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La DGT reconoce que tenemos un problema 'serio' con las furgonetas de trabajo

Furgoneta de trabajo

La seguridad vial de las furgonetas se ha convertido en una de las grandes asignaturas pendientes del tráfico en España. Durante años, este tipo de vehículo ha quedado en tierra de nadie: ni turismo, ni camión, pero cada vez más presente en carreteras y ciudades. El auge de la logística, el reparto urbano y el comercio electrónico ha disparado su uso, y con ello han llegado también los problemas.

La DGT ha decidido poner el foco en esta realidad y abrir un debate específico para analizar qué está fallando y qué medidas deben adoptarse para reducir una siniestralidad que ya empieza a preocupar seriamente.


Un parque que crece… y envejece

Las furgonetas han ganado peso en la movilidad española en la última década. Su facilidad de uso —no requieren permisos especiales ni tacógrafo— las ha convertido en la herramienta perfecta para autónomos, pequeñas empresas y grandes operadores logísticos. Sin embargo, ese crecimiento tiene una cara menos amable.

Cerca del 40% del parque de furgonetas supera los 20 años y la edad media de los vehículos en circulación ronda los 12 años, una cifra elevada si se tiene en cuenta el uso intensivo al que están sometidos. En los siniestros mortales, la antigüedad media se dispara aún más, superando los 16 años, lo que pone en evidencia un problema estructural: vehículos viejos, muy utilizados y con menor nivel de seguridad activa y pasiva.


Más accidentes y más graves

Los datos recientes confirman el repunte del riesgo. En vías interurbanas, la siniestralidad con furgonetas aumentó de forma clara, con 79 fallecidos y un incremento significativo de los heridos hospitalizados, especialmente en colisiones y salidas de vía. También crecieron los accidentes mortales en autopistas, autovías y carreteras secundarias.

En ciudad, aunque el número de víctimas mortales es menor, el impacto sigue siendo relevante, sobre todo sobre los usuarios vulnerables: peatones, ciclistas y motoristas concentran una parte muy importante de las víctimas cuando hay una furgoneta implicada.

A esto se suman factores agravantes como el consumo de alcohol, drogas o psicofármacos. En torno al 41% de los conductores de furgoneta fallecidos dieron positivo en pruebas toxicológicas, un porcentaje que refuerza la necesidad de controles y concienciación específicos.


Trabajo, prisas y presión

Buena parte de estos accidentes están ligados al ámbito laboral. Los siniestros mortales en jornada de trabajo y los accidentes in itinere han aumentado, reflejando una realidad conocida por cualquiera que circule a diario: largas jornadas, plazos ajustados y presión por entregar rápido.

Las furgonetas recorren muchos kilómetros al año. Las más nuevas superan los 28.000 km anuales, y las dedicadas al transporte público de mercancías llegan fácilmente a los 50.000 km. A más horas al volante, más exposición al riesgo, especialmente cuando se combina con tráfico urbano denso, zonas de bajas emisiones y falta de espacios logísticos adecuados para carga y descarga.


Renovar, formar y planificar

El consenso entre expertos y sector empresarial es claro: endurecer la normativa no es suficiente. La clave pasa por renovar la flota, incorporar asistentes de ayuda a la conducción, mejorar la formación específica de los repartidores y adaptar la planificación logística a la realidad actual de las ciudades.

La ausencia de sistemas avanzados de seguridad en furgonetas antiguas, el uso irregular del cinturón de seguridad y el mantenimiento deficiente —con ITV caducada en un porcentaje preocupante— siguen siendo factores determinantes en los accidentes más graves.


Un plan específico sobre la mesa

Ante este escenario, la DGT y la Guardia Civil ya trabajan en un plan operativo específico para las furgonetas de reparto, centrado en vigilancia, prevención y concienciación. El objetivo es actuar sobre los principales riesgos: velocidad, consumo de alcohol y drogas, estiba de la carga, distracciones y deficiencias técnicas en elementos clave como frenos, neumáticos o iluminación.

El mensaje es claro: las furgonetas ya no pueden seguir siendo el vehículo olvidado de la seguridad vial. Son esenciales para la economía, pero precisamente por eso necesitan reglas claras, vehículos más seguros y una estrategia propia. No se trata solo de reducir cifras, sino de proteger a quienes trabajan cada día al volante y a todos los que comparten la carretera con ellos.