El nuevo "capricho" de Pere Navarro y la DGT: no quieren que los GPS te digan los radares
Durante años, millones de conductores se han acostumbrado a recibir en su móvil un aviso claro: “radar más adelante”. Ahora, esa rutina podría cambiar. La Dirección General de Tráfico estudia una reforma para limitar la precisión con la que las aplicaciones de navegación informan sobre la ubicación de controles en autopistas y carreteras.
No se trata de eliminar completamente los avisos, sino de modificar cómo y cuándo se muestran.
El foco está en los radares móviles
Hoy en día, plataformas como Google (a través de Google Maps), Waze o SocialDrive permiten a los usuarios compartir en tiempo real la posición exacta de un radar móvil o de un control policial.
La DGT considera que este sistema colaborativo puede restar eficacia a ciertos operativos, especialmente aquellos destinados a detectar infracciones graves: exceso extremo de velocidad, conducción bajo los efectos del alcohol o drogas, o conductas temerarias.
En el caso de los radares fijos, la situación es distinta. Su ubicación es pública y conocida. El debate gira en torno a los controles móviles y operativos especiales, cuya eficacia depende, en parte, del factor sorpresa.
El espejo francés
La referencia que se estudia está al otro lado de los Pirineos. En Francia, la normativa impide mostrar el punto exacto de ciertos controles cuando forman parte de dispositivos sensibles.
En lugar de indicar “radar en el kilómetro 152”, las aplicaciones solo pueden advertir de un “peligro” en un tramo amplio, que en autopista puede extenderse durante varios kilómetros. El conductor sabe que debe extremar la precaución, pero no dispone de la localización milimétrica.
Ese es el modelo que la DGT analiza adaptar al contexto español.
¿Prevención o herramienta para esquivar controles?
El debate no es nuevo y divide opiniones.
Quienes defienden los avisos sostienen que si un conductor reduce la velocidad al recibir una alerta, el objetivo preventivo ya se ha cumplido. En cambio, desde Tráfico se argumenta que conocer el punto exacto convierte el control en un obstáculo puntual: se frena justo antes y se vuelve a acelerar después.
La diferencia es sutil, pero clave en términos de seguridad vial.
Controles “exprés” y estrategia 2025–2030
Mientras se estudia la posible reforma normativa, la DGT ha intensificado los llamados controles exprés: dispositivos de corta duración, instalados durante diez o quince minutos en puntos estratégicos.
La lógica es sencilla. Cuando la ubicación empieza a circular por redes y aplicaciones, el operativo ya se ha retirado. Es una fórmula que dificulta la viralización en tiempo real.
Todo esto forma parte del plan estratégico 2025–2030 del organismo, centrado en reducir la siniestralidad, especialmente en vías secundarias y tramos con alta concentración de accidentes.
El reto legal
El gran obstáculo no es técnico, sino jurídico. Actualmente no existe una prohibición expresa que impida a una aplicación mostrar información aportada por sus propios usuarios. Cualquier cambio deberá equilibrar:
-
El derecho a la información.
-
La libertad tecnológica.
-
La eficacia de los controles de tráfico.
Modificar este equilibrio en plena era digital no será sencillo.
Un cambio que afectaría a millones de conductores
Si la reforma sale adelante, la experiencia al volante cambiará. Las alertas podrían seguir apareciendo, pero sin señalar el punto exacto del radar. Más aviso general, menos precisión quirúrgica.
La cuestión de fondo es clara: ¿deben las aplicaciones ayudar a anticipar controles concretos o limitarse a advertir de riesgos en un tramo amplio?
La decisión que tome la DGT marcará un antes y un después en la relación entre tecnología colaborativa y regulación del tráfico en España.