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Se compra una Ducati Panigale V4 y dice lo que odia de ella: "El acelerador tenía muchísima holgura"

Montado en su Ducati Panigale V4

Hablar de la Ducati Panigale V4 es hablar de una de las superbikes más deseadas del mundo. Diseño radical, ADN de competición, un motor V4 heredero directo de la experiencia en MotoGP y una estética que obliga a girarse cuando la dejas aparcada.

Pero incluso las motos soñadas tienen puntos débiles. Un propietario ha compartido los cinco aspectos que menos le convencen de su Panigale V4. No son fallos catastróficos. Son detalles que, en una moto de 20.000 a 25.000 euros, llaman la atención.


1. El botón de los puños calefactables… sin puños calefactables

El primer detalle es casi irónico. La moto incorpora el botón para activar los puños calefactables, pero estos no vienen instalados de serie.

En una superbike de este nivel de precio, sorprende que haya que pagar varios cientos de euros adicionales para añadir un equipamiento que muchos consideran básico en el día a día. La crítica no es tanto por la ausencia, sino por la sensación de pagar un sobrecoste en una moto que ya es premium.


2. Una postura que castiga la espalda

La posición de conducción es pura competición. Cuerpo muy adelantado, muñecas cargadas y espalda inclinada.

En trayectos cortos o conducción deportiva es parte del encanto. Pero cuando el paseo se alarga 40 o 50 minutos, la fatiga aparece. No es un defecto de fabricación: es la naturaleza de una superbike. Aun así, para uso urbano o rutas largas, puede pasar factura.


3. El sonido: gloria… o exceso

En este caso, la unidad monta un escape SC-Project, prácticamente directo. El resultado es un sonido brutal, agresivo, de circuito.

El problema llega en autopista. El nivel sonoro puede ser tan elevado que obliga a utilizar protección auditiva. Con el escape de serie, el comportamiento es más civilizado, aunque algunos lo consideran demasiado discreto.

La conclusión es clara: el rugido enamora, pero también cansa.


4. Un acelerador con demasiado juego

Otro punto criticado es el exceso de holgura en el puño del acelerador. En una moto de este precio, encontrar un tacto impreciso resulta decepcionante.

La solución existe y no es cara, pero el hecho de tener que corregirlo por cuenta propia genera dudas. En una superbike que presume de precisión milimétrica, cualquier detalle mecánico fuera de lugar se nota.


5. El calor: el gran clásico de las Panigale

Si hay algo que acompaña a casi todas las generaciones de Panigale es el tema del calor del motor.

El V4 genera una cantidad importante de temperatura, especialmente en ciudad o en verano. Tras unos minutos circulando, el piloto puede notar cómo el calor se concentra en las piernas. Incluso con protectores térmicos adicionales, la mejora es limitada.

No es un secreto ni una sorpresa: es una consecuencia directa de un motor de alto rendimiento encapsulado en un carenado extremadamente compacto.


¿Merece la pena pese a todo?

A pesar de estos cinco puntos, el propio propietario lo tiene claro: no la cambiaría por ninguna otra. Ha tenido motos como la Harley-Davidson V-Rod, la Ducati Monster o la Ducati 899 Panigale, y afirma que esta es su favorita.

La Ducati Panigale V4 no es perfecta. Ninguna lo es. Pero su combinación de estética —con alerones aerodinámicos, basculante monobrazo y detalles como la tapa de embrague transparente—, sonido y sensaciones la sitúan en un nivel emocional difícil de igualar.

Porque al final, más allá del calor o de un botón sin función, lo que pesa es lo que sientes cuando te bajas, te giras y la miras. Y ahí, pocas motos juegan en su liga.