GUARDIA CIVIL

Los agentes de la Guardia Civil de Tráfico no quieren ir en moto en verano, pero les obligan: "Mucho calor"

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Cada verano vuelve el mismo enemigo para quienes trabajan sobre el asfalto. No lleva matrícula, no se puede denunciar y no aparece en los partes como un infractor más, pero condiciona jornadas enteras de servicio: el calor. Y este año ha abierto un nuevo frente dentro de la propia Guardia Civil de Tráfico.

La Asociación Unificada de Guardias Civiles ha denunciado públicamente que la Agrupación de Tráfico ha dado marcha atrás en los compromisos adquiridos hace apenas cinco meses sobre las condiciones de trabajo de los agentes motoristas. Según la organización, lo que se acordó en diciembre de 2025 y lo que finalmente se ha puesto por escrito en mayo de 2026 son dos cosas muy distintas.

El conflicto no gira en torno a una simple preferencia de vehículo. Va mucho más allá. Se trata de decidir cuándo un servicio en motocicleta puede convertirse en un riesgo para la salud del agente por las altas temperaturas, el equipamiento obligatorio y la exposición directa al sol.

La instrucción que ha encendido el conflicto

El origen de la polémica está en una instrucción interna publicada el 9 de mayo de 2026 bajo el título Criterios operativos sobre el uso de motocicletas en la Agrupación de Tráfico de la Guardia Civil. Para AUGC, el documento no aclara la situación, sino que “revoca sistemáticamente” los acuerdos alcanzados anteriormente.

La organización sostiene que, en el Pleno del Consejo de la Guardia Civil celebrado en diciembre, el segundo jefe de la Agrupación trasladó un mensaje diferente: los agentes podrían optar por realizar el servicio en motocicleta o en vehículo de cuatro ruedas según su propio criterio profesional, sin necesidad de autorización previa ni impedimentos por parte de los mandos.

Además, según AUGC, el Mando de Operaciones se habría comprometido a trasladar esos criterios por escrito a todas las unidades para que existiera una interpretación uniforme en todo el territorio.

Cinco meses después, la nueva instrucción sitúa de nuevo al mando como la figura que debe decidir. La flexibilidad pasa a considerarse una medida excepcional y el documento niega expresamente que exista un derecho de libre elección del vehículo de servicio.

Moto o coche: una decisión que cambia con 40 grados sobre el asfalto

Para un agente motorista, elegir entre patrullar en moto o en coche no es una cuestión menor. En condiciones normales, la motocicleta permite movilidad, rapidez y presencia en carretera. Pero en episodios de calor intenso, la exposición cambia por completo.

El agente no solo soporta la temperatura ambiental. También lleva uniforme específico, casco, guantes, botas, protecciones y, desde la implantación de los nuevos sistemas de seguridad, chaleco airbag. Todo ese equipo puede salvar vidas en caso de caída, pero también reduce la ventilación y dificulta la evacuación del calor corporal.

Ese es el punto donde AUGC sitúa el problema. La asociación no cuestiona la utilidad del airbag como elemento de protección en caso de accidente. Lo que denuncia es que su uso obligatorio en determinadas condiciones térmicas puede generar otro riesgo: golpes de calor, fatiga, mareos o pérdida de capacidad de reacción durante el servicio.

El chaleco airbag y la frontera de los 35 ºC

El segundo gran punto de fricción tiene que ver precisamente con el chaleco airbag. La nueva instrucción mantiene su uso obligatorio hasta los 35 ºC, un límite que AUGC considera injustificado.

La asociación recuerda que el propio Servicio de Prevención de la Guardia Civil habría recomendado en julio de 2025 rebajar ese umbral hasta los 32 ºC en el informe PSI-08-25-OPCM. El motivo sería el efecto combinado del uniforme específico y el chaleco, que puede dificultar la evacuación del calor corporal.

Para AUGC, la pregunta es evidente: si los técnicos de prevención recomendaron rebajar el límite a 32 ºC, ¿por qué la instrucción mantiene los 35 ºC? Y, sobre todo, ¿qué informe técnico avala esa decisión?

AUGC pide que se justifique la decisión

El secretario jurídico de la asociación ha remitido un escrito formal al general jefe de la Agrupación de Tráfico solicitando copia del informe que avale científicamente el mantenimiento del umbral de 35 ºC. En caso de que ese informe no exista, AUGC pide que se identifique qué técnico en prevención ha respaldado la decisión.

La organización defiende que la Administración tiene la obligación de acreditar sobre qué base técnica descansa una medida que afecta directamente a la salud laboral de los agentes. No basta, según su criterio, con fijar un límite térmico por instrucción si existe una recomendación preventiva previa en sentido contrario.

Este punto convierte el conflicto en algo más que una disputa interna. Entra de lleno en el terreno de la prevención de riesgos laborales. Cuando se trata de calor extremo, exposición prolongada y equipamiento de protección, la diferencia entre 32 ºC y 35 ºC puede ser mucho mayor de lo que parece desde un despacho.

Una medida de seguridad que también puede generar fatiga

El chaleco airbag nació para proteger. Y ese objetivo no está en discusión. La propia DGT ha impulsado su uso como herramienta para reducir lesiones en motoristas, especialmente en el tronco, cuello y cabeza. En caso de caída, el sistema puede desplegarse en milésimas de segundo y ofrecer una protección que antes no existía.

Pero la seguridad no es un concepto aislado. Un equipo puede proteger frente a un riesgo y, al mismo tiempo, generar otro si se usa en condiciones extremas. En carretera, un agente fatigado, mareado o con estrés térmico también está expuesto a más peligro.

Por eso AUGC insiste en que el criterio debe ser flexible y preventivo. No se trata de dejar de usar el chaleco sin motivo, sino de permitir que el agente valore cuándo las condiciones de calor convierten la patrulla en moto en una situación insegura.

El papel del mando, en el centro de la polémica

La instrucción interna devuelve al mando la capacidad de decidir cuándo se puede sustituir la moto por un vehículo de cuatro ruedas. Para AUGC, ese cambio desvirtúa el compromiso alcanzado en diciembre, donde se habría reconocido mayor margen al criterio profesional del motorista.

La asociación entiende que el agente que está en carretera es quien mejor puede valorar las condiciones reales del servicio: temperatura, humedad, duración de la jornada, tipo de vía, densidad de tráfico, estado físico y equipamiento.

La jefatura, en cambio, parece apostar por un modelo más jerárquico, donde el cambio de vehículo queda condicionado a autorización o criterio superior. Ese choque explica la tensión: no se discute solo una prenda, sino quién tiene la última palabra cuando el calor convierte el servicio en un riesgo.

Un conflicto que llegará a la próxima reunión

AUGC llevará este asunto a la próxima reunión con la Jefatura de la Agrupación de Tráfico. Su objetivo es recuperar el espíritu del acuerdo de diciembre: que el agente motorista pueda decidir cuándo patrullar en moto supone un riesgo para su integridad y optar por un coche sin depender del visto bueno de un superior.

La organización también reclama que se revise el límite térmico del chaleco airbag y se atienda la recomendación preventiva de los 32 ºC. Para la asociación, mantener los 35 ºC sin una justificación técnica sólida supone ignorar el criterio de los propios especialistas en prevención.

La pregunta que queda sobre la mesa

Detrás de esta disputa administrativa hay una cuestión mucho más sencilla: si los propios técnicos alertan del riesgo y quienes pasan horas sobre la moto reclaman más margen para protegerse del calor, ¿por qué la respuesta oficial ha sido endurecer los criterios en lugar de flexibilizarlos?

La Guardia Civil de Tráfico necesita motoristas protegidos frente a una caída, pero también agentes en condiciones físicas adecuadas para trabajar con seguridad. En pleno verano, con temperaturas cada vez más extremas, la prevención no puede limitarse a imponer más equipo. También debe escuchar a quienes lo llevan puesto durante horas.

Porque en carretera, el calor no se multa. Pero puede acabar siendo tan peligroso como cualquier infracción.