Ducati "pasa" de hacer motos calidad-precio... ellos seguirán a por el lujo y a lanzar motos premium (caras)
El mercado mundial de la motocicleta vive una transformación acelerada. El crecimiento de las motos económicas de baja cilindrada, impulsado por fabricantes asiáticos y por marcas tradicionales que buscan captar nuevos clientes, está cambiando el mapa del sector. Sin embargo, Ducati ha dejado claro que no piensa participar en esa batalla, aunque eso implique renunciar a volumen de ventas o asumir costes más altos.
La marca italiana ha reafirmado su estrategia: no fabricará motos pequeñas ni de bajo coste, pese al auge de este segmento y al éxito comercial que están logrando modelos accesibles de firmas como Honda, Triumph o fabricantes chinos.
Una estrategia basada en identidad, no en volumen
Desde la compañía defienden que su posicionamiento histórico gira en torno a tres pilares: estilo, sofisticación y rendimiento. Bajo ese planteamiento, desarrollar una moto económica supondría, según su visión, romper el ADN de la marca.
Fuentes de la compañía han explicado que esta decisión no es nueva ni responde a una tendencia reciente del mercado. Se trata de una línea estratégica que Ducati mantiene desde hace años, incluso en momentos en los que la presión competitiva para entrar en segmentos más accesibles ha sido especialmente fuerte.
Mientras el mercado celebra el éxito de motos de iniciación, especialmente en Europa y Asia, la firma de Borgo Panigale mantiene su enfoque en productos de carácter más premium, aunque eso limite su alcance comercial frente a fabricantes con estrategias más masivas.
Captar nuevos motoristas sin bajar el nivel de producto
Eso no significa que Ducati ignore a los clientes jóvenes o a los nuevos motoristas. La estrategia pasa por atraerlos con modelos de menor cilindrada dentro de su filosofía deportiva y tecnológica, como la 698 Mono o la familia Scrambler, manteniendo un posicionamiento aspiracional.
Además, la marca ha reforzado su presencia en disciplinas como el motocross, buscando conectar con nuevas generaciones sin tener que entrar en el terreno de las motos de bajo precio.
El “Made in Italy” como línea roja
Uno de los factores clave en esta estrategia es la defensa del concepto “Made in Italy”. Para Ducati, producir motos pequeñas de forma competitiva implicaría fabricar fuera de Italia, algo que la compañía considera incompatible con su identidad.
Actualmente, las motos destinadas a Europa se ensamblan en Borgo Panigale, mientras que la planta de Tailandia se utiliza principalmente para abastecer mercados de Asia-Pacífico. Según la compañía, esta fábrica no busca abaratar costes, sino evitar cargas fiscales que harían inviable vender en esa región.
Este planteamiento implica aceptar que sus productos tendrán precios más altos frente a motos fabricadas en países con menores costes de producción.
Renunciar a la guerra de precios para proteger la marca
Ducati también ha dejado claro que no compite por volumen. La marca asume que su tamaño industrial es limitado frente a gigantes del sector y que su objetivo no es vender el mayor número posible de motos, sino mantener su posicionamiento.
La capacidad productiva de la fábrica italiana apenas supera el nivel actual de producción, lo que refuerza la idea de que Ducati prioriza exclusividad, margen y posicionamiento frente a expansión masiva.
Un movimiento arriesgado en un mercado que cambia rápido
La decisión llega en un momento en el que el mercado de motos accesibles vive uno de sus mayores crecimientos de los últimos años. La llegada de fabricantes chinos, el empuje de la industria india y la apuesta de marcas tradicionales por gamas económicas están ampliando el mercado de entrada a la moto.
Aun así, Ducati parece apostar por diferenciarse todavía más en lugar de competir directamente. La compañía confía en que su imagen de marca, su tecnología y su herencia deportiva sigan siendo suficientes para justificar su posicionamiento premium incluso en un entorno cada vez más competitivo.
El resultado es una postura clara: Ducati prefiere mantener su identidad y asumir mayores costes antes que entrar en una guerra de precios que podría diluir su imagen histórica dentro del mundo de la motocicleta.