Un mismo intermediario (investigado por blanqueo) logró cien homologaciones de balizas V16 en España
La polémica de las balizas V16 conectadas suma un nuevo capítulo a pocos días de su aterrizaje definitivo: una investigación publicada por The Objective (autoría: Pelayo Barro) sostiene que la DGT homologó alrededor de cien modelos de balizas vinculados, en términos administrativos, a una sociedad registrada en el Reino Unido llamada Limburg Technology Limited, cuya propiedad y dirección aparecen asociadas a una estructura empresarial de origen chino que ha sido señalada en distintos países por presuntas prácticas irregulares.
La noticia —tal y como la plantea The Objective— no va tanto de la fábrica (que puede estar en China, como ocurre con multitud de productos electrónicos) como de la figura que, sobre el papel, actúa como solicitante o titular de esas homologaciones. Es decir: quién aparece en la documentación que permite que un dispositivo pueda venderse como V16 conectada válida en España.
Por qué importa quién “firma” la homologación
Desde el 1 de enero de 2026, la V16 conectada es el sistema llamado a sustituir a los triángulos como método de preseñalización en caso de avería o accidente (con el matiz de los periodos de “flexibilidad” que se han ido anunciando en controles, según informaciones públicas). En la práctica, eso convierte a las balizas en un mercado gigantesco: millones de vehículos potencialmente afectados.
Aquí está el punto sensible: el consumidor no compra solo una luz amarilla. Compra un dispositivo con conectividad que, al activarse, debe cumplir una serie de requisitos técnicos y administrativos (certificación, comunicación con la plataforma DGT 3.0, etc.). Y por eso el circuito de homologaciones se vuelve crucial: si una baliza pierde su validez o su certificación no es correcta, el usuario se queda con un aparato que puede no servir cuando más falta hace.
Lo que cuenta The Objective sobre Limburg Technology
Según el artículo de The Objective, Limburg Technology Limited sería la empresa que figura como solicitante en aproximadamente un centenar de licencias/homologaciones de V16, aunque no sería necesariamente quien fabrica físicamente el producto ni quien lo vende en tiendas españolas. En ese esquema, actuaría como intermediario especializado en un punto clave: obtener la licencia administrativa.
El reportaje añade, siempre según lo publicado por The Objective, que la sociedad se constituyó en 2022 y que su rastro societario y domicilios mercantiles se relacionan con una red de miles de empresas registradas en una misma dirección, un patrón típico de “direcciones pantalla” (lo que en el lenguaje común se asocia a sociedades instrumentales), y que algunas firmas de esa constelación han sido denunciadas o investigadas en otros países por supuestos delitos económicos.
El contexto práctico: cómo comprobar si tu V16 es válida
Más allá del ruido político o empresarial, al conductor lo que le interesa es una cosa: cómo verificar si la baliza que ha comprado está certificada.
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La DGT mantiene en su web fichas/listados de balizas V16 “certificadas” (por ejemplo, páginas de modelos concretos donde aparecen referencias de certificación). (DGT)
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Medios como El País Motor han explicado que el listado oficial es el que publica y actualiza la DGT, y que la clave es que el dispositivo (o su embalaje) muestre un número de certificación que debe aparecer en ese listado. (El Motor)
Con esto, el método más sensato es:
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Localizar en tu baliza el código/certificación (y, si aplica, datos identificativos del modelo).
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Comprobarlo en el listado oficial o en las páginas de la DGT donde se recopilan modelos certificados.
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Si tu baliza no aparece, sospecha: puede ser un problema de modelo, variante o certificación.
La pregunta incómoda: ¿puede haber “pelotazo” sin control de calidad?
El reportaje de The Objective encaja con una sensación que se repite desde que la V16 pasó de ser “recomendable” a convertirse en un producto de compra masiva: la aparición de empresas creadas deprisa, intermediarios, marcas de vida corta y una jungla de modelos casi idénticos.
Eso no significa automáticamente que “todo sea fraudulento”. Pero sí deja dos alertas razonables:
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Cuando hay demanda obligatoria y millones de compradores cautivos, el incentivo para “colarse” en el sistema es enorme.
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Si el engranaje de homologaciones se apoya demasiado en intermediarios opacos, el sistema pierde confianza justo cuando necesita lo contrario.
Qué debería aclararse para cortar la sospecha
Si la conversación pública va a seguir girando alrededor de “quién se está forrando” con la V16, hay tres cosas que ayudarían a bajar la temperatura:
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Más transparencia sobre el proceso: qué se evalúa, qué organismo certifica, qué se revoca y por qué.
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Un acceso más claro y unificado al listado oficial (y a los cambios en tiempo real) para que el usuario no dependa de titulares. (El Motor)
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Explicaciones concretas cuando una baliza “sale” o “entra” del listado: el conductor no compra debates, compra seguridad.