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Fundación Lo Que De Verdad Importa: “Veinte años de alma, emoción y verdad compartida”

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Hoy, al escribir estas líneas, inevitablemente me voy a aquel año 2013. Recuerdo perfectamente aquellas primeras llamadas. No eran muchas, pero había algo en ellas que ya transmitía una sensación distinta. Algo difícil de explicar en aquel momento, pero que con el tiempo he entendido con claridad: había verdad, había sensibilidad y había una intención profundamente humana detrás de todo aquello.
En aquel momento no podía imaginar que aquello no era simplemente una invitación a participar como ponente, sino la puerta de entrada a una experiencia que me acompañaría durante años.
La Fundación “Lo Que De Verdad Importa” tiene un origen que, al conocerlo, explica muy bien su esencia. María Franco, su presidenta, es una auténtica luchadora, una persona con una sensibilidad especial y una enorme capacidad para transformar una idea en algo real y profundamente humano.
La inspiración nace de la historia de una persona a la que le diagnosticaron una enfermedad terminal. En ese proceso, esa persona escribió un libro que regaló a sus seres queridos, en el que compartía con una honestidad absoluta qué era realmente lo importante en la vida. Ese mensaje, tan sencillo como poderoso, fue el punto de partida de todo.
A partir de ahí, María supo recoger esa esencia y convertirla en algo mucho mayor. Con determinación, valentía y una visión extraordinaria, y junto a Pilar, María, Ana, Carolina,Victoria,Mati, Fernando y a todo un equipo que siempre he sentido cercano y entregado, fue capaz de dar forma a lo que hoy es una de las iniciativas más humanas que conozco.
No es solo una fundación. Es un lugar donde lo importante deja de ser teoría para convertirse en experiencia.
He tenido la suerte de vivirlo desde dentro durante años: viajes, nervios, tensión, risas, emoción y lágrimas. Pero si tengo que quedarme con una imagen que lo resume todo, es la de miles de jóvenes en silencio absoluto, escuchando sin pantallas, sin distracciones, mirando a personas que abrían su vida con una honestidad profunda y real.
Historias de vida. Historias de lucha, de caída, de pérdida y de superación. Historias que no se quedan en el escenario, sino que acompañan a quien las escucha mucho después de que el evento termina.
Y quizá ahí reside la grandeza de lo que María y su equipo han creado: en la capacidad de generar un espacio donde lo humano ocupa el centro de todo. Una atmósfera que no se puede explicar del todo, pero que se siente en cuanto uno entra. Una energía que nace de la ilusión, del cuidado, del detalle y de la convicción de que esto merece la pena.
Da igual si está una persona del equipo o todo el equipo completo, porque siempre hay algo presente: la esencia de María, esa forma suya de creer, de insistir, de construir y de no rendirse nunca.
Ahora que la Fundación cumple 20 años, es imposible no mirar atrás con una enorme gratitud. En mi caso, todo empezó en aquel 2013, con unas llamadas que fueron el inicio de un camino que he tenido la suerte de recorrer como ponente y que guardo con un cariño extraordinario.
Si soy sincero, también diría que he dado más guerra de la que probablemente tocaba, pero eso también forma parte de implicarse de verdad en algo en lo que uno cree profundamente.
Pero, sobre todo, quiero dar las gracias.
Gracias a María, por su visión, por su valentía y por convertir una historia tan humana en un proyecto que ha tocado tantas vidas. Gracias por no quedarse en la idea, por llevarla hasta el final, por construir algo que no es fácil de sostener durante tantos años y hacerlo además con alma.
Gracias a Pilar y a todo el equipo, por la entrega constante, por el cuidado de cada detalle y por hacer que todo lo que rodea a la Fundación tenga sentido.
Y gracias también en mi nombre y en el de todos los ponentes que hemos tenido la suerte de participar, porque todos sabemos que allí no solo se va a hablar, sino también a sentir, a aprender y a salir un poco diferente de como uno entró.
“Lo Que De Verdad Importa” no es solo un nombre. Es exactamente lo que ocurre allí.
Y hoy, con el corazón en la mano, solo puedo decir gracias por estos  años de vida compartida, de emoción sincera y de verdad.
Ojalá sigáis muchos años más creando sueños y ese espacio donde lo humano sigue siendo lo que de verdad importa.

LUIKE/ El Motero
Toñejo Rodriguez