El jefe de helicópteros de la DGT dice que la gente se pone "a 200" porque no "hay ruido"

Pegasus

Los helicópteros Pegasus de la DGT han vuelto a operar después de varios meses fuera de servicio. Su regreso supone la recuperación de una de las herramientas de vigilancia más conocidas y temidas por los conductores, aunque su peso real dentro del volumen total de sanciones de Tráfico sea mucho menor de lo que muchos imaginan.

La Dirección General de Tráfico ha reactivado estos medios aéreos tras un periodo marcado por problemas logísticos y falta de pilotos, ahora con una nueva adjudicataria encargada del servicio. Y su vuelta llega con una advertencia clara: desde el aire se detectan comportamientos que muchas veces pasan desapercibidos desde tierra.

Alejandro Suárez, responsable de Medios Aéreos de la DGT, lo resume con una frase muy gráfica sobre determinados excesos de velocidad: “Se ponen a 200 km/h porque apenas hay ruido”.

El regreso de una vigilancia que muchos conductores temen

La vigilancia aérea tiene un fuerte efecto psicológico sobre los conductores. No se ve como un radar fijo, no se anuncia como un coche camuflado y no depende de estar colocado en un arcén. Un Pegasus puede controlar desde el aire varios kilómetros de carretera y detectar infracciones de velocidad, adelantamientos indebidos, maniobras peligrosas o comportamientos imprudentes.

Sin embargo, su impacto estadístico es reducido. Según los datos citados, los Pegasus apenas representan alrededor del 0,5% de las sanciones que la DGT impone cada año, unas 25.000 multas aproximadamente.

La cifra puede parecer pequeña, pero su valor no está solo en el número de denuncias. Su fuerza está en la capacidad de observar desde una posición privilegiada y documentar conductas graves que, desde el suelo, serían mucho más difíciles de probar.

Cómo trabaja un Pegasus de la DGT

Dentro de cada helicóptero viajan dos perfiles fundamentales. Por un lado está el piloto, encargado de mantener la posición, la altura y la estabilidad necesaria para realizar la vigilancia. Por otro, el operador de cámara, que es quien localiza la infracción, sigue al vehículo y graba las imágenes necesarias.

El proceso no consiste simplemente en ver a un coche circulando rápido y multarlo automáticamente. Desde la DGT insisten en que debe existir una prueba sólida.

Para abrir un expediente sancionador hace falta medir, registrar y documentar correctamente la infracción. En el caso de la velocidad, se requiere un seguimiento continuo del vehículo durante unos 10 segundos, suficiente para calcular con precisión el comportamiento del conductor.

No todo lo que se ve desde el aire acaba en multa

Una de las ideas más importantes es que la vigilancia aérea no implica sanción automática. Desde arriba se pueden detectar muchas situaciones sospechosas, pero el operador debe estar seguro de que la maniobra o la velocidad observada constituyen una infracción.

Alejandro Suárez explica que no basta con intuir. Hay que medir, registrar y tener la certeza suficiente para iniciar el expediente.

Ese matiz es importante porque los helicópteros Pegasus no funcionan como una simple cámara que dispara multas de manera indiscriminada. El sistema exige una secuencia probatoria y una intervención humana en la detección y documentación de la infracción.

El exceso de confianza cuando no hay ruido

La frase más llamativa de Suárez apunta a un fenómeno muy habitual en carretera. Hay conductores que se sienten más seguros o más impunes cuando no detectan presencia policial cercana.

En una autopista despejada, sin coches patrulla visibles y sin radares aparentes, algunos elevan la velocidad de forma muy notable. Según el responsable de Medios Aéreos, hay quienes se ponen a 200 km/h porque “apenas hay ruido”, es decir, porque la sensación exterior es de calma y ausencia de vigilancia.

Pero esa tranquilidad puede ser engañosa. Desde el aire, un helicóptero puede seguir la trayectoria de un vehículo, mantenerlo en plano y registrar su velocidad sin que el conductor sea consciente.

Una herramienta útil más allá de la velocidad

Aunque los Pegasus son conocidos sobre todo por el control de excesos de velocidad, su función va más allá. La vigilancia aérea permite detectar conductas de riesgo como adelantamientos indebidos, conducción agresiva, distancia de seguridad insuficiente o maniobras peligrosas.

También pueden servir como apoyo en operaciones especiales de tráfico, retenciones, accidentes o desplazamientos masivos en fechas clave.

Su ventaja está en la perspectiva. Desde el aire se entiende mejor el conjunto de la circulación: cómo se comportan los vehículos, dónde se generan riesgos y qué maniobras pueden desencadenar un accidente.

La DGT recupera músculo aéreo

El regreso de los Pegasus llega tras una etapa complicada para este servicio. Los problemas logísticos y la falta de pilotos habían dejado los helicópteros sin operar durante meses, reduciendo la capacidad de vigilancia aérea de Tráfico.

Ahora, con la nueva adjudicataria, la DGT vuelve a disponer de una herramienta que, aunque no sea la que más multas pone, sí tiene un enorme valor disuasorio.

Para muchos conductores, el simple hecho de saber que los Pegasus vuelven a estar activos cambia la forma de conducir. Y ese es precisamente uno de los objetivos principales de este tipo de vigilancia: no solo sancionar, sino evitar que determinadas conductas peligrosas se produzcan.

Una vigilancia menos visible, pero muy efectiva

Los radares fijos se conocen, los móviles suelen compartirse en aplicaciones y los coches camuflados pueden llegar a identificarse con cierta experiencia. Los Pegasus, en cambio, juegan en otra liga.

Su presencia es mucho más difícil de anticipar. Pueden operar sobre tramos amplios, seguir vehículos a distancia y registrar infracciones sin que el conductor tenga una referencia clara de dónde está el control.

Por eso su vuelta tiene tanta relevancia. No porque vayan a multiplicar de golpe las multas de la DGT, sino porque recuperan una forma de vigilancia que muchos conductores habían olvidado durante los meses en los que estuvieron fuera de servicio.

Con los helicópteros Pegasus de nuevo en el aire, la carretera vuelve a tener un vigilante que no siempre se ve, pero que puede estar observando justo cuando alguien decide pisar más de la cuenta.