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Prueba una BMW R 1300 GS y le espanta: “Se siente como hacer trail con un piano de cola”

La BMW R 1300 GS

FortNine lo ha vuelto a hacer. Ha cogido una de las motos más importantes del mercado, la BMW R 1300 GS Adventure, y la ha explicado desde un ángulo que casi nadie se atreve a tocar. No como una simple trail grande. No como una maxi-trail de lujo. Ni siquiera como el icono viajero que BMW lleva décadas perfeccionando. Para Ryan F9, la nueva GSA es algo más provocador: una especie de mesa de café con ruedas, una plataforma enorme, plana y llena de superficies pensadas para enganchar cosas.

Y, aunque suene a burla, ahí empieza precisamente la parte interesante.

La nueva BMW R 1300 GS Adventure ha dividido opiniones desde que apareció. Hay quien la ve fea, demasiado cuadrada, demasiado grande, demasiado aparatosa. Otros la defienden como una herramienta pura, una moto hecha para viajar cargada, montar equipaje, defensas, bolsas, soportes y todo tipo de accesorios. FortNine resume esa dualidad con una idea sencilla: puede ser fea y utilitaria al mismo tiempo.

Pero el fondo del análisis va más allá de la estética. Para el canal canadiense, la nueva GSA no es solo una moto. Es una plataforma de accesorios.

El gran negocio que rodea a la GS

La BMW GS no solo vende motos. Vende un ecosistema. Maletas, defensas, bolsas sobredepósito, protectores, faros auxiliares, soportes, parrillas, placas de protección, extensiones, anclajes y piezas de viaje. Alrededor de la GS se ha construido una industria gigantesca en la que marcas como Touratech, SW-Motech, Wunderlich o Lone Rider han hecho negocio durante años.

FortNine plantea que BMW ha entendido perfectamente esa realidad. Si hay tantas empresas ganando dinero con accesorios para la GS, lo lógico desde el punto de vista empresarial es que la propia BMW quiera quedarse con una parte mayor de ese pastel.

De ahí que la moto parezca cada vez más preparada para recibir piezas. Superficies planas, anclajes visibles, zonas pensadas para maletas, bolsas y componentes oficiales. FortNine lo llama, con bastante mala leche, una especie de Lego para hombres. Una moto que no se termina cuando sale del concesionario, sino que empieza ahí.

Y ese enfoque tiene una consecuencia curiosa: la moto no solo cambia como producto comercial. También cambia dinámicamente.

El Telelever y una dirección más rígida que nunca

FortNine dedica una parte importante del análisis al comportamiento de la suspensión delantera Telelever, una de las señas de identidad históricas de las GS grandes. El sistema permite que la moto apenas hunda el tren delantero al frenar, manteniendo una geometría más estable cargada o descargada.

Eso es parte de la magia GS: frenas fuerte y la moto no se descompone como otras trail altas. Sigue plana, ordenada, serena.

Pero también tiene efectos secundarios. Según explica el canal, el recorrido inicial de la rueda delantera resulta muy vertical, lo que puede hacer que la moto rebote de forma seca sobre piedras pequeñas o irregularidades. Además, el tacto de dirección tradicional de las GS siempre ha sido algo flotante, precisamente por cómo trabaja el sistema.

En la nueva GSA, FortNine señala que BMW ha rigidizado todavía más la zona del manillar mediante una nueva solución con rodamiento esférico y una placa más sólida. ¿El resultado? Más precisión, sí, pero también una sensación de marcha más dura. De ahí una de las frases más gráficas del vídeo: conducirla fuera del asfalto puede sentirse como hacer trail con un piano de cola.

La paradoja de la GS moderna

La BMW R 1300 GS normal nació como una moto más compacta y más ligera que su antecesora. BMW trabajó mucho para reducir peso, simplificar estructuras y hacer una moto menos intimidante. FortNine recuerda que la GS estándar se queda en torno a 522 libras, unos 237 kilos, una cifra relativamente contenida para lo que ofrece.

El problema aparece cuando esa filosofía se convierte en Adventure.

BMW toma una moto que había sido diseñada para encogerse y la vuelve a agrandar con un depósito enorme, defensas, soportes, estructuras y todo lo necesario para cargarla como una expedición. Es decir, la marca construye una moto compacta y después la convierte en un camión de viaje.

Suena absurdo. Pero funciona.

Y funciona porque la GSA no busca sentirse ligera en parado ni especialmente juguetona en un sendero estrecho. Busca otra cosa: avanzar con una estabilidad casi absurda.

El verdadero secreto: masa a lo ancho

Aquí llega la parte más brillante del análisis de FortNine. Durante años se ha repetido que las BMW GS se sienten tan especiales por el bajo centro de gravedad del motor bóxer. Los cilindros sobresalen a los lados, el peso queda bajo y la moto se siente más manejable.

FortNine no compra del todo esa explicación.

Según su lectura, el centro de masas de una GS no es tan distinto al de otras trail grandes. Lo que realmente cambia no es tanto que el peso esté bajo, sino que está muy extendido hacia los lados.

Los cilindros del bóxer sobresalen lateralmente. El enorme depósito de la GSA no sube tanto hacia arriba como se abre hacia los lados. Las maletas, defensas y accesorios también cuelgan fuera del eje central. Todo eso aumenta el momento de inercia alrededor del eje de balanceo.

Dicho de forma sencilla: cuesta más inclinarla, pero también cuesta más desestabilizarla.

Por eso la GSA se siente como si llevara una pértiga de equilibrista. Una vez que la moto está inclinada, se mantiene inclinada. Una vez que avanza en una dirección, parece querer seguir ahí. Ni un bache, ni un pasajero, ni una sacudida la alteran con facilidad.

No es tan ágil como parece

Una de las ideas más provocadoras del vídeo es que muchos probadores dicen que la GSA gira con una agilidad sorprendente. FortNine responde que no: lo que ocurre es que BMW monta un manillar enorme, y ese manillar da muchísimo brazo de palanca.

Con las manos colocadas en los extremos, el piloto puede forzar a una moto muy ancha y pesada a cambiar de dirección con más facilidad de lo que cabría esperar. Pero si se movieran las manos hacia dentro, a una anchura más convencional, se notaría lo lenta que puede ser realmente para girar.

Esa es la otra cara de su estabilidad. La GSA no es una pluma. No es una enduro grande. No es una trail ligera que cambia de línea con solo pensarlo. Es una moto que avanza como un avión: estable, firme, muy plantada y poco sensible a lo que ocurre debajo.

Y esa es, según FortNine, la fuente real de su leyenda.

La leyenda GS: llegar al otro lado

FortNine lo explica de una manera muy interesante: las GS Adventure no se han ganado su fama porque sean rápidas o divertidas fuera del asfalto. De hecho, son enormes. Pesan mucho. Imponen. Cansan. No son motos fáciles en terreno complicado.

Pero tienen una cualidad casi mítica: aparecen al otro lado del obstáculo.

Una vez que consigues ponerlas en movimiento y apuntarlas en la dirección correcta, su masa, su anchura y su estabilidad las empujan a seguir. No son ágiles como una trail ligera, pero transmiten una sensación de inevitabilidad. Como si, más que esquivar el mundo, lo atravesaran.

Esa es la magia de la GSA. No hace que el campo sea fácil. Hace que parezca posible.

Los inconvenientes: consumo, peso y quickshifter

El canal también señala varias sombras. La primera es la aerodinámica. Una moto tan ancha, tan cargada y tan protegida necesita mucha energía para abrirse paso en autopista. Aunque BMW declare mejoras de consumo, FortNine asegura que en su uso real la nueva GSA gasta más de lo esperado.

La segunda es el peso en parado. En marcha, toda esa masa lateral ayuda a estabilizar. Pero cuando toca levantarla de la pata de cabra o moverla despacio, la historia cambia. Ahí la GSA recuerda que es una moto enorme.

BMW intenta compensarlo con el sistema de altura adaptativa, que permite que la moto “se arrodille” al bajar de velocidad. Pero FortNine critica que el sistema genera una zona extraña entre velocidades, donde la moto puede tener una altura u otra dependiendo de cómo llegues a ese punto.

La tercera queja va al quickshifter, que describe como brusco. Según el análisis, el enorme par del motor bóxer puede hacer que los cambios sin embrague resulten secos y poco agradables, hasta el punto de preferir usar el embrague muchas veces.

La gran virtud oculta: protección aerodinámica

Pero no todo es crítica. FortNine reconoce una virtud enorme de la GSA: su protección contra el viento y el clima.

Entre el depósito ancho, los cilindros laterales, los deflectores, las maletas y toda la carrocería, la BMW termina ofreciendo una protección más cercana a una moto carenada que a una trail pura. La broma es que BMW ha conseguido vender a miles de usuarios una especie de RT camuflada de aventura.

Y esa observación es demoledora porque tiene mucho de verdad. Muchos motoristas no comprarían una touring pura porque la ven demasiado seria, demasiado mayor o demasiado de carretera. Pero sí compran una GS Adventure, aunque en la práctica les dé una protección, una capacidad de viaje y una comodidad muy parecidas.

La diferencia está en la imagen. La RT parece una moto para viajar. La GS Adventure parece una moto para conquistar el mundo.

Una crítica que explica por qué funciona

Lo mejor del análisis de FortNine es que no se limita a reírse de la BMW. La ridiculiza, sí, pero también la entiende. Y al entenderla, la hace todavía más interesante.

La BMW GS Adventure puede ser enorme, cara, aparatosa, dura, sedienta, llena de accesorios y más torpe de lo que algunos quieren admitir. Pero también tiene una personalidad dinámica que ninguna otra moto replica exactamente. No por un truco mágico, sino por física pura: masa colocada a lo ancho, enorme estabilidad, mucho par, muchísima protección y una arquitectura pensada para viajar cargado.

Quizá por eso lleva tanto tiempo siendo una referencia. Porque no intenta ser una trail ligera. No intenta ser una deportiva alta. No intenta ser una enduro. La GSA juega a otra cosa.

Es una moto construida para cargar, proteger, avanzar y convencer al piloto de que, aunque todo parezca demasiado grande, llegará al otro lado.

El secreto de la GS no está donde muchos pensaban

FortNine deja una idea que merece quedarse: la BMW GS Adventure no se siente única simplemente porque tenga un motor bóxer o un centro de gravedad bajo. Se siente única porque todo en ella —motor, depósito, maletas, defensas y accesorios— trabaja para colocar masa lejos del centro.

Eso la hace menos ágil, más pesada y más exigente en parado. Pero también la convierte en una de las motos más estables y peculiares del mercado.

Y quizá ahí está el verdadero genio de BMW. Ha construido una moto que parece una tienda de accesorios con ruedas, pero que precisamente por eso se comporta de una forma que nadie más ha conseguido copiar del todo.

La GSA no es ligera. No es pequeña. No es barata. No es discreta.

Pero cuando empieza a moverse, entiende algo que muchas motos no entienden: que viajar lejos no siempre va de ser rápido. A veces va de ser imparable.