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Mapfre deja sin seguro a un cliente tras ocho años por dar un solo parte: "Me han vetado"

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Ocho años pagando un seguro a todo riesgo deberían servir, al menos, para generar una relación de confianza entre cliente y aseguradora. Sin embargo, no siempre es así. La experiencia relatada por un asegurado de Mapfre refleja una situación que, aunque legal, muchos clientes perciben como desproporcionada y difícil de entender.

Tras dar un parte después de años sin incidencias graves, la compañía comunica una no renovación del seguro alegando un índice de riesgo demasiado alto. La decisión llega sin negociación previa y rompe de forma abrupta una relación contractual prolongada, algo que suele generar una fuerte sensación de indefensión en el asegurado.

El efecto dominó: cuando el problema se extiende a otros seguros

La situación no termina ahí. La pareja del asegurado, que figuraba únicamente como conductor ocasional, intenta asegurar un vehículo nuevo a su nombre a través del concesionario. Todo parece normal hasta el día anterior a la entrega, cuando el seguro es denegado. El motivo: aparece vetado por la compañía, a pesar de no ser el tomador principal del seguro anterior.

Este tipo de casos alimenta la percepción de que determinadas aseguradoras comparten listados internos de siniestralidad, lo que puede dificultar el acceso a pólizas no solo con una compañía concreta, sino con otras entidades del sector. Aunque estos sistemas existen y están amparados por la normativa, muchos usuarios desconocen su funcionamiento hasta que se ven directamente afectados.

Una política que muchos clientes consideran injusta

El relato deja una idea clara: para algunos asegurados, la relación con la aseguradora funciona mientras no se dé ningún parte, pero se rompe en cuanto se ejerce un derecho básico del contrato. La sensación de haber sido penalizado tras años de fidelidad y pagos continuados es una de las quejas más habituales en este tipo de situaciones.

Desde el punto de vista legal, las compañías pueden no renovar un contrato y aplicar sus propios criterios de riesgo. Desde el punto de vista del cliente, la experiencia se vive como una expulsión del sistema asegurador, especialmente cuando afecta también a familiares o convivientes.

Confianza perdida y puertas cerradas

Este caso ilustra una realidad incómoda del sector: tener un seguro no garantiza protección a largo plazo, sino una relación condicionada al historial y a los algoritmos de riesgo. Para algunos conductores, el resultado es una ruptura total de confianza con la aseguradora y la decisión de no volver a contratar ningún producto con ella en el futuro.

Una experiencia que sirve como advertencia para otros usuarios: entender bien las consecuencias de un parte, conocer cómo funcionan los registros de siniestralidad y no dar por hecho que la antigüedad como cliente ofrece una red de seguridad real.