BALIZA V16

¿Empieza a estallar la "trama baliza V16? 100 de los 300 dispositivos homologados son de un entramado chino

Baliza V-16 en una moto

La polémica de las balizas V16 sigue creciendo y ya no se limita solo a la confusión normativa o a las multas. Ahora, el foco se desplaza directamente a la forma en la que la DGT ha gestionado las homologaciones, después de conocerse que la empresa con más licencias autorizadas en España está vinculada a una red internacional de más de 9.000 empresas fantasma con sede teórica en un mismo local.

Una homologación que levanta muchas preguntas

La Dirección General de Tráfico ha homologado cerca de cien modelos de balizas V16 a Limburg Technology Limited, una empresa registrada en Reino Unido en 2022 con un capital social de apenas 20.000 euros. A pesar de su reducido tamaño y de no contar con sede ni estructura real en España, esta firma concentra aproximadamente un tercio de todas las licencias concedidas por la DGT.

El dato resulta especialmente llamativo si se tiene en cuenta que Limburg no fabrica ni vende directamente las balizas. Su papel es el de intermediario administrativo: obtiene la homologación y permite que otras empresas —en su mayoría españolas— comercialicen los dispositivos. La fabricación, en todos los casos, se realiza en una misma factoría china situada en Zhejiang.

Una dirección, miles de empresas

La controversia aumenta al analizar el origen de Limburg Technology. La empresa fue creada por Yumma Tianlong International Consulting, un holding chino especializado en la creación de sociedades instrumentales. Según diversas investigaciones internacionales, en una única dirección de Brighton (Reino Unido) se llegaron a registrar más de 9.000 empresas, todas vinculadas a esta red.

Este patrón societario ha sido señalado en distintos países por su presunta relación con blanqueo de capitales, estafas financieras y fraudes ligados a criptomonedas, con operaciones que en algunos casos alcanzan cifras millonarias.

Una desvinculación solo sobre el papel

Aunque oficialmente Yumma Tianlong se desvinculó de Limburg Technology un año después de su creación, los registros mercantiles y los patrones de funcionamiento apuntan a que el control efectivo podría haberse mantenido. De hecho, el Gobierno británico ha iniciado el procedimiento para disolver Limburg Technology por inactividad, calificándola como una “propuesta activa de eliminación”.

A pesar de ello, durante ese mismo periodo la DGT continuó otorgando homologaciones, algunas incluso vinculadas todavía a la antigua dirección de Brighton, ya cuestionada por las autoridades británicas.

Una sede “fantasma” también en Manchester

Tras las advertencias oficiales, Limburg trasladó su domicilio social a Manchester. Sin embargo, las comprobaciones realizadas indican que la nueva dirección corresponde a un vivero de empresas utilizado como buzón postal por cientos de sociedades, muchas de ellas de origen chino, sin actividad real ni presencia física.

Este hecho vuelve a poner en duda los controles administrativos aplicados en un proceso de homologación que afecta directamente a millones de conductores.

Un mercado millonario creado por decreto

La obligatoriedad de las balizas V16, en vigor desde el 1 de enero de 2026, ha generado de forma inmediata un mercado potencial de más de 34 millones de clientes, equivalente al parque móvil español. Aunque existen empresas nacionales con trayectoria en seguridad vial, una parte muy significativa de las licencias ha recaído en sociedades creadas expresamente para aprovechar esta oportunidad regulatoria.

El patrón recuerda a lo ocurrido durante la pandemia de la COVID-19, cuando intermediarios sin estructura real aprovecharon la urgencia normativa para hacer negocio con material sanitario. Un paralelismo que vuelve a poner en cuestión la diligencia, la supervisión y los criterios aplicados por la administración en procesos con un impacto tan masivo sobre los ciudadanos.

Mientras tanto, los conductores siguen obligados a adquirir un dispositivo cuyo proceso de homologación y ecosistema empresarial genera cada vez más desconfianza y polémica, alimentando la sensación de que, una vez más, el sistema ha priorizado la rapidez frente al control riguroso.