La DGT mete un varapalo a los que cogen el Bus-VAO, pero esto pasa con las motos

Carril Bus VAO

La Resolución de la DGT sobre medidas especiales de tráfico para 2026 deja una lectura poco habitual en el actual contexto regulatorio: la motocicleta sale bien parada. En un escenario marcado por el endurecimiento de normas, la priorización del transporte colectivo y una presión creciente sobre el vehículo privado, el motorista no solo no pierde espacio, sino que ve reforzada su posición, especialmente en entornos urbanos y periurbanos. No se trata de una norma pensada específicamente para la moto, pero sí de una regulación en la que la moto encaja mejor que otros vehículos.

Uno de los cambios más relevantes afecta a los carriles BUS-VAO. La nueva resolución elimina la permisividad basada en la etiqueta ambiental y recupera un criterio más clásico: la ocupación real del vehículo. Esto supone la salida de muchos turismos con un solo ocupante —incluidos eléctricos e híbridos— y mantiene a las motocicletas como usuarias legítimas de estos carriles. Para el motorista, el efecto es directo: menos tráfico intruso, mayor fluidez y un entorno más previsible, tres factores clave cuando se circula sobre dos ruedas.

En carretera, la DGT refuerza las restricciones al tráfico pesado en tramos y momentos de alta intensidad, incluyendo la posibilidad de prohibir adelantamientos a camiones. Desde el punto de vista de la seguridad vial, esta medida reduce uno de los escenarios más incómodos y potencialmente peligrosos para las motos: quedar atrapadas entre vehículos de gran tonelaje que realizan maniobras laterales en situaciones de congestión. Menos cambios de carril bruscos y un flujo más ordenado benefician de forma clara al motorista.

No todos los cambios son visibles, pero sí tienen consecuencias prácticas. La baliza V16 conectada, que sustituye definitivamente a los triángulos a partir de 2026, también entra en juego en el ámbito de las motos. Eso sí, las motocicletas no están obligadas a llevar este dispositivo, aunque la DGT recomienda su uso. En la práctica, se abre la puerta a soluciones específicas y homologadas para motoristas, adaptadas a su realidad y a sus limitaciones de espacio.

El resultado de este conjunto de medidas es llamativo. Mientras otros vehículos ven restringido su margen de maniobra, la moto mantiene —e incluso mejora— su papel como solución eficiente de movilidad, tanto en ciudad como en carretera. En un momento en el que la regulación suele ser sinónimo de pérdida de libertades, la motocicleta emerge como una de las grandes beneficiadas de la estrategia de tráfico de la DGT para 2026.

Que la moto haya salido airosa de esta actualización normativa no deja de ser una excepción dentro de la tendencia general. Una excepción que, por ahora, juega a favor del motorista… aunque conviene no darla por garantizada en el futuro.