Una conductora se cruza en su camino, pierde una pierna y la aseguradora tendrá que pagarle casi 402.000 euros
Un accidente de moto puede cambiar una vida en apenas unos segundos.
Pero en este caso las verdaderas consecuencias no terminaron de manifestarse hasta mucho tiempo después del impacto.
Un motorista que sufrió un grave accidente en O Rosal, Pontevedra, terminó perdiendo la pierna derecha después de una larga evolución médica que comenzó con una fractura, continuó con operaciones y una prótesis y acabó con una infección que obligó finalmente a amputar.
Años después, la Audiencia Provincial de Pontevedra decidió elevar la indemnización reconocida inicialmente por un juzgado de Tui hasta aproximadamente 402.000 euros.
Una conductora se incorporó a la carretera y chocó contra la moto
El accidente ocurrió en noviembre de 2015, en la carretera EP-3302 que comunica O Rosal con Tabagón.
Según la información disponible sobre la sentencia, una mujer que conducía un Dacia se incorporó a la carretera principal sin advertir correctamente la presencia de la motocicleta.
El motorista impactó contra el vehículo y sufrió lesiones de enorme gravedad.
La Audiencia atribuyó a la conductora del turismo un 80% de responsabilidad en el siniestro, al considerar que no adoptó las precauciones necesarias antes de realizar la incorporación.
Pero el motorista tampoco quedó completamente exento.
El motorista circulaba al menos a 77 km/h en una zona de 50
Según el informe pericial analizado en el procedimiento, el motorista circulaba como mínimo a 77 km/h en un tramo limitado a 50 km/h.
Por ello, la Audiencia le atribuyó un 20% de responsabilidad en el accidente.
La aseguradora había intentado que ese porcentaje se elevase al 40%, lo que habría reducido considerablemente la indemnización final.
Los magistrados rechazaron esa pretensión y mantuvieron el reparto en un 80% para la conductora y un 20% para el motorista.
Primero fue una fractura
Las consecuencias físicas fueron mucho más allá del propio momento del accidente.
El hombre sufrió una grave fractura en una pierna y tuvo que ser intervenido de urgencia en el Hospital Álvaro Cunqueiro de Vigo.
La evolución no fue buena.
La rodilla terminó perdiendo movilidad y, aproximadamente dos años después del siniestro, fue necesario implantarle una prótesis.
Pero aquello tampoco resolvió el problema.
La prótesis se infectó
La prótesis terminó sufriendo una infección.
A pesar de los diferentes tratamientos médicos, la infección no pudo solucionarse.
Según la información publicada sobre el procedimiento, la aseguradora derivaba al paciente a un hospital de Madrid para ser tratado por profesionales concertados.
Pero su situación siguió empeorando.
Finalmente, un especialista del Hospital Álvaro Cunqueiro consideró que la solución necesaria era mucho más radical.
Había que amputar la pierna.
Los médicos consideraron que la amputación era necesaria
La aseguradora discutió posteriormente esta cuestión.
Defendía que podría haberse optado por sustituir nuevamente la prótesis y continuar tratando la infección.
Pero el médico que atendía al paciente consideró que la amputación era necesaria ante el riesgo que suponía mantener aquella infección.
Finalmente, el motorista perdió la pierna derecha y tuvo que afrontar además varios meses de rehabilitación.
Era mecánico y todavía tenía más de una década de vida laboral
Este elemento fue especialmente importante para calcular la indemnización.
El hombre tenía 55 años y trabajaba como mecánico.
La Audiencia tuvo en cuenta que todavía le quedaban aproximadamente entre 10 y 12 años de vida laboral y que las secuelas afectaban de manera directa a su capacidad para seguir desarrollando sus funciones habituales.
Como consecuencia de sus lesiones le fue reconocida una incapacidad permanente total.
Esto significa que podía realizar otras actividades profesionales, pero ya no estaba en condiciones de desempeñar normalmente su profesión habitual.
La amputación provocó un “importante menoscabo moral”
La indemnización no se calculó únicamente atendiendo al daño físico.
La Audiencia Provincial destacó también el enorme impacto psicológico y vital de perder una extremidad.
La sentencia habla de un “importante menoscabo moral”, especialmente relevante porque la amputación afectaba de forma permanente tanto a su vida diaria como a su capacidad laboral.
Ese daño moral fue una de las razones por las que la Sala entendió que la cantidad inicialmente reconocida resultaba insuficiente.
El juzgado había fijado inicialmente unos 373.000 euros
En primera instancia, el juzgado de Tui ya había reconocido al motorista una indemnización cercana a:
373.000 euros.
Una cantidad muy elevada, acorde con la gravedad de las secuelas.
Pero el asunto terminó llegando a la Sección Tercera de la Audiencia Provincial de Pontevedra, que decidió incrementarla hasta aproximadamente:
402.000 euros
La aseguradora tardó tres años en hacer una oferta
La actuación de la aseguradora también tuvo importancia.
Según recoge la sentencia, Mutua Madrileña no hizo una oferta al perjudicado hasta aproximadamente tres años después del accidente.
La Audiencia reprochó expresamente ese retraso y consideró que las cantidades consignadas inicialmente eran demasiado pequeñas en comparación con la entidad de los daños sufridos.
Ese comportamiento influyó en el resultado económico final de la reclamación.
La cantidad definitiva tiene en cuenta tanto el periodo de curación como las secuelas, la incapacidad permanente, el perjuicio moral y los efectos económicos derivados del retraso en la indemnización.
Más de 400.000 euros pese a que el motorista también tuvo parte de culpa
Este es otro de los elementos más interesantes de la sentencia.
El motorista no fue considerado completamente ajeno a la producción del accidente.
La Audiencia aceptó que su velocidad contribuyó al resultado y le atribuyó un 20% de responsabilidad.
Sin embargo, incluso después de aplicar esa concurrencia de culpas, la gravedad de las lesiones y de las secuelas terminó llevando la compensación hasta el entorno de los 402.000 euros.
Eso permite comprender la magnitud de los daños que fueron valorados judicialmente.
De una caída en moto a perder la profesión y una pierna
Este caso no termina simplemente con una factura médica.
El hombre pasó de sufrir una fractura en 2015 a enfrentarse durante años a tratamientos, operaciones, pérdida de movilidad, una prótesis infectada y, finalmente, una amputación.
Además, su trabajo como mecánico quedó directamente afectado.
Por eso la Audiencia entendió que no bastaba con valorar únicamente la lesión inicial.
Había que compensar también las secuelas permanentes, la pérdida de capacidad profesional y el daño moral asociado a vivir el resto de su vida sin una pierna.
Y el resultado fue una de esas indemnizaciones que llaman la atención por su importe:
casi 402.000 euros.
Una cantidad enorme.
Pero detrás de ella había también una consecuencia difícil de valorar únicamente en dinero:
un motorista de 55 años que salió de aquel accidente con una vida completamente distinta a la que tenía antes.