Un taller oficial de BMW le intenta sacar 1.394 euros solo en piezas y un taller de barrio lo arregla "ajustando el freno"
Hay vídeos que se vuelven virales no por una caída espectacular ni por una preparación imposible, sino por algo mucho más cotidiano: una moto que entra en un servicio oficial por un fallo serio y sale igual… o peor. En este caso publicado por el taller Bibimotos, el protagonista es una BMW con un problema muy concreto en el freno trasero: después de purgar, el pedal quedaba firme, pero al cabo de unas ocho o diez frenadas volvía la sensación de pedal esponjoso hasta quedarse prácticamente sin freno.
Lo llamativo, según se cuenta en el propio relato, es que no había pérdidas visibles: ni en la pinza, ni en la bomba, ni en el latiguillo. Y además, en ese modelo, el sistema no depende de un módulo complejo donde el líquido “pase” por el ABS como ocurre en otras motos: sería un circuito más directo, con bomba + latiguillo + pinza. Justo por eso, el dueño no entendía cómo la moto podía pasar dos meses en el concesionario sin una solución clara.
La “solución” propuesta: cambiar el sistema entero
El punto de ruptura llega cuando, tras ese tiempo, desde el servicio oficial se plantea una salida drástica: sustituir prácticamente todo el conjunto del freno trasero. En el documento que muestra el mecánico del taller independiente se enumeran elementos como bomba, latiguillo, pinza, pastillas, disco y consumibles. La cifra que se menciona para piezas ronda los 1.394 €, y el discurso del vídeo carga especialmente contra el enfoque de “cambiar por cambiar”, al que llega a llamar directamente “cambiapiezas”.
Ahí es donde estalla la polémica: no tanto por la cifra (que ya pica), sino por la sensación de que se estaba sustituyendo todo sin haber aislado la causa real del fallo.
La llegada al taller independiente y las primeras pistas
Cuando la moto entra en el otro taller, el mecánico arranca reconociendo dos cosas: que le gusta BMW y que no quiere “guerra”, pero que el caso le parece “sangrante” por lo básico del sistema y por el tiempo perdido. Y empieza por lo que él considera lógica pura: si la bomba se descartó y el circuito funciona al purgar, el enemigo suele ser una burbuja de aire o un problema de presurización/ajuste que impide purgar bien.
En el vídeo señala varios detalles que, según él, evidencian un mal procedimiento:
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Un tornillo de purga “redondeado” de tanto manipular.
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El vástago (ajuste del pedal sobre la bomba) aparentemente demasiado apretado, lo que podría dejar la bomba “pisada” y dificultar que el circuito trabaje como debe.
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Un depósito de líquido “hasta arriba”, al punto de que al mover la goma “ya quería salir”, algo especialmente problemático si se cambian pastillas: con pastillas nuevas el líquido debe estar al nivel correcto, pero si se deja el sistema con exceso, luego no hay margen y aparecen comportamientos raros.
Además, al montar pastillas nuevas, se encuentra con otra señal: no podía meter la pinza en el disco porque los pistones no retrocedían con facilidad, precisamente por esa presión y por el nivel de líquido.
La intervención: ajuste, nivelado y purga “de verdad”
La reparación que se muestra va por pasos, sin empezar cambiando piezas grandes:
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Corrección del ajuste del pedal/vástago para que la bomba quede en su posición correcta.
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Sustitución de pastillas (que, según comenta, estaban muy gastadas).
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Bajar el nivel del líquido a un punto razonable y despresurizar lo justo para poder montar la pinza.
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Purga del circuito, asumiendo que había una burbuja “tocando las narices” en algún punto.
El mecánico llega a plantear, incluso, el escenario que habría sido el golpe definitivo a la reputación del concesionario: que “a lo mejor la moto no tenía nada”, sino un mantenimiento/operativa mal ejecutada.
La prueba en carretera: 50 km y el freno no vuelve a fallar
Tras el trabajo, llega la parte que más duele a quien haya pagado dos meses de esperas: la prueba en carretera. Según el vídeo, después de rodar decenas de kilómetros, frenar en ciudad, frenar repetidamente, incluso provocar derrapes y hacer trabajar el sistema, el freno trasero seguía con tacto correcto y potencia “perfecta”.
En paralelo, el mecánico detecta otra cosa distinta (una posible vibración o holgura en la zona de suspensión), pero deja claro que la moto no estaba allí por eso.
Por qué esto ha levantado tantas críticas
El vídeo ha encendido a mucha gente por una mezcla explosiva:
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Tiempo: dos meses por un problema que, al menos en este caso, parece haberse resuelto en una mañana.
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Enfoque: proponer cambiar “todo el sistema” frente a diagnosticar el origen.
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Detalles de taller: tornillos marcados, nivel de líquido, ajustes… lo pequeño que delata lo grande.
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Confianza: si el usuario paga mano de obra premium, espera criterio, no una lista de recambios.
Y sobre todo, por la idea de fondo: que el sector vive una transición donde se forma a técnicos para sustituir componentes, pero no siempre para interpretar síntomas y razonar el fallo.
Si te pasa algo parecido: lo que conviene revisar
Sin dramatizar, un fallo de freno esponjoso que aparece tras varias frenadas merece atención seria. En casos como el descrito, suele tener sentido:
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Revisar nivel y estado del líquido de frenos (y que esté en el rango correcto para el desgaste de pastillas).
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Comprobar el ajuste del pedal/vástago (que no deje la bomba “pisada”).
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Verificar si la purga se ha hecho con técnica adecuada y sin “trucos” que enmascaren aire.
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Pedir segunda opinión si la solución inmediata es “cambiarlo todo” sin una explicación clara de por qué ese componente falla.