Esta es la Kawasaki que todos queremos y que (a día de hoy) es hasta una inversión
A finales de los años ochenta y durante toda la década de los noventa, el mundo de las motos deportivas vivió una auténtica batalla tecnológica. Los fabricantes japoneses competían por ofrecer máquinas cada vez más rápidas, potentes y radicales, lo que dio lugar a algunos de los modelos más recordados por los aficionados.
En ese contexto destacó especialmente Kawasaki, que apostó por motos con una estética agresiva y un comportamiento muy cercano al de las máquinas de competición. Entre ellas, una de las más emblemáticas fue la Kawasaki ZXR750, conocida por su diseño llamativo y su carácter deportivo.
Uno de los detalles más característicos de estas motos era su decoración en verde, blanco y azul, una combinación que muchos aficionados recuerdan todavía hoy. También llamaban la atención unos conductos frontales que llevaban aire hacia la parte superior del motor, un elemento que más adelante evolucionaría hacia sistemas de admisión forzada como el conocido “Ram Air”.
Una versión especial pensada para competir
En 1992 la marca sorprendió con una estrategia peculiar. La versión estándar de la ZXR750 se comercializaba con una potencia limitada a unos 100 caballos, una cifra inferior a la de muchas de sus rivales directas.
La razón estaba en la existencia de una versión mucho más exclusiva desarrollada para cumplir los requisitos de homologación del campeonato Campeonato del Mundo de Superbike.
Esa variante era la Kawasaki ZXR750R, también conocida en algunos mercados como Kawasaki Ninja ZX-7R.
Esta edición especial estaba claramente orientada al uso en circuito y contaba con numerosas mejoras técnicas respecto al modelo convencional.
Un motor más potente y pensado para el circuito
La ZXR750R montaba carburadores Keihin de compuerta plana y mayor diámetro, lo que permitía mejorar la respuesta del motor. Además, incorporaba árboles de levas diferentes y otros cambios internos que elevaban la potencia hasta unos 121 caballos.
También disponía de un cambio de marchas con relaciones más cerradas, una configuración pensada para ofrecer mejores prestaciones en pista, aunque menos cómoda para la conducción diaria en carretera.
Componentes más ligeros y suspensiones de alto nivel
La versión R también destacaba por varios elementos exclusivos. Uno de ellos era el depósito de combustible fabricado en aluminio, que contribuía a reducir el peso total de la moto.
El subchasis trasero también se aligeró y el conjunto adoptaba una configuración monoplaza, reforzando su carácter deportivo.
Otro punto destacado era la parte ciclo. La moto incorporaba suspensiones totalmente ajustables, algo poco habitual en las motos de serie de aquella época. El amortiguador trasero contaba además con depósito separado, una solución claramente inspirada en la competición.
Gracias a estas modificaciones, la ZXR750R pesaba aproximadamente cinco kilos menos que la versión estándar, aunque seguía siendo una motocicleta homologada para circular por carretera.
Una unidad restaurada que busca nuevo dueño
En la actualidad encontrar una ZXR750R en buen estado es cada vez más complicado, lo que ha convertido a este modelo en una pieza muy apreciada por coleccionistas.
Una de estas unidades fue restaurada recientemente en 2023. El odómetro marca cerca de 14.000 millas, pero después de la restauración apenas se han recorrido unos 20 kilómetros.
Durante el proceso se revisaron especialmente los carburadores —un componente delicado en motos de orientación deportiva— además de renovar líquidos, retenes y otros elementos mecánicos. También se restauró el carenado y la estética general, lo que explica el excelente aspecto que presenta.
Cuando apareció en el mercado de subastas, la puja rondaba los 10.000 dólares, aunque todavía no se había alcanzado el precio mínimo establecido por el vendedor.
Teniendo en cuenta la rareza de este modelo y su importancia dentro de la historia de Kawasaki, no sería extraño que su valor final supere con facilidad los 10.000 o incluso 12.000 euros. Para muchos aficionados, se trata de una auténtica joya del motociclismo deportivo de los años noventa.