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La BMW que nadie quiso y ahora todos podrían buscar: motor Rotax y vale dos duros

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Hay motos que nacen antes de tiempo. O peor aún: nacen en el momento equivocado, con una estética difícil de clasificar, un precio poco competitivo y una estrategia comercial que no ayuda. Eso es precisamente lo que parece haber ocurrido con la BMW G650 X-Country, una de esas motos que en su día muchos pasaron por alto y que ahora, vista con la perspectiva del mercado actual, empieza a parecer mucho más interesante de lo que se pensaba.

El canal de YouTube FortNine ha recuperado esta BMW casi olvidada para defender una idea provocadora: la X-Country podría ser una de las motos dual-sport adventure más infravaloradas que se pueden comprar hoy de segunda mano. Y lo hace con una mezcla de humor, datos técnicos y experiencia real de uso que deja una conclusión clara: quizá BMW tuvo en sus manos una moto muy buena, pero el mercado no la entendió.

Una BMW nacida a la sombra de la X-Challenge

La historia de la BMW G650 X-Country no se entiende sin hablar de la X-Challenge. Según explica FortNine, BMW desarrolló la X-Challenge como una respuesta bávara al mundo del enduro duro, dominado por las marcas austriacas. Aquella moto usaba el conocido monocilíndrico Rotax 650, pero el proyecto acabó siendo caro, complejo y poco exitoso comercialmente.

Después llegaron sus hermanas: la X-Moto y la X-Country. Esta última quedó en una especie de tierra de nadie. No era una trail grande al uso, no era una enduro radical, no era una scrambler pura y tampoco encajaba del todo con la imagen clásica de BMW. El resultado fue que pasó sin hacer demasiado ruido.

Y, precisamente por eso, hoy puede ser interesante.

El motor Rotax 650: la joya escondida

El gran argumento de la BMW G650 X-Country está en su motor. FortNine destaca el monocilíndrico Rotax 650, una mecánica con una trayectoria larguísima dentro y fuera de BMW. Lo montaron modelos como la Funduro, la F650GS, la familia G650X e incluso derivaciones posteriores vinculadas a Husqvarna y Loncin.

En el vídeo se insiste en una idea: este motor es uno de los grandes monocilíndricos. No por ser el más moderno ni el más explosivo, sino por su suavidad, fiabilidad y capacidad para acumular kilómetros. FortNine llega a mencionar unidades cerca de los 100.000 kilómetros funcionando correctamente y una X-Country con casi 90.000 kilómetros que, según su impresión, suena y rueda mejor que algunas motos mucho más recientes.

Además, habla de 53 CV, una cifra muy atractiva para una moto relativamente ligera. En un mercado donde muchas trail de media cilindrada han ido engordando con los años, una moto con ese motor, ese peso y esa sencillez mecánica empieza a sonar casi exótica.

Ligera, pequeña y más capaz de lo que parece

Uno de los puntos que más sorprende del vídeo es cómo FortNine describe el comportamiento de la X-Country fuera del asfalto. No es una maxitrail ni pretende serlo. Precisamente ahí está su encanto.

La moto se siente pequeña, manejable y menos intimidante que una trail grande. FortNine la compara con una especie de moto de juego de 250 cc hasta que se abre gas y aparece la respuesta de un 650. Esa combinación es la que convierte a la X-Country en una máquina peculiar: ligera para meterse en líos, pero con potencia suficiente para carretera y pistas rápidas.

También se menciona que, pese a no tener sexta marcha, puede rodar a 120 km/h con naturalidad y subir hasta 140 km/h para adelantar. Es decir, no es solo una moto de caminos. Tiene suficiente pulmón para viajar, aunque con matices importantes.

El gran defecto: un depósito demasiado pequeño

El primer gran problema es evidente: el depósito. FortNine bromea con que la X-Country se llama “cross-country”, pero su depósito no llega ni a 10 litros. Para una moto con aspiraciones viajeras, eso es una limitación clara.

La parte positiva es el consumo. Según el vídeo, puede rondar las 70 millas por galón, una cifra muy buena para un monocilíndrico de esta potencia. Pero incluso con ese consumo, la autonomía sigue siendo limitada si se quiere hacer turismo de verdad. La solución práctica pasa por montar equipaje auxiliar o llevar un bidón extra.

Es una moto capaz de aventuras, sí, pero no está pensada para cruzar continentes sin planificar repostajes.

Las versiones posteriores pueden ser las más interesantes

FortNine también apunta un detalle técnico importante: las versiones posteriores con producción vinculada a Loncin podrían ser, paradójicamente, las más recomendables. ¿Por qué? Porque incorporan mejoras frente a las primeras unidades.

Una de ellas es el subchasis de acero, frente al subchasis de aluminio anterior, que podía dar problemas al añadir pasajero o equipaje. También se menciona una mejora en la tapa del embrague, con un casquillo para evitar desgaste por el accionamiento de la varilla.

Es una lectura curiosa porque rompe un prejuicio habitual: no siempre la versión “más alemana” o más temprana es la más interesante. En este caso, algunas mejoras posteriores pueden hacer más deseable una unidad más moderna.

También tiene puntos débiles

La X-Country no es perfecta. FortNine señala varios detalles que conviene revisar. El pedal de cambio original puede ser demasiado rígido y, en una caída, transmitir el golpe al eje del cambio, con consecuencias serias. Por eso recomiendan un pedal más flexible.

También se menciona que el amortiguador trasero Sachs, después de muchos años, puede estar fatigado. La horquilla invertida Marzocchi de 45 mm, en cambio, recibe una valoración positiva por su rigidez. A eso se suman una posición algo estrecha o pequeña para algunos pilotos, un asiento mejorable y la necesidad de adaptar la moto si se quiere viajar con comodidad.

Es decir, no es una moto redonda de serie para todo el mundo. Es una base muy buena que necesita ciertos ajustes.

Una moto vieja que deja mal a muchas nuevas

La reflexión más interesante del vídeo llega cuando se compara la X-Country con algunas motos modernas. FortNine plantea que hoy muchos motoristas se emocionan con nuevas trail ligeras o futuras adventure de media cilindrada, pero la BMW ya ofrecía hace casi dos décadas una receta difícil de igualar: 53 CV, peso contenido, buena geometría, motor fiable y precio bajo en el mercado usado.

Esa es la gran crítica implícita al mercado actual. Muchas motos modernas son más pesadas, más complejas, más caras y no necesariamente más divertidas. La X-Country, con todas sus rarezas, ofrece algo cada vez más escaso: sencillez, ligereza y carácter.

La compra inteligente que ya no será tan secreta

FortNine remata con una idea muy clara: por el dinero que cuesta una BMW G650 X-Country usada, es difícil encontrar algo más ligero, fiable y divertido dentro del mundo dual-sport adventure. En el vídeo se cita una unidad comprada por unos 2.500 dólares con equipaje Touratech, aunque con muchos kilómetros.

Ese es el punto que puede cambiar ahora. Cada vez que un canal con la influencia de FortNine rescata una moto olvidada, el mercado empieza a mirarla de otra manera. Lo que ayer era una rareza difícil de vender mañana puede convertirse en una moto buscada por quienes entienden su valor.

La BMW G650 X-Country no fue un éxito cuando salió. Quizá era demasiado rara, demasiado cara o demasiado difícil de encasillar. Pero hoy, en un mercado saturado de motos grandes, pesadas y caras, esa rareza juega a su favor.

A veces, la mejor moto no es la más nueva ni la más potente. Es la que nadie quiso en su momento y que, años después, demuestra que estaba mucho mejor pensada de lo que parecía.