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El alarmante estado de las carreteras en España: el 52% está deteriorado y ya provoca 1.000 accidentes al año

Carretera deteriorada

El deterioro de las carreteras en España ha dejado de ser una percepción aislada de los conductores para convertirse en una preocupación respaldada por datos. Ingenieros y expertos en infraestructuras advierten de que el estado actual de la red viaria está directamente relacionado con un aumento de la siniestralidad: alrededor de 1.000 accidentes al año estarían vinculados al mal estado del firme.

La advertencia es clara y contundente. Según los especialistas, el 52% de la red presenta deterioros graves o muy graves, una cifra que refleja años de falta de inversión y mantenimiento insuficiente. La consecuencia ya no es solo una cuestión de incomodidad al volante, sino un problema de seguridad vial de primer nivel.

En el día a día, los síntomas son cada vez más evidentes. Los conductores se enfrentan a socavones en autovías, tramos con el asfalto desgastado, señalización deficiente o en mal estado y obras que se prolongan durante meses sin una solución definitiva. A esto se suman los frecuentes pinchazos de neumáticos y averías derivadas del mal estado del pavimento, así como atascos generados por intervenciones constantes que no siempre resuelven el problema de fondo.

Uno de los elementos que mejor refleja esta situación es la proliferación de señales temporales de “firme en mal estado”, cada vez más habituales en carreteras principales. Para muchos expertos, estos avisos no son una solución, sino un síntoma de un problema estructural que se está cronificando.

El origen de esta situación se encuentra en el creciente déficit de conservación, que ya alcanza los 13.500 millones de euros. Esta cifra representa la inversión necesaria para recuperar la red viaria a unos estándares adecuados de seguridad y calidad. Durante años, el mantenimiento ha quedado relegado frente a otras prioridades, generando un deterioro progresivo que ahora resulta mucho más costoso revertir.

Los ingenieros son tajantes: “no invertir sale caro y mata”. La falta de conservación no solo incrementa el riesgo de accidentes, sino que también multiplica los costes a medio plazo, tanto para la administración como para los propios conductores. Reparar una carretera muy deteriorada requiere una inversión mucho mayor que mantenerla en buen estado de forma continua.

Además, el impacto va más allá de la seguridad. El mal estado de las carreteras afecta directamente a la economía, encareciendo el transporte de mercancías, aumentando el desgaste de los vehículos y reduciendo la eficiencia de los desplazamientos. En un país donde el transporte por carretera es clave, este deterioro supone un problema estratégico.

El debate sobre la gestión de las infraestructuras vuelve así al primer plano. Mientras crecen las críticas por la falta de inversión, también aumenta la presión sobre las administraciones para que prioricen la conservación frente a nuevas obras. La red viaria, construida durante décadas, necesita ahora un esfuerzo sostenido para evitar que su deterioro siga avanzando.

En este contexto, los expertos insisten en que la solución pasa por un cambio de enfoque: invertir de forma constante en mantenimiento no solo mejora la seguridad, sino que evita costes mayores en el futuro. De lo contrario, el problema seguirá agravándose, con consecuencias cada vez más visibles en la carretera.