DGT

Pillado el nuevo "juguete" de la DGT que te multa cada tres segundos

Radar de la DGT

El nuevo radar furtivo de la DGT ya está en funcionamiento en algunas carreteras españolas y su capacidad para multar a gran velocidad sin apenas ser detectado por los conductores ha vuelto a abrir el debate sobre los sistemas de control de velocidad. Se trata de una nueva generación de dispositivos que, por su diseño y funcionamiento, pasan prácticamente desapercibidos en la carretera.

La Dirección General de Tráfico (DGT) llevaba tiempo anunciando su intención de reforzar los controles de velocidad siguiendo el modelo aplicado en otros territorios europeos, especialmente en Francia o en algunas comunidades como Cataluña. Ahora, varios de estos equipos ya se han visto instalados en vías muy transitadas, donde operan con un nivel de discreción que ha sorprendido a muchos conductores.

Un radar capaz de multar cada tres segundos

Desde el punto de vista técnico, estos nuevos radares utilizan tecnología láser, un sistema que permite medir la velocidad de un vehículo de forma instantánea. A diferencia de otros radares tradicionales, no necesitan seguir al coche durante varios metros para calcular su velocidad, lo que les permite actuar con gran rapidez.

Otra de sus características es su autonomía energética. Incorporan una batería que puede mantenerlos operativos durante aproximadamente dos semanas, lo que facilita su instalación en diferentes puntos de la red viaria sin necesidad de conexión eléctrica permanente.

Además, cuentan con conexión a internet, lo que permite que las denuncias se tramiten prácticamente en tiempo real. Las infracciones registradas se envían directamente al Centro de Tratamiento de Denuncias Automatizadas de León, donde se gestionan los expedientes sancionadores.

Equipos móviles que no necesitan señalización

Uno de los aspectos que más polémica genera es su consideración legal como radares móviles. Estos dispositivos se montan sobre una estructura con ruedas y pueden ser trasladados por operarios de mantenimiento o por vehículos de servicio.

Al tratarse de radares móviles, la normativa actual no obliga a señalizar previamente su presencia en la vía. Esto marca una diferencia importante respecto a los radares fijos, que sí deben estar anunciados mediante señalización en carretera tras diversas resoluciones judiciales.

Gracias a esta condición, los equipos pueden cambiar de ubicación con relativa rapidez, lo que dificulta que los conductores conozcan su posición exacta.

Apariencia discreta para pasar desapercibidos

Otro de los elementos que los hace especialmente eficaces es su diseño exterior. A simple vista, muchos de estos dispositivos tienen un aspecto similar al de un pequeño aparato doméstico o una caja técnica situada en el arcén, por lo que pueden pasar fácilmente desapercibidos entre otros elementos de la carretera.

Esta discreción, unida a su capacidad de funcionamiento autónomo, permite instalarlos en diferentes puntos de una autopista o autovía con relativa facilidad.

Multas en cadena

La capacidad de trabajo de estos dispositivos es elevada. Según los datos que se manejan sobre este tipo de tecnología, pueden registrar hasta 20 infracciones por minuto, lo que equivale a una multa cada tres segundos en situaciones de tráfico intenso.

Por este motivo, en algunos lugares donde ya se utilizan estos equipos se han registrado centenares de sanciones en muy poco tiempo, especialmente en tramos donde los conductores superan habitualmente el límite de velocidad.

Una tecnología que ya funciona en España

En Cataluña ya habría varios equipos de este tipo operativos en distintos puntos de la red viaria. A nivel nacional, el número exacto de radares de estas características no se ha hecho público, aunque todo indica que su uso irá aumentando progresivamente.

La tendencia apunta a que estos radares móviles autónomos formarán parte del conjunto de herramientas con las que las autoridades de tráfico buscan reforzar el control de velocidad en carretera, un factor que sigue siendo una de las principales causas de siniestralidad.