La DGT oculta que la baliza V16 falla con frío y nieve: la borrasca saca la peor cara del "invento" de Pere Navarro
La borrasca Kristin ha puesto a prueba, en condiciones reales, uno de los dispositivos más polémicos de la nueva seguridad vial en España: la baliza V16 obligatoria de la DGT. Apenas unas semanas después de su implantación definitiva el 1 de enero, el temporal ha dejado una conclusión incómoda: su eficacia se reduce de forma notable cuando el tiempo se complica.
Las malas condiciones meteorológicas, con lluvia intensa, nieve y temperaturas bajas, han evidenciado varias limitaciones técnicas de la V16 que hasta ahora apenas se habían debatido fuera del papel. Uno de los puntos más criticados ha sido su visibilidad, precisamente en los escenarios donde más necesaria resulta. Aunque el dispositivo está diseñado para emitir una luz amarilla visible a 360 grados y hasta un kilómetro, la realidad es que nieve, niebla y lluvia intensa pueden reducir drásticamente su capacidad para alertar a otros conductores.
Otro aspecto que ha generado preocupación es su comportamiento frente al frío. Las balizas V16 están homologadas para funcionar en un rango de temperaturas comprendido entre -10 y 50 grados, pero cuando se aproximan o se superan esos límites por debajo, el funcionamiento puede verse comprometido. En zonas de montaña o en carreteras del interior, donde es habitual circular con temperaturas cercanas o inferiores a los 10 grados, el riesgo de fallo aumenta justo en los tramos donde las averías son más frecuentes.
La duración de la batería es otro de los grandes puntos débiles que ha salido a la luz tras el paso de Kristin. La normativa establece que la baliza debe funcionar al menos 30 minutos de forma continuada y contar con una vida útil mínima de 18 meses, sea recargable o no. Sin embargo, en situaciones de frío intenso, diversos ensayos prácticos apuntan a que esa autonomía puede reducirse a la mitad, quedándose en torno a 15 minutos, incluso con la batería completamente cargada.
A ello se suma un problema añadido en caso de nevadas: los copos pueden cubrir físicamente el dispositivo, reduciendo aún más su visibilidad o dejándolo directamente inutilizado. Un escenario especialmente preocupante si se tiene en cuenta que la V16 ha sustituido a los triángulos tradicionales precisamente con el argumento de mejorar la seguridad del conductor y evitar que tenga que abandonar el vehículo.
La experiencia vivida durante la borrasca Kristin reabre el debate sobre si la baliza V16, tal y como está concebida actualmente, cumple realmente con el objetivo para el que fue diseñada en condiciones extremas. Sobre el papel, el sistema encaja dentro del proceso de digitalización de la seguridad vial impulsado por la DGT, pero la práctica demuestra que su rendimiento puede quedar muy lejos de lo esperado cuando el clima se vuelve adverso.
Con el invierno todavía por delante y nuevos episodios meteorológicos previsibles, la V16 afronta ahora su verdadero examen. Un examen que, de momento, deja dudas razonables entre conductores que ya han comprobado que, en frío, nieve y lluvia, este dispositivo no siempre responde como prometía.