HARLEY DAVIDSON

El mito se tambalea: Harley cae en ventas y entra en números rojos en 2025

HARLEY-DAVIDSON ROAD GLIDE CVO ST 121 – AÑO 2025

La sensación de que algunos iconos del motociclismo están perdiendo pie no nace solo de la nostalgia: también sale de los números. En las últimas semanas, un vídeo se ha movido por YouTube con un relato casi apocalíptico —marcas “intocables”, ventas desplomándose, deudas, traiciones— y, aunque mezcla opinión con dramatización, sí toca un nervio real: Harley-Davidson atraviesa un ciclo complicado y lo ha reconocido en sus propios resultados.

Lo importante es separar lo emocional de lo verificable. Y lo verificable es que Harley cerró 2025 con un golpe serio en demanda y resultados, y entra en 2026 en modo “reset”.

Los números son los que mandan. Las ventas minoristas globales de Harley en 2025 se situaron en torno a las 132.535 unidades, con una caída interanual relevante, y los envíos también bajaron a la zona de las 124.477 motocicletas. Eso, traducido al lenguaje de calle, significa concesionarios con menos rotación, más stock quieto y menos margen para sostener el “estilo de vida” como argumento principal.

El golpe se notó especialmente al cierre del año. En el cuarto trimestre, la compañía reflejó pérdidas y un deterioro claro del negocio. Cuando una marca vive de la mística, estos trimestres son peligrosos: no solo afectan a la cuenta de resultados, también erosionan la confianza de la red comercial y de los compradores que dudan si es buen momento para entrar.

En paralelo, el debate eléctrico sigue sobre la mesa. Harley no se convirtió en “solo eléctrica”, pero sí impulsó su vertical LiveWire como apuesta de futuro y ha invertido fuerte en ello. El problema es que, hoy, el eléctrico aún no está funcionando como salvavidas del negocio: LiveWire sigue sin ser rentable y acumula pérdidas operativas, lo que alimenta la idea de que el proyecto, por ahora, pesa más de lo que empuja.

A esa presión se sumó el movimiento más simbólico posible: el cambio de CEO. Cuando una empresa como Harley cambia el timón, el mensaje interno y externo es claro: no basta con pequeños ajustes. Hace falta un giro real. El relevo, además, llegó acompañado de una transición que mantuvo al anterior responsable en un papel de asesor durante un tiempo, lo que para parte de la comunidad se leyó como continuidad, no ruptura.

Otro frente sensible es el de la fabricación y el relato identitario. El vídeo lo plantea como “traición”, pero el punto real es este: Harley ha tenido que jugar con su estructura industrial para proteger su competitividad global en un contexto donde los aranceles y la política comercial han golpeado el negocio. Cuando una marca vende, además de motos, una idea de “orgullo” y pertenencia, cada decisión de fábrica se convierte en una cuestión cultural, no solo económica.

Y por eso esta historia no afecta solo a Harley ni solo a los moteros. Si una marca de este tamaño cae en ventas, ajusta red, cambia estrategia y entra en trimestres de pérdidas, el impacto se nota en varios niveles: empleo, proveedores, concesionarios, talleres y hasta en la vida local de zonas donde el concesionario era un punto de encuentro, no solo una tienda.

El vídeo lo cuenta como “el derrumbe de los iconos”. Los datos lo describen de forma más fría, pero igual de contundente: el mercado está cambiando, y a Harley le está costando encontrar el equilibrio entre margen, producto, nuevo cliente y transición tecnológica.