EL MOTERO

Cuatro furgonetas, depósitos de 1.000 litros y nueve detenidos: así funciona el ‘petaqueo’ que persigue la Guardia Civil

La guardia civil deteniendo a las furgonetas que hacían "petaqueo"

Todo comenzó con dos furgonetas de alquiler que llamaron la atención de los agentes. Eran vehículos de gran capacidad y las circunstancias en las que estaban siendo utilizados hicieron sospechar a la Guardia Civil de Gran Canaria que podrían estar transportando cantidades importantes de combustible. Lo que inicialmente podía parecer una simple carga terminó desencadenando un dispositivo de vigilancia mucho mayor.

Las primeras pesquisas llevaron a los investigadores a pensar que detrás de esos vehículos podía existir una operativa organizada para almacenar y suministrar carburante a embarcaciones. Los agentes comenzaron entonces a seguir sus movimientos y desplegaron vigilancia en la zona de Pozo Izquierdo, donde aparecieron no solo las dos furgonetas investigadas inicialmente, sino otras dos de características similares.

La investigación empezaba a tomar forma. Cuatro vehículos de gran tamaño, movimientos coordinados y una zona costera próxima. Pero faltaba el elemento que daba sentido a toda la operación.

Una gran semirrígida apareció frente a la costa

Mientras los agentes vigilaban los movimientos en tierra, tuvieron conocimiento de la presencia de una embarcación semirrígida de grandes dimensiones que navegaba a gran velocidad y sin identificación visible en dirección a la zona de Salinas de Matorral, en el municipio de Santa Lucía de Tirajana.

Poco después, las cuatro furgonetas comenzaron a desplazarse juntas. Lo hicieron en convoy y utilizando caminos de tierra, avanzando hacia la costa a través del barranco de Tirajana hasta alcanzar la misma zona hacia la que se dirigía la embarcación. Los investigadores detectaron allí indicios compatibles con un posible trasvase de combustible desde los vehículos hacia la lancha.

La Guardia Civil decidió entonces no intervenir inmediatamente, sino preparar un dispositivo para interceptar los vehículos cuando regresasen. En el operativo participaron también agentes de la Policía Local de Santa Lucía de Tirajana.

Una de las furgonetas decidió escapar

Cuando comenzó la interceptación, una de las cuatro furgonetas dio media vuelta e inició una huida por el barranco de Tirajana en dirección a El Doctoral y Vecindario. Según la Guardia Civil, sus ocupantes ignoraron las señales luminosas y acústicas de los agentes y realizaron maniobras contrarias a las normas de circulación.

La persecución se prolongó durante varios minutos y generó situaciones de peligro para peatones y otros usuarios de la vía. Finalmente los agentes consiguieron detener la furgoneta y arrestaron a las tres personas que viajaban en su interior. Esos tres detenidos están siendo investigados, además, por presuntos delitos de desobediencia grave y contra la seguridad vial.

El resto del dispositivo permitió interceptar las otras tres furgonetas y detener a seis personas más. El balance final fue de nueve arrestados y cuatro vehículos intervenidos, todos ellos presuntamente relacionados con la misma operativa de suministro clandestino.

Dos depósitos capaces de guardar 2.000 litros

Cuando los agentes inspeccionaron el material transportado apareció otra de las imágenes más llamativas de la operación. En las furgonetas había numerosas garrafas de combustible, algunas vacías y otras todavía parcialmente llenas, además de diversa documentación que ahora forma parte de la investigación.

También fueron intervenidos dos grandes depósitos con capacidad para 1.000 litros cada uno, ambos con restos de carburante. La Guardia Civil no ha informado de la cantidad exacta que habría sido transportada o suministrada durante esta operación concreta, de modo que no puede afirmarse que los dos depósitos estuvieran llenos cuando llegaron a la costa.

Los nueve detenidos están siendo investigados por su presunta participación en delitos relacionados con la tenencia, transporte o suministro ilícito de combustibles líquidos y pertenencia a grupo criminal. Las diligencias serán remitidas a la autoridad judicial mientras la investigación continúa abierta.

Pero ¿qué es exactamente el ‘petaqueo’?

El término puede sonar casi inocente, pero describe una pieza importante dentro de la logística de determinadas organizaciones criminales. El “petaqueo” consiste fundamentalmente en transportar grandes cantidades de combustible mediante garrafas, depósitos, vehículos o pequeñas embarcaciones para abastecer en lugares clandestinos a otras lanchas que necesitan permanecer muchas horas o incluso días en el mar.

El nombre procede precisamente de las “petacas” o garrafas de gasolina utilizadas para transportar el carburante. En muchas operaciones policiales desarrolladas en Andalucía, Murcia y otras zonas costeras, ese combustible termina destinado a embarcaciones de alta velocidad relacionadas con el narcotráfico. La Guardia Civil intervino, por ejemplo, cerca de 12.000 litros de combustible en mayo de 2026 en Murcia y Huelva en distintos dispositivos contra este tipo de actividad.

En el caso concreto de Gran Canaria, sin embargo, la información oficial disponible habla de una presunta operación de suministro ilícito a una embarcación semirrígida y no detalla todavía qué actividad final desarrollaba esa lancha. Por eso sería precipitado afirmar que los nueve detenidos forman parte de una organización de narcotráfico hasta que la investigación determine exactamente cuál era el destino de aquella embarcación.

El combustible es la gasolina logística de las narcolanchas

La importancia del petaqueo se entiende mejor cuando se observan las embarcaciones utilizadas habitualmente por las grandes redes de narcotráfico. Algunas semirrígidas incorporan tres o cuatro grandes motores fueraborda, capaces de desarrollar potencias enormes, pero con consumos igualmente descomunales.

Una operación policial realizada en junio de 2025, por ejemplo, permitió interceptar una embarcación de alta velocidad con 1.200 CV y 3.250 litros de gasolina destinada al petaqueo. En otro dispositivo de mayo de 2026, la Guardia Civil intervino una semirrígida de unos 13 metros equipada con tres motores de gran potencia y 3.400 litros de combustible repartidos en 136 garrafas.

Mantener embarcaciones semejantes durante largos periodos en el mar requiere una infraestructura en tierra que compre el combustible, lo transporte hasta puntos aislados de la costa y consiga hacerlo llegar hasta las lanchas sin pasar por instalaciones portuarias convencionales. Por eso perseguir el petaqueo supone atacar directamente la cadena logística que permite operar a esas embarcaciones.

También existe un enorme problema de seguridad

Transportar cientos o miles de litros de gasolina dentro de una furgoneta convencional tampoco es una simple irregularidad administrativa. La gasolina es un producto altamente inflamable y su transporte en grandes cantidades está sujeto a estrictas normas de almacenamiento, recipientes, ventilación, señalización y seguridad.

La Guardia Civil viene tratando determinados casos de petaqueo como posibles delitos contra la seguridad colectiva precisamente por el riesgo que supone acumular enormes cantidades de combustible en vehículos, viviendas, almacenes o embarcaciones sin las medidas adecuadas. En mayo, por ejemplo, los dos tripulantes de una semirrígida interceptada con 3.400 litros fueron detenidos por delitos de contrabando y contra la seguridad colectiva relacionados con el transporte y almacenamiento de sustancias inflamables.

La cuestión ha generado incluso debate judicial porque durante años el petaqueo no aparecía expresamente definido como un delito específico. En enero de 2026, el Tribunal Superior de Justicia de Andalucía respaldó que el transporte de grandes cantidades de gasolina para abastecer narcolanchas pudiera encajar en el delito de tenencia o depósito de sustancias inflamables cuando concurren las circunstancias previstas legalmente.

Una actividad cada vez más perseguida

La operación de Gran Canaria tampoco aparece aislada dentro de 2026. En agosto, la Guardia Civil detuvo en Murcia a dos personas vinculadas a una red de petaqueo después de localizar una furgoneta que había transportado 77 garrafas de gasolina. Ese mismo mes, la Policía Nacional detuvo en Almería a otras tres personas después de intervenir aproximadamente 650 litros de combustible.

En Huelva, Murcia y Cádiz se han producido asimismo operaciones con cientos de garrafas y miles de litros de carburante. La estrategia policial intenta atacar no solo a quienes transportan directamente droga, sino también a quienes facilitan vehículos, combustible, motores, alimentos y apoyo logístico a las embarcaciones utilizadas por las organizaciones criminales.

La escena observada en Gran Canaria resume perfectamente hasta qué punto esa logística puede llegar a organizarse. No era una persona transportando unas cuantas garrafas en el maletero. Eran cuatro furgonetas desplazándose en convoy hacia una zona costera, una gran semirrígida acercándose desde el mar y depósitos capaces de almacenar hasta 1.000 litros cada uno.

La intervención terminó con una persecución, nueve detenidos y cuatro furgonetas inmovilizadas. Ahora será la investigación judicial la que determine exactamente qué función tenía cada uno de los implicados y cuál era el destino final del combustible.

Pero la operación deja claro por qué la Guardia Civil está prestando cada vez más atención al llamado petaqueo. Detrás de una simple garrafa de gasolina puede esconderse algo bastante mayor: la estación de servicio clandestina que permite que determinadas embarcaciones sigan funcionando durante horas lejos de cualquier puerto.