QJ MOTOR

Varios propietarios de QJ Motor montan un grupo de Whatsapp y denuncian fallos y un “infierno” con el servicio posventa

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Comprar una moto nueva debería ser una experiencia ilusionante. Más aún cuando se trata de una trail de media o gran cilindrada que llega al mercado con buen equipamiento, precio competitivo y una estética capaz de atraer a muchos motoristas que buscan una alternativa a las marcas tradicionales. Pero la experiencia de algunos usuarios de QJ Motor no está siendo precisamente tranquila.

Un propietario ha contado su caso con una QJ SRT 900, una moto que, según relata, sufrió una avería grave durante el primer fin de semana de uso. “Con la 900 se me fue la culata el primer fin de semana”, asegura. Y aunque matiza que solo conoce otro caso similar y que no parece una avería generalizada, el problema mecánico no es lo único que denuncia. Lo que más critica, y donde afirma que existe un consenso amplio entre usuarios, es el servicio posventa.

Según sus palabras, intentar tratar con la marca y con la estructura de atención en España se ha convertido para algunos propietarios en “un infierno”.

Una culata rota en pleno rodaje

El caso más llamativo es el de la SRT 900 que, según este usuario, falló durante el primer fin de semana, todavía en fase de rodaje. La avería afectó a la culata, una de las partes más sensibles y costosas del motor.

El afectado insiste en que no quiere presentar ese problema como algo habitual en todas las unidades. De hecho, reconoce que solo conoce otro caso parecido. Pero el impacto para un cliente que acaba de estrenar una moto es evidente: pasar de la ilusión de la compra a una avería de motor en cuestión de días rompe cualquier confianza inicial.

En una marca que busca consolidarse en Europa, este tipo de experiencias pesan mucho, aunque afecten a pocas unidades.

Una moto que gusta, pero con “cosillas”

Lo interesante del relato es que no todo es negativo hacia la moto. El propio usuario reconoce que, en general, la opinión del grupo sobre la QJ SRT 900 es positiva. Muchos propietarios parecen satisfechos con el producto, especialmente por la relación entre precio, equipamiento y planteamiento general.

Pero esa valoración favorable convive con una lista de fallos y molestias que se repiten entre usuarios. Entre ellos se mencionan luces diurnas que se funden con frecuencia, vibraciones a velocidad de autopista, traqueteos por debajo de 3.000 rpm, fallos en el interruptor de freno, problemas con la cámara delantera y una actualización de software que algunos llevan meses esperando.

Según cuenta, en un grupo de unas 120 personas, la opinión está dividida: unos dicen que la moto va perfecta, mientras otros se quejan de vibraciones y pequeños fallos recurrentes. El comentario más repetido, sin embargo, parece ser el comportamiento del motor a bajas vueltas: “a menos de 3.000 vueltas es un tractor de los traqueteos que tiene”.

El detalle del paramanos y otros fallos menores

Entre las quejas también aparece un detalle curioso, pero importante para el uso diario: el paramanos derecho estaría más bajo que el izquierdo, no podría regularse y, con frío, se notaría mucho. Puede parecer un problema menor frente a una avería de culata, pero en moto estos detalles afectan directamente al confort.

También se menciona la cámara delantera, con numerosos reportes de usuarios que no pueden conectarse o visualizar los vídeos correctamente. En un modelo que presume de equipamiento, que una función tecnológica no funcione bien para buena parte de los usuarios genera frustración.

Aun así, el propietario reconoce que algunas incidencias, como el interruptor de freno o la actualización de software, estarían siendo cubiertas en campaña. Es decir, la crítica no va tanto a que no exista cobertura, sino a la lentitud, dificultad y falta de respuesta clara durante el proceso.

El gran problema: la posventa

El punto más duro del testimonio llega con el servicio posventa. El usuario señala directamente a Bordoy, responsable de la distribución de QJ Motor en España, y afirma que muchos propietarios coinciden en que es la parte más negativa de la experiencia.

Según su relato, hay clientes que tienen problemas para que les atiendan en talleres oficiales o colaboradores si no compraron la moto allí. Cita casos en Toledo, donde presuntamente no aceptarían motos compradas en Madrid, y otros en Asturias, donde algunos usuarios aseguran que solo son atendidos si compraron la moto en ese concesionario.

La respuesta que atribuye a QJ es especialmente delicada: que esos talleres colaboradores oficiales no tendrían obligación de coger motos si no fueron compradas allí. Para un cliente, esta situación puede ser desconcertante. Si compras una moto de una marca con red oficial, esperas poder acudir a un punto autorizado sin que la procedencia de la compra se convierta en una barrera.

Tres meses para una actualización de software

Otra queja concreta apunta a la actualización de software. El afectado asegura que él y otro miembro del grupo llevan tres meses intentando realizarla. Incluso relata un caso en el que un taller habría sellado que la actualización estaba hecha sin ser cierto.

Según su versión, la respuesta de QJ habría sido que no puede hacer nada si ya aparece grabado en el sistema. Para el usuario, esto deja al cliente en una situación absurda: el sistema dice que el trabajo está realizado, pero la moto no habría recibido realmente la actualización.

Este tipo de incidencias son las que más dañan la confianza en una marca, porque no se limitan al fallo técnico. Transmiten sensación de falta de control sobre la red y sobre los procesos de garantía.

Revisiones con precios muy distintos

El usuario también critica la disparidad de precios en la primera revisión. Según cuenta, para talleres vinculados a QJ existen diferencias muy grandes, con cifras que van aproximadamente desde 140 euros hasta 240 euros.

Esa diferencia puede generar malestar entre propietarios, especialmente en una marca que compite con el argumento del precio. Si el mantenimiento varía tanto según el taller, el cliente puede sentir que no hay un criterio claro ni una experiencia homogénea dentro de la red.

Un caso de ocho meses sin moto

El testimonio también menciona el caso de una QJ SRT 700 del año pasado. Según relata, a un usuario se le rompió la cadena, se dañó una tapa del motor y estuvo ocho meses sin moto.

Este tipo de plazos son difíciles de justificar para cualquier propietario. Una cosa es esperar por una pieza concreta durante unas semanas. Otra muy distinta es quedarse sin moto durante meses, especialmente si el vehículo se usa a diario o es el único medio de movilidad.

La moto puede gustar; la experiencia, no tanto

El relato deja una lectura muy clara: el producto no parece estar siendo rechazado de forma masiva por sus dueños. Muchos valoran positivamente la moto. El problema, según este grupo de usuarios, está en todo lo que ocurre cuando algo falla.

Una marca nueva o en expansión puede permitirse algunos problemas de juventud, pero no puede permitirse que el cliente se sienta solo cuando aparece una avería. La diferencia entre una marca consolidada y una que todavía se está ganando la confianza del mercado no está solo en vender motos atractivas. Está en responder cuando las cosas salen mal.

Y ahí es donde esta denuncia golpea con más fuerza a QJ Motor: no tanto por los fallos concretos, sino por la sensación de que la posventa no está a la altura de lo que esperan sus propios usuarios.

Por ahora, se trata de la versión de varios propietarios recogida en grupos de usuarios y en el testimonio compartido. No consta aquí la respuesta oficial de QJ Motor ni de Bordoy sobre estos casos concretos. Pero si estas quejas son recurrentes, la marca tiene un reto evidente: demostrar que puede vender motos competitivas y, sobre todo, sostenerlas después con una red eficaz, rápida y clara.