Hay algo que no se puede pasar por alto: la afición
La pasión por el Supercross y el motocross en Estados Unidos es simplemente increíble. Se llenan estadios a reventar, muchas veces con más ambiente que en circuitos de velocidad tradicionales, porque aquí no hay pausas ni tiempos muertos: es acción constante, es riesgo, es espectáculo puro desde la primera curva hasta la última.
En Filadelfia se vio otra vez. El recinto estaba abarrotado, y aun con la lluvia cayendo sin parar, con el frío y el barro complicando todo, la gente no se movió de su sitio. Chubasqueros, capuchas, barro en las botas… pero nadie se fue. Todos mirando la pista, viviendo cada salida, cada caída y cada adelantamiento como si fuera una final.
Es la esencia de este deporte: duro, extremo, impredecible… y absolutamente adictivo para quien lo vive desde las gradas.
Cole Davis, campeón de la costa este de 250 SX
El barro no era un factor más: era el protagonista absoluto de la ronda en el AMA Supercross.
Y en la categoría 250 c.c. la tensión era máxima. Aquí no solo se corría una carrera. Se decidía un campeonato.
Cole Davis y Seth Hammaker llegaban jugándose el título de la costa este. Todo estaba en juego.
La salida fue explosiva. Hammaker tomó el holeshot, primero en pista, agresivo y decidido. Pero el barro no perdona. En un salto perdió el control y se fue al suelo, complicando desde el inicio sus opciones en el campeonato.
La carrera, además, tuvo un momento clave muy pronto: en la tercera vuelta, la caída de otro piloto obligó a sacar bandera roja por seguridad, deteniendo la prueba para atender al piloto y reorganizar la salida.
Tras la interrupción, se aplicó el formato habitual del Supercross en estas situaciones: salida escalonada, uno detrás de otro según la clasificación en ese momento.
Y ahí cambió todo.
Davis arrancó delante. Y desde ese instante no miró atrás.
Su carrera fue un ejercicio de control absoluto. En condiciones donde cada rodera podía hundir la rueda delantera y cada aceleración terminar en caída, Cole Davis estuvo impecable. Líneas limpias, ritmo constante, sin errores y con una gestión perfecta de la moto en el barro más pesado del año.
Detrás, Daxon Benick firmó la mejor actuación de su temporada con su Husqvarna, subiendo al podio en segunda posición. Una carrera muy sólida, demostrando que en barro tiene un nivel altísimo de fluidez y control.
Y la otra gran historia fue la de Hammaker. Salió desde la undécima posición tras el caos inicial, pero empezó una remontada muy seria, adelantando piloto tras piloto hasta llegar al tercer puesto. Un esfuerzo enorme, pero insuficiente para inquietar a Davis.
Porque delante, Cole estaba en otra carrera.
Sin errores. Sin dudas. Sin fisuras.
Y así, vuelta a vuelta, fue construyendo una victoria que no solo le dio la carrera, sino también el campeonato de la costa este en 250SX.
Filadelfia no fue rápida. No fue limpia. No fue fácil.
Fue una guerra de barro, técnica y cabeza.
Y en esa guerra, Cole Davis no falló nunca.
Campeón. Con autoridad.
Categoría 450 SX
Ken Roczen se pone primero en el campeonato de SX con cuatro puntos de ventaja.
¡Qué carrera!
Hay noches que no se olvidan. No por la velocidad, no por los triples imposibles ni por los scrub perfectos. Se recuerdan por algo más profundo. Por el carácter. Por la lucha. Por la resistencia. Y lo de Filadelfia fue exactamente eso: una batalla contra el barro, el frío… y uno mismo.
La ronda 15 del AMA Supercross Championship convirtió el circuito en un auténtico campo de guerra. La lluvia no dio tregua. Cada vuelta destrozaba más la pista. Las roderas eran trampas, el gas era un enemigo y el equilibrio… una cuestión de supervivencia. Aquí no ganaba el más rápido: ganaba el más valiente y el más inteligente.
Y en medio del caos, tres nombres brillaban con fuerza: Hunter Lawrence, Cooper Webb y Ken Roczen. Tres estilos, tres mentalidades, una sola meta.
La salida fue limpia, casi engañosa para lo que vendría después. Lawrence tomó la delantera, Webb se colocó segundo y Roczen, como un depredador esperando su momento, tercero. Pero todos sabían lo que iba a pasar… porque cuando Roczen huele sangre, no duda.
En cuestión de curvas, el alemán ya estaba primero.
Lo que vino después fue puro instinto. Ken Roczen empezó a marcar un ritmo imposible para las condiciones. No era bonito. Era eficaz. Era agresivo. Era preciso. Detrás, Lawrence aguantaba, consciente de que cada punto era oro en un campeonato al límite. Webb observaba, calculaba, esperando el error que nunca llegó… o casi.
Porque en este circuito, el barro no perdona.
Y fue ahí donde la carrera cambió. Hunter Lawrence cayó tras pasar el salto de meta. Un instante. Un pequeño fallo. Pero suficiente para romper la carrera. Volvió a levantarse, siguió, luchó… pero el tiempo perdido en estas condiciones es una condena.
Delante, la tensión crecía.
Cooper Webb empezó a acercarse. Vuelta a vuelta. Metro a metro. El cronómetro caía, la distancia se reducía… hasta que, en la última vuelta, estaba ahí. A menos de un segundo. Respirando en la nuca de Roczen.
Pero hay días en los que no puedes fallar.
Y Roczen no falló.
Cruzó la meta primero, con una victoria que no solo suma 25 puntos. Suma respeto. Suma autoridad. Suma un mensaje claro al campeonato: está listo para todo. Incluso para ganar en el barro, donde muchos solo sobreviven.
Además, lo hizo doblando prácticamente hasta el quinto puesto. Una barbaridad en una pista donde mantenerse en pie ya era un logro.
Y ahora, el símbolo del momento: la placa roja.
Ken Roczen saldrá líder en la próxima ronda. Pero más allá del color, lo importante es lo que representa: confianza, control… y presión para sus rivales.
Porque si algo dejó claro Filadelfia es esto: el campeonato no lo ganará el más rápido, sino el más fuerte cuando todo se complica.
Y en el barro… ahí es donde nacen las leyendas.
Nuestro piloto, Jorge Prado, no tuvo su mejor noche en unas condiciones extremadamente complicadas.
El circuito estaba completamente roto por la lluvia, con barro profundo y roderas muy marcadas, lo que hace que cualquier pequeño error te haga perder muchas posiciones en segundos. En ese contexto, salir bien y mantener ritmo constante era casi más importante que la velocidad pura, y ahí Prado no consiguió encontrar las sensaciones ideales durante la carrera.
Aun así, este tipo de jornadas también forman parte del proceso. En el salto del motocross al Supercross, especialmente en pistas tan técnicas como Filadelfia, el aprendizaje es continuo: lectura de trazadas, adaptación al ritmo de carrera y gestión del agarre en condiciones cambiantes.
Prado sigue en esa fase de ajuste, acumulando experiencia en Supercross, mientras mantiene su base muy sólida en motocross, donde ha demostrado de sobra su nivel. Si algo deja claro su perfil es que, cuando las condiciones vuelven a terreno más natural y abierto, sigue siendo uno de los pilotos más fuertes del mundo.
No fue su mejor noche, pero sí otro paso dentro de un proceso más largo de adaptación en el campeonato americano.
LUIKE/EL MOTERO
Toñejo Rodríguez