Se rompe un manguito de su KTM y el taller oficial no sabe cuándo llegará: "Esta marca ya no es lo que era: cara, con errores electrónicos..."
La experiencia de un propietario de una KTM Super Duke GT de 2022 ha vuelto a poner el foco sobre uno de los asuntos más sensibles para cualquier fabricante de motocicletas: el suministro de recambios y la atención posventa. En este caso, la queja llega tras varios meses con la moto inmovilizada a la espera de un simple manguito, sin fecha clara de entrega y con una sensación de abandono que el cliente no ha dudado en hacer pública.
El usuario, visiblemente molesto, asegura que no volvería a recomendar la compra de una KTM, denunciando no solo la falta de la pieza, sino también la ausencia de plazos realistas, los problemas electrónicos recurrentes y una percepción general de que la marca “ya no es lo que era”. Un malestar que, según su testimonio, se agrava al ver que KTM sigue vendiendo motos nuevas mientras clientes actuales esperan recambios esenciales.
Meses de espera por un recambio básico
El problema concreto gira en torno a un manguito, una pieza relativamente sencilla pero imprescindible para el funcionamiento de la moto. Según el propietario, la motocicleta lleva meses parada sin que nadie —ni el concesionario ni la marca— sea capaz de ofrecer una fecha estimada de suministro, algo que considera incompatible con la normativa vigente de protección al consumidor.
Más allá del caso puntual, el cliente apunta directamente a una crisis más profunda en la marca, relacionando los retrasos con los problemas financieros de KTM y con una estrategia que, a su juicio, prioriza la venta frente al cuidado del cliente ya existente.
La respuesta del concesionario: “Dependemos de la fábrica”
Ante la queja, Secomoto KTM Madrid, concesionario oficial, ha respondido públicamente matizando la situación. Desde el taller reconocen el malestar del cliente y aseguran haber realizado todas las gestiones posibles para agilizar la reparación, pero señalan un punto clave: el recambio depende exclusivamente de KTM fábrica.
El concesionario afirma no tener margen de maniobra para fabricar piezas alternativas, fijar plazos distintos ni ofrecer soluciones fuera de los canales oficiales. Una realidad que, según explican, también les perjudica como servicio técnico, ya que la falta de información por parte de la central afecta directamente a su relación con los clientes.
Un problema que va más allá de un caso aislado
Aunque KTM sigue siendo una de las marcas más prestigiosas del sector, este tipo de situaciones no son nuevas y se repiten en distintos mercados. El suministro irregular de recambios, la dependencia absoluta de la central y la falta de comunicación clara están erosionando la confianza de algunos usuarios, especialmente en modelos de gama alta como la Super Duke GT, donde las expectativas son mayores.
El conflicto deja en evidencia una realidad incómoda: los concesionarios oficiales quedan atrapados entre el cliente y la fábrica, mientras el usuario final asume las consecuencias. Y aunque la responsabilidad directa del taller sea limitada, para quien tiene la moto parada durante meses, el matiz importa poco.
La imagen de KTM, en juego
El caso no cuestiona el rendimiento dinámico de las motos KTM, tradicionalmente uno de sus puntos fuertes, sino algo igual de importante: la fiabilidad del ecosistema que rodea a la marca. En un mercado cada vez más competitivo, donde los clientes valoran tanto el producto como el respaldo posterior, la gestión de los recambios puede marcar la diferencia entre fidelidad y rechazo.
Por ahora, el propietario sigue esperando una solución. Y su experiencia, compartida públicamente, sirve como recordatorio de que una gran moto no siempre garantiza una gran experiencia como cliente.