DUCATI

Compró una Ducati con una avería de 4.000 euros y la acaba reparando con solo 150 euros

La Ducati Multistrada averiada

En el mercado de la segunda mano hay motos que asustan solo con leer el anuncio. Cuando aparece la palabra “averiada”, cuando se menciona un problema de temperatura y, sobre todo, cuando alguien apunta directamente a la culata, muchos compradores salen corriendo. Y es lógico. Pocas averías generan tanto miedo como esa, especialmente en una Ducati, donde cualquier intervención seria puede disparar la factura.

Eso fue exactamente lo que ocurrió con una unidad que, según cuenta el creador de contenido Moto Mate, se vendía con una sentencia prácticamente definitiva: el mecánico anterior aseguraba que la moto tenía un problema en la culata y que arreglarla podía irse a unos 4.000 euros. Con ese diagnóstico sobre la mesa, la Ducati quedó marcada. Su precio cayó por debajo de la mitad del valor de mercado y, para casi cualquiera, pasó a ser una compra temeraria.

Pero ahí fue donde empezó la historia de verdad.

Lejos de aceptar el diagnóstico sin más, Moto Mate decidió asumir el reto y comprarla. La lógica era clara: antes de dar por muerto un motor, había que mirar con calma. Y lo primero que hicieron fue atacar el problema desde el principio, buscando señales reales de ese supuesto fallo grave.

La primera parada fue la bujía. Si de verdad había un problema serio en la parte alta del motor, algún indicio podía aparecer ahí. Sin embargo, la sorpresa fue inmediata: todo se veía bastante bien. Nada en ese primer vistazo encajaba con una avería catastrófica de culata.

Eso llevó al siguiente paso, mucho más concluyente: una prueba de fuga en el cilindro. El procedimiento es simple en teoría, aunque muy revelador en la práctica. Se introduce presión a través del orificio de la bujía y se observa si el sistema de refrigeración reacciona, por ejemplo, con burbujas en el radiador. Si eso ocurre, la sospecha sobre la culata gana fuerza. Pero aquí no pasó. El radiador no burbujeaba. El motor, al menos por esa vía, no estaba confirmando el diagnóstico que había condenado a la moto.

Sin embargo, algo sí llamaba la atención. El radiador se comportaba de forma extraña. Una parte se calentaba y otra no, una pista que ya empezaba a alejar el problema de la culata y a acercarlo a otra zona mucho más concreta: el sistema de refrigeración.

A partir de ahí, el trabajo cambió de dirección. En lugar de abrir el motor, tocaba revisar con más profundidad lo que se había hecho antes en la moto. Ya se habían sustituido elementos como la bomba de agua y el termostato, así que la atención se centró en lo que todavía podía estar fallando: el propio radiador o la circulación interna del refrigerante.

La siguiente maniobra fue drenar el sistema y utilizar un aditivo de limpieza específico para circuitos de refrigeración. El método no tenía misterio: mezclar el producto con agua en la proporción indicada y hacer que la moto completara un ciclo de calor de unos 30 minutos. El objetivo era aflojar residuos, depósitos o sedimentos acumulados en el interior.

Cuando terminó el proceso, retiraron el líquido y desmontaron el radiador para inspeccionarlo mejor. Ahí llegó otro momento clave. Con aire comprimido, intentaron expulsar la suciedad interna acumulada. Y sí, algo salió. La limpieza parecía haber tenido efecto. Volvieron a montar el sistema y probaron otra vez.

La Ducati mejoró, pero no del todo. Ahora se enfriaba… aunque solo cuando se aceleraba. Esa reacción ya era demasiado reveladora. El coolant no estaba fluyendo como debía. El sistema podía reaccionar puntualmente, pero no trabajaba de forma correcta. El problema seguía estando ahí, y cada vez quedaba más claro que el culpable real era el radiador.

En ese momento, Moto Mate dejó de perder tiempo y tomó la decisión más directa: pedir un radiador nuevo. Y aquí es donde la historia da el giro que la convierte en un caso casi de manual. Porque la pieza nueva costó apenas 150 euros.

Nada que ver con los 4.000 euros que supuestamente exigía aquella culata condenada antes de tiempo.

Una vez llegó el nuevo radiador, solo quedaba trasladar los componentes necesarios, volver a montar todo y comprobar el resultado. Y esta vez sí: problema solucionado. La moto funcionaba correctamente y el origen de la avería no tenía nada que ver con el motor roto que alguien había diagnosticado antes.

El caso deja una lectura tan obvia como incómoda: a veces, una moto se devalúa brutalmente no por la gravedad real de su avería, sino por un mal diagnóstico. Y eso puede convertir una supuesta ruina mecánica en una oportunidad de compra para quien sabe mirar con calma.

También deja otra reflexión importante. En el mundo de la moto, la palabra culata pesa muchísimo. Basta con nombrarla para que el miedo haga el resto. Pero precisamente por eso, confirmar una avería así sin pruebas sólidas puede hundir injustamente el valor de una moto y empujar al propietario a vender por desesperación.

En este caso, la diferencia entre una moto prácticamente desahuciada y una Ducati recuperada estuvo en algo tan sencillo —y tan importante— como diagnosticar bien. Porque a veces no hace falta abrir un motor para encontrar la avería. A veces basta con no dar por bueno el primer veredicto.