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La DGT quiere meter una "cornada" de 200 euros a los "listos" que adelantan en las rotondas

Un adelantamiento temerario en una rotonda

Las rotondas llevan décadas formando parte del tráfico diario en España, pero siguen siendo uno de los lugares donde más conductores dudan, improvisan o directamente circulan mal. Y el problema no es solo de fluidez. Es de seguridad vial. Una glorieta mal tomada puede acabar en un susto, en una colisión lateral, en un alcance, en un atropello a la salida o en una sanción económica.

Los datos explican por qué la DGT insiste tanto en este punto. Uno de cada tres conductores implicados en siniestros en glorietas cometía alguna infracción, principalmente por no respetar la prioridad, por circular con velocidad excesiva o por no mantener la distancia de seguridad, según los datos de Tráfico correspondientes a 2020. Además, la propia DGT recuerda que las normas de prioridad son las infracciones más frecuentes en estas intersecciones.

La teoría parece sencilla. La práctica, por lo visto cada día en cualquier ciudad, no tanto.

La primera regla: quien está dentro tiene prioridad

La norma básica en una glorieta es que los vehículos que ya circulan dentro tienen prioridad frente a los que pretenden acceder, salvo que una señal, un semáforo o un agente indique otra cosa. Así lo recoge el Reglamento General de Circulación, que establece que en las glorietas tienen preferencia de paso los vehículos que se encuentran dentro de la vía circular.

Por eso, al aproximarse a una rotonda, el conductor debe hacer tres cosas antes de entrar: reducir la velocidad, mirar hacia la izquierda y no precipitarse. La DGT insiste en que el acceso es un momento crítico y que, si no hay visibilidad suficiente o el tráfico interior no permite incorporarse con seguridad, hay que detenerse.

La prisa en una rotonda suele salir cara. Entrar forzando, obligar a frenar al que ya circula dentro o colarse pensando que “hay hueco” es una de las maniobras que más conflictos genera.

La entrada es donde empieza buena parte del problema

La aproximación y el acceso concentran buena parte de los siniestros. Según un estudio citado por la DGT, en esa fase se producen más de la mitad de los accidentes en glorietas, un 54%. Por eso Tráfico recomienda anticiparse, observar bien, respetar la señalización y entrar siempre a una velocidad adecuada.

La velocidad excesiva agrava todos los errores. Una rotonda no está pensada para circular rápido. Si se entra demasiado deprisa, se dificulta la incorporación de otros vehículos, se complican los cambios de carril, se tiende a invadir más de un carril para controlar el coche y aumenta el riesgo en los pasos de peatones situados en las salidas.

Una glorieta no es una curva más. Es una intersección con vehículos que entran, salen, cambian de trayectoria y comparten espacio en pocos metros.

Dentro de la rotonda, el carril exterior manda

Una vez dentro, la recomendación general de la DGT es circular por el carril exterior siempre que esté libre y utilizar los carriles interiores para adelantar o para preparar salidas más lejanas en glorietas con mucho tráfico. En zonas urbanas se permite usar el carril que más convenga según el destino, pero si se va a tomar una de las primeras salidas, lo más lógico y seguro es colocarse en el exterior.

El error empieza cuando algunos conductores interpretan el carril interior como una vía rápida para cortar la rotonda. No lo es. Circular por dentro no da derecho a salir cruzándose por delante de los demás.

El Reglamento General de Circulación también es claro en los cambios de carril: cualquier desplazamiento lateral debe hacerse respetando la prioridad del vehículo que ya circula por el carril que se pretende ocupar. Además, el conductor debe advertir la maniobra con antelación y asegurarse de que puede realizarla sin peligro.

La “cruzada”, la maniobra que más peligro genera

La maniobra más conflictiva es la conocida como “cruzada”: salir de la rotonda directamente desde un carril interior, atravesando el carril exterior y cortando la trayectoria de otro vehículo que circula correctamente.

La DGT lo resume de forma sencilla: como norma general, no se debe salir de la glorieta desde los carriles interiores. Si el tráfico impide cambiar con tiempo al carril exterior, lo más seguro es dar otra vuelta y colocarse correctamente antes de abandonar la rotonda.

Esta es una de esas reglas que muchos conductores conocen, pero no siempre aplican. Y es también una de las que más discusiones genera, porque quien circula por dentro suele pensar que “su salida” le da preferencia. No es así. La salida debe hacerse desde el carril exterior derecho, salvo que exista una señalización específica que permita otra maniobra.

Los intermitentes no son decorativos

Otro fallo habitual es no señalizar. En una rotonda, los intermitentes son fundamentales porque el resto de conductores necesita saber si otro vehículo va a continuar girando, cambiar de carril o abandonar la glorieta.

El Reglamento obliga a advertir previamente las maniobras de cambio de dirección y cambio de carril. En la práctica, eso significa que hay que señalizar los desplazamientos laterales dentro de la rotonda y también la salida. No hacerlo aumenta la incertidumbre y provoca frenazos, alcances y maniobras defensivas de otros conductores.

La rotonda funciona bien cuando todos pueden prever lo que harán los demás. Cuando nadie señaliza, cada salida se convierte en una adivinanza.

Las multas pueden llegar rápido

Circular mal en una rotonda puede derivar en una sanción. La DGT recuerda que las infracciones graves se sancionan con 200 euros, y muchas de las conductas que se producen en glorietas —no respetar la prioridad, no mantener la distancia de seguridad o señalizar mal determinadas maniobras— encajan dentro de ese marco sancionador.

Además, no todas las infracciones tienen la misma consecuencia. La velocidad se sanciona según el exceso cometido y puede implicar multa y retirada de puntos. No respetar la prioridad o poner en riesgo a otros usuarios también puede acarrear pérdida de puntos en determinados casos.

El problema real, sin embargo, no es solo la multa. Es que una mala decisión en una glorieta puede afectar a otros conductores, motoristas, ciclistas o peatones que cruzan cerca de las salidas.

La regla que evitaría la mayoría de sustos

La forma más segura de afrontar una rotonda se resume en una secuencia muy simple: llegar despacio, ceder el paso a quien ya circula dentro, colocarse bien, señalizar cada movimiento, buscar el carril exterior antes de salir y, si no se puede salir con seguridad, dar otra vuelta.

No hay que ganar tiempo dentro de una glorieta. Hay que salir sin cortar a nadie.

Ese es el mensaje de fondo de la DGT: las rotondas no son complicadas cuando se respetan tres ideas básicas. Prioridad para quien ya está dentro, cambios de carril con señalización y salida desde el carril derecho. Todo lo demás suele acabar en frenazos, bocinazos, partes amistosos o sanciones de 200 euros.