nadie quiere asumir la primera línea de responsabilidad.
El ciudadano no espera que un agente de Tráfico sea ingeniero de caminos. Pero sí espera que, si ve una carretera peligrosa, el sistema funcione. Que el aviso llegue. Que el titular actúe. Que la incidencia se documente. Que la seguridad vial no dependa de mirar hacia otro lado.
Porque en carretera, una grieta, un socavón o una mala señalización no son detalles menores. Son riesgos. Y cuando el riesgo está delante, la burocracia debería apartarse para dejar paso a lo importante: evitar el accidente antes de tener que investigarlo.